Difference between revisions of "Viernes 7 de diciembre La importancia estratégica del internacionalismo y el papel de una organización internacional"

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EL PAPEL Y LAS TAREAS DE CONSTRUCCIÓN DE LA CUARTA INTERNATIONAL
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Índice
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1. Introducción
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2. Una reorientación en los años noventa
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3. En 2003 reafirmamos:
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4. En 2010 se desplazó nuestro acento. De subrayar las posibles relaciones con organizaciones de izquierda ya existentes pasamos a privilegiar la reconstrucción de la izquierda:
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5. Diferentes caminos hacia el mismo objetivo, rupturas y bifurcaciones
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6. El balance de nuestras experiencias de principios de los noventa
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7. Lecciones de los balances
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8. La importancia de la Cuarta Internacional
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9. ¿Hacia una nueva Internacional?
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1. Introducción
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Nuestra tarea de hoy es construir partidos que sean útiles en la lucha de clases. Esto es, partidos que pueden reunir fuerzas suficientes y decidir sobre acciones que tengan un impacto y puedan hacer avanzar la lucha de clases, sobre la base de un enfoque y un programa de lucha de clases. El objetivo último de tal partido es, obviamente, desembarazarse del sistema (capitalista) existente, cualesquiera que sean los términos generales en que se exprese. Esta perspectiva compromete a las fuerzas de la Cuarta Internacional a constituirse en una parte integral y leal para construir y dirigir estos nuevos partidos, no simplemente con el objetivo de reclutar o esperar para denunciar eventuales traiciones. Nuestro objetivo estratégico es la construcción de partidos revolucionarios de masas y de una Internacional revolucionaria de masas.
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Nuestra orientación se deriva del análisis de la situación mundial que se discute en los otros dos informes desarrollados en la perspectiva del Congreso Mundial, los cuales señalan por un lado el caos geopolítico y por otro los procesos desiguales y contradictorios de radicalización frente a una crisis de conciencia de clase.  La idea central es que no podemos generalizar un modelo para lo que la Cuarta tiene que hacer, aunque es obvio que algunas experiencias aparentemente más exitosas serían imitadas. Tenemos que estar acostumbrados a una situación en la que las experiencias concretas sean variadas y tal vez vayan en una dirección diferente. Uno de los problemas que hemos tenido es la tendencia involuntaria a considerar sólo lo que está sucediendo en algunos países claves (Francia hace algunos años, etc.), y no internacionalizar lo suficiente nuestra manera de pensar. La discusión sobre diferentes experiencias en las últimas reuniones del Comité Internacional  ha sido buena para pluralizar más nuestra perspectiva, y este es el enfoque de la presente resolución sobre papel y tareas.
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2. Una reorientación en los años noventa En el Congreso mundial de 1995 decidimos, en la nueva situación creada por la caída del muro de Berlín y el colapso del bloque soviético – reconfigurar las delimitaciones entre las organizaciones fue necesario para construir una lucha de clases radical– fue posible construir partidos de lucha de clases radicales involucrando a fuerzas más amplias, que podrían tener un impacto más positivo y mayor peso en la lucha de clases.    La resolución “Construyendo la Internacional Hoy”, exponía un acercamiento a la construcción de partidos centrado en la edificación y fortalecimiento de las organizaciones de la Internacional, a nivel nacional a través de la congregación de fuerzas más amplias que las que serían ganadas en el programa histórico de la Cuarta.
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El documento describió el contexto de la siguiente manera: 
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“El proyecto de una sociedad socialista que represente una alternativa al capitalismo y a las experiencias desastrosas del “‘socialismo”  burocrático, carece de credibilidad: está gravemente hipotecado por el balance del estalinismo, de la socialdemocracia y del nacionalismo populista en el “tercer mundo”, así como por las limitaciones de quienes se adhieren a ese proyecto hoy.
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“En un gran numero número de países dominados, importantes fuerzas de vanguardia ahora se muestran escépticas sobre las posibilidades de éxito de una ruptura revolucionaria con el imperialismo y sobre la posibilidad de tomar el poder y mantenerlo en el marco de la nueva correlación de fuerzas… ”“el internacionalismo revolucionario aparece como una utopía”. (Capítulo 1)
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Cabe señalar que los informes para el Congreso Mundial no indican ninguna mejora cualitativa ni en la relación de fuerzas ni en el nivel de conciencia de clase política.
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Esto no quiere decir que la situación haya permanecido igual desde 1995, ha habido movimientos importantes que han dejado su huella en la conciencia política (entre otros, los zapatistas, el movimiento Justicia Global, la revolución bolivariana, el movimiento Ocupy, el proceso revolucionario árabe, así como algunas huelgas masivas en el lugar de trabajo y movilizaciones feministas). Sin embargo, no han sido suficientes para revertir los ataques incesantes a la clase trabajadora, por lo tanto, no han cambiado el equilibrio general de fuerzas. No ha surgido ninguna corriente política de izquierda fuerte que haya reestructurado el juego, por consiguiente la construcción de nuevos partidos sigue siendo una perspectiva viable.
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Ambos terrenos para tal construcción de partidos fueron explicados del modo siguiente:
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"El desfondamiento del sistema estalinista tiene como consecuencia positiva haber sacudido fuertemente los prejuicios sectarios sobre nosotros, entre las filas de las vanguardias obreras, sindicales y políticas. Igualmente, el triunfalismo del capital ha tenido por efecto incitar a la unificación de todos los anticapitalistas, conscientes de su debilidad. Estamos en mejor posición ahora para tejer relaciones de solidaridad militante y de unidad de las luchas, con las fuerzas que anteriormente rechazaban incluso la idea de entablar un diálogo con nosotros.”. (Capitulo 2) ... “Deseamos recibir en nuestras filas organizaciones marxistas revolucionarias que no necesariamente se reivindiquen del ‘trotskismo’, ni se reconozcan en nuestra historia, sino que se nos unan en base a una convergencia programática real” (Capitulo 3)
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“Deberemos también integrar nuevos temas a la reflexión política de las jóvenes generaciones militantes que, de ahora en adelante, actuarán en un marco "postestalinista", en el que las nuevas preocupaciones ideológicas y experiencias deben ser combinadas con las lecciones tradicionales, una vez más confirmadas por el capitalismo en crisis. Tomar en cuenta estos nuevos sujetos no es solo un problema de ‘pedagogía’ hacia la juventud combatiente, sino, más fundamentalmente, de nuestra capacidad de elaboración teórica, actualización programática y asimilación de las nuevas experiencias políticas, las formas y los ejes de lucha originales, de las metamorfosis socioeconómicos, etc.”. (Capitulo 3)
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El documento esbozó diferentes métodos para avanzar hacia este objetivo de fortalecer nuestras organizaciones:
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A) El Frente único en las luchas concretas y en los movimientos de masas.
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B) La unidad con las otras organizaciones revolucionarias. C) Reagrupamiento más amplio con otras fuerzas de izquierda.  Ya en 1991, la resolución sobre América Latina planteó: “Es obviamente imposible dar una sola orientación para todas nuestras secciones. No hay un modelo y una línea única de construcción válidos para todos los momentos y lugares. La revolución nicaragüense y la constitución del PT brasileño movieron a tentativas por repetir sus experiencias. Buscamos construir grandes partidos revolucionarios de masas. Pero hay un sinnúmero de variantes para llegar a ello” (cursivas nuestras).
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Enumeró las distintas opciones escogidas por nuestras organizaciones de aquel tiempo:
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• El surgimiento de un partido obrero de masas como el PT posibilitó el desarrollo en su interior de una corriente marxista revolucionaria que trabaja de la manera más leal posible para construirla. ...
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• El desarrollado de un partido revolucionario independiente con influencia de masas ha sido básicamente el caso del PRT mexicano. Antes del surgimiento del neo-cardenismo, se estuvo cerca de lograr la convergencia del grueso de la izquierda revolucionaria en torno del PRT ...
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• La incorporación a proyectos revolucionarias en formación o ya establecidos. Éste ha sido el camino seguido por nuestra sección colombiana. La integración de nuestras camaradas en ¡A luchar! se dio a partir de una serie de acuerdos políticos, que giraron básicamente en torno de la situación colombiana. ...
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• La participación en un frente político revolucionario, manteniendo una existencia independiente. A este nivel, la experiencia de nuestros compañeros uruguayos en la conformación del MPP tiene una gran trascendencia. En él convergen diversas corrientes -el MLN-Tupamaros, el PVP, el MRO y nuestros camaradas del PST junto con un sector de independientes- .
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3. En 2003 reafirmamos:
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“1) Nuestro objetivo es construir partidos proletarios que
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- sean anticapitalistas, internacionalistas, ecologistas y feministas
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- sean amplios, pluralistas y representativos
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- que estén profundamente vinculados a la cuestión social y defiendan consistentemente las reivindicaciones inmediatas y las aspiraciones del mundo del trabajo,
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- expresen la combatividad de los trabajadores/as, la voluntad de emancipación de las mujeres, la revuelta de la juventud, la solidaridad internacional, y asuman la lucha contra todas las injusticias,
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- fundamenten su estrategia en el combate extraparlamentario y la autoactividad y autoorganización del proletariado y de l@s oprimid@s y
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- asuman una clara posición a favor de la expropiación del capital y por el socialismo (democrático y autogestionario).
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En el caso de América Latina, nuestro objetivo es construir partidos y/o reagrupamientos anticapitalistas amplios, pluralistas y con una real implantación en el proletariado y los movimientos sociales que articulen la resistencia anti-neoliberal en el marco de la lucha contra la mundialización capitalista. Como corriente marxista revolucionaria, estamos por la construcción del “núcleo duro” de la izquierda. Esta perspectiva no se puede construir suplantando el pensamiento estratégico, la acción radical, y las iniciativas audaces, por una actitud sectaria de “autoafirmación” y  conservadora de “nuestra identidad”.
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(2) “La lucha por tales partidos pasará por etapas, tácticas y formas organizativas que serán específicas en cada país. Semejante recomposición anticapitalista persigue de entrada un objetivo clave: promover una efectiva y visible polarización entre ella y todas las fuerzas adictas al neoliberalismo social (socialdemocracia, post-estalinismo, ecologistas, populistas) a fin de acelerar su crisis y darle una salida positiva.
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Esto requiere:
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- La presencia de fuerzas políticas significativas donde las corrientes marxistas revolucionarias colaboren con corrientes o representantes importantes o emblemáticos que rompen con los partidos reformistas sin alcanzar por ello posiciones marxistas revolucionarias.
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- Una relación respetuosa pero estrecha con el movimiento social, cuya recomposición alterne las demandas y la acción.
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- Una representatividad reconocida en la sociedad que rompa el monopolio de los partidos social-liberales, gracias a una presencia en las asambleas elegidas mediante el sufragio universal, a nivel local, regional e internacional (Europa).
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- Un funcionamiento pluralista que, más allá de la simple democracia interna, favorezca al mismo tiempo la convergencia y el debate y que posibilite el mantenimiento y el funcionamiento de una corriente marxista como parte de un todo más amplio.
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4. En 2010 se desplazó nuestro acento. De subrayar las posibles relaciones con organizaciones de izquierda ya existentes pasamos a privilegiar la reconstrucción de la izquierda:
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4. Queremos involucrarnos en la reorganización para crear una nueva izquierda que sea capaz de enfrentar el desafío de este siglo y de reconstruir el movimiento de los trabajadores y las trabajadoras, sus estructuras, su conciencia de clase, su independencia de las burguesías a nivel político y cultural. (El destacado es nuestro)
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• Una izquierda anticapitalista, internacionalista, ecologista y feminista; • Una izquierda que es una clara alternativa a la socialdemocracia y sus gobiernos; • Una izquierda que lucha por el socialismo del siglo XXI, autogestionario y democrático y que tiene un programa coherente para alcanzarlo; • Una izquierda que sea consciente de que para alcanzar este objetivo tiene que romper con el capitalismo y su lógica y de que por tanto no puede gobernar con las representaciones políticas de aquello con lo cual desea romper; • Una izquierda pluralista arraigada en los movimientos sociales y los centros de trabajo que integra la combatividad de trabajadores, las luchas por la liberación y la emancipación de las mujeres y LGBT y las luchas ecológicas; • Una izquierda no institucional que basa su estrategia en la auto-organización del proletariado y l@s oprimidos bajo el principio de que la emancipación de los trabajadores es tarea de los trabajadores mismos; • Una izquierda que impulse todas aquellas formas de auto-organización por parte de los trabajadores y las clases populares que favorezcan y estimulen a pensar, a decidir y a hacer por su propia cuenta y su propia decisión • Una izquierda que integra nuevos movimientos sociales, nuevos temas como los expresados en el Foro social mundial de Belem, y, sobre todo, las nuevas generaciones puesto que no se puede construir lo nuevo con mimbres viejos.  • Una izquierda internacionalista y anti-imperialista que lucha contra la dominación y la guerra, y la autodeterminación de los pueblos, y que construye el marco para una Internacional democrática de masas; • Una izquierda capaz de vincular la herencia preciosa del marxismo crítico y revolucionario con las aportaciones del feminismo, el eco-socialismo y los movimientos indígenas de América Latina; • Una izquierda independiente y de luchas de clases que lucha por la más amplia acción unida contra la crisis y por los derechos, logros y aspiraciones de los trabajadores y las trabajadoras y de todos los oprimidos.
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Estos son los criterios y el contenido genérico que nos damos para construir nuevos instrumentos políticos anticapitalistas útiles para combatir el actual sistema.
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5. Diferentes caminos hacia el mismo objetivo, rupturas y bifurcaciones  Como hemos reiterado en estas resoluciones, la decisión sobre qué instrumento político encaja en la definición en cualquier país concreto, en cualquier momento, tiene que ser basada sobre el entendimiento fundamental de la situación -las dinámicas y las fuerzas existentes. Ninguna receta de afuera, con cualquier etiqueta puede reemplazar la comprensión de la situación concreta.
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Puesto que la utilidad de un instrumento político sólo puede ser determinada por dicha comprensión, el tipo de instrumento político necesario cambia conforme cambia la situación. Puede darse el caso de que la organización en cuya construcción nos hemos comprometido cambie.
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El mejor escenario es que el instrumento en que estamos involucrados para la construcción de cambios se encuentre en sintonía con las necesidades cambiantes - por lo tanto, debemos luchar para desarrollar la base política / y los programas de los partidos de los que formamos parte, para que lo hagan. En ese caso tenemos que estar preparados para romper y formar un nuevo instrumento cuando evaluemos que hemos perdido la batalla política.  Sin embargo, esto no quiere decir que la opción anterior fuera incorrecta (sabemos también que los partidos que proclamaban tener el programa completo de la Revolución bolchevique traicionaron o se convirtieron en reformistas. Tenemos que evaluar en qué punto en la historia fueron formados y si en sus primeros tiempos (un periodo más o menos largo) tuvieron un efecto positivo sobre la situación nacional. El riesgo de fracaso siempre está presente en cualquier decisión política.
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Por ende, mientras juzgamos la evolución del PT de Brasil, o Refundación en Italia, como algo que en última instancia no nos llevó a ningún sitio, esto no quiere decir que fuera incorrecto participar de estos (durante un periodo más o menos largo) o que no fueron expresiones positivas de las aspiraciones de aquellos que deseaban un cambio sistémico, tampoco quiere decir que no fueran capaces de alcanzar logros concretos.  También puede darse el caso de que rápidamente se vuelva obvio que el instrumento político es transitorio y que su razón de ser debería ser luchar para crear un nuevo partido político.  Ya que decimos que la naturaleza del instrumento político evoluciona necesariamente con la situación, sabemos que cuando la revolución esté en el horizonte vamos a necesitar un partido capaz de entender y aprovechar esa oportunidad. No obstante, sabemos que proclamar el partido revolucionario hoy, en la mayoría de los casos, no necesariamente nos permite cumplir con el requisito que tenemos de que sea útil para la lucha de clases.  Esto no quiere decir que no podemos señalar las experiencias en las cuales los partidos que abiertamente se caracterizan como revolucionarios han tenido un verdadero impacto: el Socialist Workers Party (SWP) en EE.UU. en el movimiento anti-guerra, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) de Francia, o fuera de nuestro movimiento el SWP británico con el lanzamiento de su Anti-Nazi League en los años setenta. Su impacto fue el producto de una situación política particular y solamente puede ser entendido en sus propios contextos. Más bien, su impacto fue moderado y estos partidos nunca alcanzaron un peso específico en la vida política de sus respectivos países - si exceptuamos la LCR en sus dos campañas con Besancenot en 2002 y 2007, durante la última década de su existencia.
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6. El balance de nuestras experiencias de principios de los noventa
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Casi todas las organizaciones de la Cuarta Internacional han tratado, en el modo en que pensaban que correspondía a sus respectivos países, de construir o participar en formaciones políticas amplias. Existen diferentes evaluaciones de estas experiencias, tanto en nuestras secciones nacionales como en la Internacional, pero es más útil aprender de ellas que de insistir en el resultado.
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Las primeras experiencias fueron en los años ochenta, y éstas adoptaron diferentes formas. Los camaradas en Brasil participaron en la creación y construcción del PT desde los años ochenta en adelante. Podemos recordar la formación de Solidarity en EE.UU. por el reagrupamiento de tres organizaciones de la izquierda revolucionaria en 1986, y la Alianza Roji Verde en Dinamarca en 1989 a través de un acuerdo entre el Partido Comunista y el Partido Socialista de Izquierda , y nuestra propia sección en ese país. Diez años después, en 1999, el Bloco d’Esquerda en Portugal fue creado por la sección de la Cuarta Internacional, una corriente del Partido Comunista y una organización maoísta.
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En Asia, varias organizaciones que venían de otras corrientes -en Filipinas camaradas en ruptura con el maoísmo, en Pakistán los camaradas anteriormente miembros de la Tendencia Militant, los camaradas de Sri Lanka con sus raíces en la ex-sección antes de 1964 y estando momentáneamente con el Comité para una Internacional Obrera (CWI, por sus siglas en inglés) - también han unido con nosotros durante los noventas y al principio del siglo.  Estas organizaciones en particular han tenido que confrontar situaciones de violencia extrema de varias formas. En Filipinas, a través de la auto-organización de las comunidades amenazadas y la organización armada y clandestina apoyando negociaciones con el gobierno, y en Pakistán por una campaña política abierta denunciando la violencia del Estado y los Talibanes.  Algunas de nuestras organizaciones nacionales, particularmente pero no exclusivamente en Europa, han participado en varios intentos de construir duraderas organizaciones amplias durante estas décadas. Por ejemplo, en Italia o Gran Bretaña, pero también en Sudáfrica y Puerto Rico. También los camaradas brasileños, tras la traición del PT, participando en la construcción del PSOL.  Algunos intentos de fusión por parte de las corrientes revolucionarias han fracasado más o menos rápidamente (en el Estado Español con los maoístas MC/MKE, en Alemania con los pos-estalinistas en el VSP), mientras otras como Solidarity EE.UU. o Socialist Resistance en Bretaña siguen existiendo después de más de 15 años.  Un punto central en los balances ha sido que estas iniciativas sobreviven cuando hay acuerdo sobre las tareas en la situación nacional.
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Otras experiencias también han fracasado en lograr su potencial, siendo uno de los más notables  la creación de un Nuevo Partido Anti-Capitalista (NPA) por la sección francesa en 2009, o Left Unity en Bretaña en 2014. En ambos casos un factor fue la aparición inesperada de una corriente de izquierda desde dentro la socialdemocracia (Parti de Gauche en Francia y el fenómeno Corbyn en Gran Bretaña), las cuales socavan la dinámica de estos nuevos proyectos. Sin embargo, en ninguno de los dos casos se ha demostrado que estos acontecimientos sean un nuevo instrumento político, creíble, duradero y radical, que demuestre que, a pesar de su decadencia, la socialdemocracia todavía no está muerta. (Esto no quiere decir que la crisis de la NPA fue causada por este solo factor.)
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Por otro lado, tanto la Alianza Rojo-Verde de Dinamarca y Bloque de Izquierda en Portugal siguen jugando un papel y teniendo una influencia como partidos de izquierda en sus respectivos países– como Podemos, cuyo ímpetu y base está mucho más ligado al desarrollo de movimientos espontáneos de resistencia y la radicalización que caracterizó al movimiento de los Indignados.  Por el momento, Podemos es la única fuerza política que puede ser caracterizada como producto de ese tipo de movimiento, aunque el apoyo a Sanders en EE.UU. o Corbyn en Gran Bretaña tienen elementos en común. Sin embargo, estos últimos aparentan estar en contradicción con una de las características de las nuevas radicalizaciones: el rechazo de partidos políticos en general, más bien el resultado de la desilusión con los partidos establecidos, aunque en los casos de elementos más radicales, también debido al comportamiento elitista o sectario de grupos de la izquierda radical dentro de los movimientos sociales.  No obstante, durante el último periodo, en EE.UU. y Europa, es posible notar que mientras sigue la desconfianza hacia los partidos, notamos un cambio hacia la arena político-electoral; el ejemplo de las revoluciones árabes, que fueron proyectadas hacia el derrumbe de gobiernos y regímenes, las dificultades en obtener victorias solamente a través de lucha; y debido a la profundización del desprestigio de la elite política en sí, que revela una imagen de debilidad.  Trágicamente, el proceso revolucionario árabe no produjo fuerzas políticas organizadas capaces de dar liderazgo al movimiento de masas; la excepción sería el Frente Popular en Túnez.  Nuestras experiencias en la construcción de partidos útiles para la lucha de clases han sido generalmente limitadas a la participación en partidos que lograron alguna influencia en sus países, aunque fueron partidos minoritarios (un porcentaje de votos habitualmente inferior al 10%, unos millares de miembros), en situaciones políticas en las cuales había cierta estabilidad relativa y en las que no fue posible anticipar el colapso de partidos tradicionales y donde la “cuestión de poder” no fue planteada, o sólo en términos de su relación con la socialdemocracia. Pero hay algunos casos en que hemos estado envueltos en otro tipo de situaciones que tienen otras posibilidades y que plantean otras cuestiones: situaciones de crisis política, donde se puede prever que partidos sin lazos con las clases dominantes se conviertan en una mayoría política, formen un gobierno, etc. El PT es uno, Podemos es otro, y en el caso de un grupo con el que tenemos relaciones fraternales, DEA en Syriza es otro; está Marea Socialista que estuvo en el PSUV durante varios años, aunque en este último caso fue a través de un largo proceso bajo un gobierno de izquierda en el poder.
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Consumiría mucho tiempo hacer la lista de todas las experiencias de distintos países y cierto número de contribuciones sobre balances han sido publicados, particularmente en International Viewpoint (“Building new parties of the left”  (http://www.internationalviewpoint.org/spip.php?rubrique14)  En cualquier caso, para concluir, podemos afirmar que mientras ningún modelo ha conducido a avances importantes, la incapacidad de aprovechar las oportunidades que aparecen cuando pueden materializarse avances cuantitativos o cualitativos en el agrupamiento de fuerzas útiles para la lucha de clases tendrían un efecto negativo duradero.
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7. Lecciones de los balances Las lecciones extraídas colectivamente desde estas experiencias variadas han sido codificadas en las resoluciones de los Congresos Mundiales y en las contribuciones desde el Congreso Mundial de 2010 en una serie de discusiones llevadas a cabo en las reuniones del Comité Internacional.  Han dado vueltas a la necesidad de lanzar batallas políticas en el seno de las fuerzas políticas sobre cuales estamos construyendo:  • participación en los movimientos sociales y las luchas de los oprimidos y explotados, no como una elite política interviniendo desde afuera, sino como una parte orgánica de aquellos movimientos y luchas desarrollando análisis y reivindicaciones, continuando la lucha por esas demandas hasta el final. En este proceso también aprendemos de estos movimientos para profundizar y enriquecer nuestro propio programa -como lo hemos hecho con el  feminismo, la ecología, y las cuestiones LGBTIQ;
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• La construcción de sindicatos activos, radicales y de lucha de clases, ya sea a través de actividades en sindicatos existentes o cuando sea necesario y apropiado, la construcción de nuevos sindicatos de trabajadores; En los sindicatos, actuar de forma autónoma e independiente de los empleadores, los gobiernos y los partidos, y garantizar la democracia en las estructuras y en las prácticas. Objetar los límites de la máquina burocrática y la legislación que vincula a los sindicatos con el Estado. Participar y fortalecer a los sindicatos en la medida de lo posible, hacia la democracia y la unidad, pero luchar contra el burocratismo, que se acercó demasiado a los gobiernos y a la colaboración de clases. Entender que la lucha va más allá de los sindicatos y sus estructuras.
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Crear espacios que tomen en cuenta la diversidad de la clase trabajadora, organizarse con movimientos sociales populares, informales, cooperativos, precarios, subcontratados, desempleados, sin hogar y artesanos, así como con los pueblos autóctonos y tradicionales y aquell@s que luchan contra el racismo, la LGTB fobia, el machismo y en defensa de la ecología.
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• la actitud hacia el Estado y las instituciones; hacia las elecciones como punto de apoyo para las actividades del movimiento de masas, que debe seguir siendo el centro de gravedad de nuestra actividad; el papel y la relación con el partido de los representares institucionales; que son a menudo los representantes más visibles del partido, cuyas acciones (a través de votos) se pueden ver como las de mayor efecto y por lo común son las más presionadas para ser "útiles" en el corto plazo. Es responsabilidad del partido determinar el marco político de su acción;
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• la importancia de una internacional y de la comprensión internacional de la situación política mundial que lleve a actividades en campañas internacionales y una solidaridad activa y práctica, así como participación en la CI (ver abajo);  • la necesidad de un funcionamiento transparente y democrático dentro de la democracia amplia incluyendo el derecho a tendencia, contra el pensamiento verticalista, basado en la participación de los miembros de la base en la actividad y la toma de decisiones del partido, con las estructuras organizativas necesarias para asegurar esto; la comprensión de la opresión que sigue existiendo incluso en los partidos que se oponen a la opresión de la mujeres y a las opresiones específicas, y que desarrollan estructuras, procedimientos y funcionamiento adecuados;
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• la importancia de afrontar las “nuevas” preguntas que aparecen en las luchas y revueltas de los oprimidos y explotados (en particular el feminismo, la ecología, LGBTQI, etc.);  • una lucha incesante contra todas las formas de racismo –incluyendo el que se da contra las poblaciones indígenas, el antisemitismo, la islamofobia- y a favor de la libertad de movimiento de los migrantes, sobre la base de la solidaridad y la unidad;
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• la importancia de la renovación de las organizaciones a través de una actitud dinámica y abierta hacia el reclutamiento de jóvenes en proceso de radicalización y de integrarlos dentro del partido.  A través de los sectores juveniles autónomos donde jóvenes activistas radicalizados pueden compartir sus propias experiencias, desarrollar su propio trabajo y agenda política, reunirse en torno a cuestiones relacionadas con los problemas de la juventud.
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• la necesidad de programas de formación continua, incluyendo la cuestión estratégica como el Estado o el tema del poder, y las cuestiones internacionales.
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8. La importancia de la Cuarta Internacional Un elemento esencial que se ha manifestado en el balance, empezando por la corriente DS en el PT, es la necesidad absoluta de mantener, tanto a nivel nacional como internacional, el marco de la Cuarta Internacional como un espacio para intercambiar, contrastar y debatir, no sólo nuestro comprensión de la situación política mundial, sino también de las experiencias de construcción de organizaciones políticas en la actualidad. Esto significa estar organizados como cuartistas, manteniendo la posibilidad de discusión entre camaradas que comparten este marco político -renovándolo sobre la base de las experiencias en curso- y la posibilidad de tomar decisiones políticas autónomas. En los próximos años, continuaremos discutiendo estas experiencias, sobre cómo mantener un colectivo programático y orgánico mientras trabajamos en organizaciones más amplias.
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Buscamos activamente construir organizaciones con fuerzas e individuos que no comparten la totalidad de nuestra historia, aunque sí desde la perspectiva de crear una fuerza política basada sobre sus elementos mas esenciales. Sin embargo, consideramos que nuestro marco compartido, conformado por todo el alcance de eventos históricos y políticos, en particular desde las primeras contribuciones del pensamiento y análisis marxista y hasta las experiencias y contribuciones de la actualidad, crea un espacio insustituible para la discusión fructífera, donde el peso de experiencias nacionales pueden ser contrapesadas por otras, donde el intercambio de experiencias y opiniones pueden ayudar a trazar perspectivas para nuestros camaradas en sus distintos contextos nacionales. Así, el encuentro anual de nuestros camaradas, cara-a-cara en las reuniones del Comité Internacional son indispensables.  A nivel nacional, las formas exactas de estas discusiones y las formas correspondientes de organización variarán, así como las formas de organización política amplia. Habrá tensiones entre, por un lado, la necesidad de ir más allá del marco de corrientes políticas que originalmente participaron en la construcción de nuevos partidos -implicando en sí la disolución de organizaciones existentes- y, por otro lado, nuestra convicción de que el mantenimiento del marco de la Cuarta Internacional es indispensable, debido a las razones arriba expresadas. Uno de los retos que enfrentamos es resolver esta tensión de manera apropiada en cada contexto específico.  A nivel internacional, nuestra prensa, impresa y en línea, también es un elemento en este intercambio. Esta presencia debe ser fortalecida en prioridad por el lanzamiento de un sitio internet multilingüe de la Cuarta Internacional que sea actualizada y que sirva como un archivo para nuestras resoluciones y otros textos importantes en, por lo menos, los tres idiomas funcionales de la Internacional, y en otros idiomas en que los textos estén disponibles. El sitio web en árabe Al Mounadil gestionado por los camaradas marroquíes es fundamental dado la importancia de los eventos en la región. También es absolutamente necesario que los materiales de formación del IIRE estén fácilmente accesibles para mantener nuestra historia común y nuestro contexto teórico.
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Nuestras escuelas y seminarios representan oportunidades inestimables para forma a nuestros camaradas y también para invitar a compañeros de fuerzas políticas con quienes estamos desarrollando relaciones. La participación en las escuelas juega un papel crucial, por ejemplo, en el fortalecimiento de nuestras relaciones con camaradas de Filipinas antes de que éstos se unieron. El desarrollo del IIRE en las sesiones regulares de Manila y seminarios en Islamabad son aspectos importantes en el desarrollo de una presencia real como Internacional en esa región del mundo. Continuaremos desarrollando nuestras escuelas y seminarios, tanto sobre contenido político, como organizando más seminarios sobre diferentes temas y movimientos políticos. Así podremos profundizar el debate político y fortalecer nuestra base teórica. También desarrollaremos nuestro programa de publicaciones en colaboración con las editoriales de las diferentes secciones para dar mayor visibilidad al trabajo intelectual de nuestra corriente.
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Realizamos, a pesar de nuestros modestos recursos, un trabajo de solidaridad concreta y un trabajo importante de coordinación, en gran parte por vía de nuestras escuelas (IIRE). En el periodo por venir hablaremos de las posibilidades de reactivar un trabajo de coordinación de sindicalistas de combate, por ejemplo en el sector del automóvil, de la salud, y de los grandes buques de transporte (contenedores).
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El Campamento de Jóvenes es, esencialmente para las organizaciones europeas, una oportunidad para atraer a camaradas jóvenes, simpatizantes y organizaciones amigas a una iniciativa política en la que, en torno a los elementos fundamentales del programa de la Cuarta, es posible engranarlos en discusiones sobre las actividades en las cuales éstos participan como jóvenes. Esto es una parte importante en la formación de nuevos cuadros con una comprensión internacionalista, desde las complejidades de distintas experiencias. Mientras el Campamento tiene que mantenerse como una iniciativa europea por razones prácticas (los costos, autogestión, etc.) la participación de jóvenes de otros lares, sobre todo combinado con la asistencia a la Escuela de Jóvenes o a algún seminario, representa una inversión importante para nuestro futuro. Trataremos de colectivizar los resultados políticos de estos campamentos y de compartirlos fuera del campamento. Intentaremos organizar una conferencia juvenil además de un campamento para generar un nuevo análisis político sobre la situación de la juventud y su papel en la lucha de clases.
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9. ¿Hacia una nueva Internacional? Las dificultades que se presentan en la construcción de nuevas organizaciones a nivel nacional son todavía mayores a nivel internacional. Sin embargo, el contacto internacional entre las organizaciones políticas de la izquierda radical es para nosotros una prioridad. Esto se puede realizar a través del desarrollo de nuestras relaciones bilaterales con otras organizaciones de la izquierda radical tradicional o de nuevas corrientes emergentes. A su vez participamos en foros organizados por otros, o tomamos la iniciativa de promover tales foros. Con el declive del movimiento del Foro Social, las posibilidades son menos frecuentes que durante la primera década de este siglo, pero deberíamos proponer activamente que los partidos en los cuales participamos busquen reunirse y colaborar con otras organizaciones a nivel internacional y tendríamos que tomar esa iniciativa.

Revision as of 21:21, 4 December 2018

Gus Massiah: EL MUNDO NUEVO QUE TARDE EN APARECER

SEPTIEMBRE DE 1938 – LA FUNDACIÓN DE LA CUARTA INTERNACIONAL

EL PAPEL Y LAS TAREAS DE CONSTRUCCIÓN DE LA CUARTA INTERNATIONAL Índice 1. Introducción 2. Una reorientación en los años noventa 3. En 2003 reafirmamos: 4. En 2010 se desplazó nuestro acento. De subrayar las posibles relaciones con organizaciones de izquierda ya existentes pasamos a privilegiar la reconstrucción de la izquierda: 5. Diferentes caminos hacia el mismo objetivo, rupturas y bifurcaciones 6. El balance de nuestras experiencias de principios de los noventa 7. Lecciones de los balances 8. La importancia de la Cuarta Internacional 9. ¿Hacia una nueva Internacional?

1. Introducción

Nuestra tarea de hoy es construir partidos que sean útiles en la lucha de clases. Esto es, partidos que pueden reunir fuerzas suficientes y decidir sobre acciones que tengan un impacto y puedan hacer avanzar la lucha de clases, sobre la base de un enfoque y un programa de lucha de clases. El objetivo último de tal partido es, obviamente, desembarazarse del sistema (capitalista) existente, cualesquiera que sean los términos generales en que se exprese. Esta perspectiva compromete a las fuerzas de la Cuarta Internacional a constituirse en una parte integral y leal para construir y dirigir estos nuevos partidos, no simplemente con el objetivo de reclutar o esperar para denunciar eventuales traiciones. Nuestro objetivo estratégico es la construcción de partidos revolucionarios de masas y de una Internacional revolucionaria de masas. 

Nuestra orientación se deriva del análisis de la situación mundial que se discute en los otros dos informes desarrollados en la perspectiva del Congreso Mundial, los cuales señalan por un lado el caos geopolítico y por otro los procesos desiguales y contradictorios de radicalización frente a una crisis de conciencia de clase. La idea central es que no podemos generalizar un modelo para lo que la Cuarta tiene que hacer, aunque es obvio que algunas experiencias aparentemente más exitosas serían imitadas. Tenemos que estar acostumbrados a una situación en la que las experiencias concretas sean variadas y tal vez vayan en una dirección diferente. Uno de los problemas que hemos tenido es la tendencia involuntaria a considerar sólo lo que está sucediendo en algunos países claves (Francia hace algunos años, etc.), y no internacionalizar lo suficiente nuestra manera de pensar. La discusión sobre diferentes experiencias en las últimas reuniones del Comité Internacional ha sido buena para pluralizar más nuestra perspectiva, y este es el enfoque de la presente resolución sobre papel y tareas.


2. Una reorientación en los años noventa En el Congreso mundial de 1995 decidimos, en la nueva situación creada por la caída del muro de Berlín y el colapso del bloque soviético – reconfigurar las delimitaciones entre las organizaciones fue necesario para construir una lucha de clases radical– fue posible construir partidos de lucha de clases radicales involucrando a fuerzas más amplias, que podrían tener un impacto más positivo y mayor peso en la lucha de clases. La resolución “Construyendo la Internacional Hoy”, exponía un acercamiento a la construcción de partidos centrado en la edificación y fortalecimiento de las organizaciones de la Internacional, a nivel nacional a través de la congregación de fuerzas más amplias que las que serían ganadas en el programa histórico de la Cuarta.

El documento describió el contexto de la siguiente manera:  

“El proyecto de una sociedad socialista que represente una alternativa al capitalismo y a las experiencias desastrosas del “‘socialismo” burocrático, carece de credibilidad: está gravemente hipotecado por el balance del estalinismo, de la socialdemocracia y del nacionalismo populista en el “tercer mundo”, así como por las limitaciones de quienes se adhieren a ese proyecto hoy.

“En un gran numero número de países dominados, importantes fuerzas de vanguardia ahora se muestran escépticas sobre las posibilidades de éxito de una ruptura revolucionaria con el imperialismo y sobre la posibilidad de tomar el poder y mantenerlo en el marco de la nueva correlación de fuerzas… ”“el internacionalismo revolucionario aparece como una utopía”. (Capítulo 1) Cabe señalar que los informes para el Congreso Mundial no indican ninguna mejora cualitativa ni en la relación de fuerzas ni en el nivel de conciencia de clase política. Esto no quiere decir que la situación haya permanecido igual desde 1995, ha habido movimientos importantes que han dejado su huella en la conciencia política (entre otros, los zapatistas, el movimiento Justicia Global, la revolución bolivariana, el movimiento Ocupy, el proceso revolucionario árabe, así como algunas huelgas masivas en el lugar de trabajo y movilizaciones feministas). Sin embargo, no han sido suficientes para revertir los ataques incesantes a la clase trabajadora, por lo tanto, no han cambiado el equilibrio general de fuerzas. No ha surgido ninguna corriente política de izquierda fuerte que haya reestructurado el juego, por consiguiente la construcción de nuevos partidos sigue siendo una perspectiva viable.

Ambos terrenos para tal construcción de partidos fueron explicados del modo siguiente:

"El desfondamiento del sistema estalinista tiene como consecuencia positiva haber sacudido fuertemente los prejuicios sectarios sobre nosotros, entre las filas de las vanguardias obreras, sindicales y políticas. Igualmente, el triunfalismo del capital ha tenido por efecto incitar a la unificación de todos los anticapitalistas, conscientes de su debilidad. Estamos en mejor posición ahora para tejer relaciones de solidaridad militante y de unidad de las luchas, con las fuerzas que anteriormente rechazaban incluso la idea de entablar un diálogo con nosotros.”. (Capitulo 2) ... “Deseamos recibir en nuestras filas organizaciones marxistas revolucionarias que no necesariamente se reivindiquen del ‘trotskismo’, ni se reconozcan en nuestra historia, sino que se nos unan en base a una convergencia programática real” (Capitulo 3)

“Deberemos también integrar nuevos temas a la reflexión política de las jóvenes generaciones militantes que, de ahora en adelante, actuarán en un marco "postestalinista", en el que las nuevas preocupaciones ideológicas y experiencias deben ser combinadas con las lecciones tradicionales, una vez más confirmadas por el capitalismo en crisis. Tomar en cuenta estos nuevos sujetos no es solo un problema de ‘pedagogía’ hacia la juventud combatiente, sino, más fundamentalmente, de nuestra capacidad de elaboración teórica, actualización programática y asimilación de las nuevas experiencias políticas, las formas y los ejes de lucha originales, de las metamorfosis socioeconómicos, etc.”. (Capitulo 3)

El documento esbozó diferentes métodos para avanzar hacia este objetivo de fortalecer nuestras organizaciones: A) El Frente único en las luchas concretas y en los movimientos de masas. B) La unidad con las otras organizaciones revolucionarias. C) Reagrupamiento más amplio con otras fuerzas de izquierda. Ya en 1991, la resolución sobre América Latina planteó: “Es obviamente imposible dar una sola orientación para todas nuestras secciones. No hay un modelo y una línea única de construcción válidos para todos los momentos y lugares. La revolución nicaragüense y la constitución del PT brasileño movieron a tentativas por repetir sus experiencias. Buscamos construir grandes partidos revolucionarios de masas. Pero hay un sinnúmero de variantes para llegar a ello” (cursivas nuestras).

Enumeró las distintas opciones escogidas por nuestras organizaciones de aquel tiempo: 

• El surgimiento de un partido obrero de masas como el PT posibilitó el desarrollo en su interior de una corriente marxista revolucionaria que trabaja de la manera más leal posible para construirla. ...

• El desarrollado de un partido revolucionario independiente con influencia de masas ha sido básicamente el caso del PRT mexicano. Antes del surgimiento del neo-cardenismo, se estuvo cerca de lograr la convergencia del grueso de la izquierda revolucionaria en torno del PRT ...

• La incorporación a proyectos revolucionarias en formación o ya establecidos. Éste ha sido el camino seguido por nuestra sección colombiana. La integración de nuestras camaradas en ¡A luchar! se dio a partir de una serie de acuerdos políticos, que giraron básicamente en torno de la situación colombiana. ...

• La participación en un frente político revolucionario, manteniendo una existencia independiente. A este nivel, la experiencia de nuestros compañeros uruguayos en la conformación del MPP tiene una gran trascendencia. En él convergen diversas corrientes -el MLN-Tupamaros, el PVP, el MRO y nuestros camaradas del PST junto con un sector de independientes- .

3. En 2003 reafirmamos: 

“1) Nuestro objetivo es construir partidos proletarios que - sean anticapitalistas, internacionalistas, ecologistas y feministas - sean amplios, pluralistas y representativos - que estén profundamente vinculados a la cuestión social y defiendan consistentemente las reivindicaciones inmediatas y las aspiraciones del mundo del trabajo, - expresen la combatividad de los trabajadores/as, la voluntad de emancipación de las mujeres, la revuelta de la juventud, la solidaridad internacional, y asuman la lucha contra todas las injusticias, - fundamenten su estrategia en el combate extraparlamentario y la autoactividad y autoorganización del proletariado y de l@s oprimid@s y - asuman una clara posición a favor de la expropiación del capital y por el socialismo (democrático y autogestionario). En el caso de América Latina, nuestro objetivo es construir partidos y/o reagrupamientos anticapitalistas amplios, pluralistas y con una real implantación en el proletariado y los movimientos sociales que articulen la resistencia anti-neoliberal en el marco de la lucha contra la mundialización capitalista. Como corriente marxista revolucionaria, estamos por la construcción del “núcleo duro” de la izquierda. Esta perspectiva no se puede construir suplantando el pensamiento estratégico, la acción radical, y las iniciativas audaces, por una actitud sectaria de “autoafirmación” y conservadora de “nuestra identidad”. (2) “La lucha por tales partidos pasará por etapas, tácticas y formas organizativas que serán específicas en cada país. Semejante recomposición anticapitalista persigue de entrada un objetivo clave: promover una efectiva y visible polarización entre ella y todas las fuerzas adictas al neoliberalismo social (socialdemocracia, post-estalinismo, ecologistas, populistas) a fin de acelerar su crisis y darle una salida positiva. Esto requiere: - La presencia de fuerzas políticas significativas donde las corrientes marxistas revolucionarias colaboren con corrientes o representantes importantes o emblemáticos que rompen con los partidos reformistas sin alcanzar por ello posiciones marxistas revolucionarias. - Una relación respetuosa pero estrecha con el movimiento social, cuya recomposición alterne las demandas y la acción. - Una representatividad reconocida en la sociedad que rompa el monopolio de los partidos social-liberales, gracias a una presencia en las asambleas elegidas mediante el sufragio universal, a nivel local, regional e internacional (Europa). - Un funcionamiento pluralista que, más allá de la simple democracia interna, favorezca al mismo tiempo la convergencia y el debate y que posibilite el mantenimiento y el funcionamiento de una corriente marxista como parte de un todo más amplio.

4. En 2010 se desplazó nuestro acento. De subrayar las posibles relaciones con organizaciones de izquierda ya existentes pasamos a privilegiar la reconstrucción de la izquierda: 

4. Queremos involucrarnos en la reorganización para crear una nueva izquierda que sea capaz de enfrentar el desafío de este siglo y de reconstruir el movimiento de los trabajadores y las trabajadoras, sus estructuras, su conciencia de clase, su independencia de las burguesías a nivel político y cultural. (El destacado es nuestro) • Una izquierda anticapitalista, internacionalista, ecologista y feminista; • Una izquierda que es una clara alternativa a la socialdemocracia y sus gobiernos; • Una izquierda que lucha por el socialismo del siglo XXI, autogestionario y democrático y que tiene un programa coherente para alcanzarlo; • Una izquierda que sea consciente de que para alcanzar este objetivo tiene que romper con el capitalismo y su lógica y de que por tanto no puede gobernar con las representaciones políticas de aquello con lo cual desea romper; • Una izquierda pluralista arraigada en los movimientos sociales y los centros de trabajo que integra la combatividad de trabajadores, las luchas por la liberación y la emancipación de las mujeres y LGBT y las luchas ecológicas; • Una izquierda no institucional que basa su estrategia en la auto-organización del proletariado y l@s oprimidos bajo el principio de que la emancipación de los trabajadores es tarea de los trabajadores mismos; • Una izquierda que impulse todas aquellas formas de auto-organización por parte de los trabajadores y las clases populares que favorezcan y estimulen a pensar, a decidir y a hacer por su propia cuenta y su propia decisión • Una izquierda que integra nuevos movimientos sociales, nuevos temas como los expresados en el Foro social mundial de Belem, y, sobre todo, las nuevas generaciones puesto que no se puede construir lo nuevo con mimbres viejos. • Una izquierda internacionalista y anti-imperialista que lucha contra la dominación y la guerra, y la autodeterminación de los pueblos, y que construye el marco para una Internacional democrática de masas; • Una izquierda capaz de vincular la herencia preciosa del marxismo crítico y revolucionario con las aportaciones del feminismo, el eco-socialismo y los movimientos indígenas de América Latina; • Una izquierda independiente y de luchas de clases que lucha por la más amplia acción unida contra la crisis y por los derechos, logros y aspiraciones de los trabajadores y las trabajadoras y de todos los oprimidos.

Estos son los criterios y el contenido genérico que nos damos para construir nuevos instrumentos políticos anticapitalistas útiles para combatir el actual sistema. 

5. Diferentes caminos hacia el mismo objetivo, rupturas y bifurcaciones Como hemos reiterado en estas resoluciones, la decisión sobre qué instrumento político encaja en la definición en cualquier país concreto, en cualquier momento, tiene que ser basada sobre el entendimiento fundamental de la situación -las dinámicas y las fuerzas existentes. Ninguna receta de afuera, con cualquier etiqueta puede reemplazar la comprensión de la situación concreta.

Puesto que la utilidad de un instrumento político sólo puede ser determinada por dicha comprensión, el tipo de instrumento político necesario cambia conforme cambia la situación. Puede darse el caso de que la organización en cuya construcción nos hemos comprometido cambie. 

El mejor escenario es que el instrumento en que estamos involucrados para la construcción de cambios se encuentre en sintonía con las necesidades cambiantes - por lo tanto, debemos luchar para desarrollar la base política / y los programas de los partidos de los que formamos parte, para que lo hagan. En ese caso tenemos que estar preparados para romper y formar un nuevo instrumento cuando evaluemos que hemos perdido la batalla política. Sin embargo, esto no quiere decir que la opción anterior fuera incorrecta (sabemos también que los partidos que proclamaban tener el programa completo de la Revolución bolchevique traicionaron o se convirtieron en reformistas. Tenemos que evaluar en qué punto en la historia fueron formados y si en sus primeros tiempos (un periodo más o menos largo) tuvieron un efecto positivo sobre la situación nacional. El riesgo de fracaso siempre está presente en cualquier decisión política.

Por ende, mientras juzgamos la evolución del PT de Brasil, o Refundación en Italia, como algo que en última instancia no nos llevó a ningún sitio, esto no quiere decir que fuera incorrecto participar de estos (durante un periodo más o menos largo) o que no fueron expresiones positivas de las aspiraciones de aquellos que deseaban un cambio sistémico, tampoco quiere decir que no fueran capaces de alcanzar logros concretos.   También puede darse el caso de que rápidamente se vuelva obvio que el instrumento político es transitorio y que su razón de ser debería ser luchar para crear un nuevo partido político.   Ya que decimos que la naturaleza del instrumento político evoluciona necesariamente con la situación, sabemos que cuando la revolución esté en el horizonte vamos a necesitar un partido capaz de entender y aprovechar esa oportunidad. No obstante, sabemos que proclamar el partido revolucionario hoy, en la mayoría de los casos, no necesariamente nos permite cumplir con el requisito que tenemos de que sea útil para la lucha de clases.  Esto no quiere decir que no podemos señalar las experiencias en las cuales los partidos que abiertamente se caracterizan como revolucionarios han tenido un verdadero impacto: el Socialist Workers Party (SWP) en EE.UU. en el movimiento anti-guerra, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) de Francia, o fuera de nuestro movimiento el SWP británico con el lanzamiento de su Anti-Nazi League en los años setenta. Su impacto fue el producto de una situación política particular y solamente puede ser entendido en sus propios contextos. Más bien, su impacto fue moderado y estos partidos nunca alcanzaron un peso específico en la vida política de sus respectivos países - si exceptuamos la LCR en sus dos campañas con Besancenot en 2002 y 2007, durante la última década de su existencia. 

6. El balance de nuestras experiencias de principios de los noventa Casi todas las organizaciones de la Cuarta Internacional han tratado, en el modo en que pensaban que correspondía a sus respectivos países, de construir o participar en formaciones políticas amplias. Existen diferentes evaluaciones de estas experiencias, tanto en nuestras secciones nacionales como en la Internacional, pero es más útil aprender de ellas que de insistir en el resultado.

Las primeras experiencias fueron en los años ochenta, y éstas adoptaron diferentes formas. Los camaradas en Brasil participaron en la creación y construcción del PT desde los años ochenta en adelante. Podemos recordar la formación de Solidarity en EE.UU. por el reagrupamiento de tres organizaciones de la izquierda revolucionaria en 1986, y la Alianza Roji Verde en Dinamarca en 1989 a través de un acuerdo entre el Partido Comunista y el Partido Socialista de Izquierda , y nuestra propia sección en ese país. Diez años después, en 1999, el Bloco d’Esquerda en Portugal fue creado por la sección de la Cuarta Internacional, una corriente del Partido Comunista y una organización maoísta. 
En Asia, varias organizaciones que venían de otras corrientes -en Filipinas camaradas en ruptura con el maoísmo, en Pakistán los camaradas anteriormente miembros de la Tendencia Militant, los camaradas de Sri Lanka con sus raíces en la ex-sección antes de 1964 y estando momentáneamente con el Comité para una Internacional Obrera (CWI, por sus siglas en inglés) - también han unido con nosotros durante los noventas y al principio del siglo.   Estas organizaciones en particular han tenido que confrontar situaciones de violencia extrema de varias formas. En Filipinas, a través de la auto-organización de las comunidades amenazadas y la organización armada y clandestina apoyando negociaciones con el gobierno, y en Pakistán por una campaña política abierta denunciando la violencia del Estado y los Talibanes.   Algunas de nuestras organizaciones nacionales, particularmente pero no exclusivamente en Europa, han participado en varios intentos de construir duraderas organizaciones amplias durante estas décadas. Por ejemplo, en Italia o Gran Bretaña, pero también en Sudáfrica y Puerto Rico. También los camaradas brasileños, tras la traición del PT, participando en la construcción del PSOL.   Algunos intentos de fusión por parte de las corrientes revolucionarias han fracasado más o menos rápidamente (en el Estado Español con los maoístas MC/MKE, en Alemania con los pos-estalinistas en el VSP), mientras otras como Solidarity EE.UU. o Socialist Resistance en Bretaña siguen existiendo después de más de 15 años.  Un punto central en los balances ha sido que estas iniciativas sobreviven cuando hay acuerdo sobre las tareas en la situación nacional. 

Otras experiencias también han fracasado en lograr su potencial, siendo uno de los más notables la creación de un Nuevo Partido Anti-Capitalista (NPA) por la sección francesa en 2009, o Left Unity en Bretaña en 2014. En ambos casos un factor fue la aparición inesperada de una corriente de izquierda desde dentro la socialdemocracia (Parti de Gauche en Francia y el fenómeno Corbyn en Gran Bretaña), las cuales socavan la dinámica de estos nuevos proyectos. Sin embargo, en ninguno de los dos casos se ha demostrado que estos acontecimientos sean un nuevo instrumento político, creíble, duradero y radical, que demuestre que, a pesar de su decadencia, la socialdemocracia todavía no está muerta. (Esto no quiere decir que la crisis de la NPA fue causada por este solo factor.)

Por otro lado, tanto la Alianza Rojo-Verde de Dinamarca y Bloque de Izquierda en Portugal siguen jugando un papel y teniendo una influencia como partidos de izquierda en sus respectivos países– como Podemos, cuyo ímpetu y base está mucho más ligado al desarrollo de movimientos espontáneos de resistencia y la radicalización que caracterizó al movimiento de los Indignados. Por el momento, Podemos es la única fuerza política que puede ser caracterizada como producto de ese tipo de movimiento, aunque el apoyo a Sanders en EE.UU. o Corbyn en Gran Bretaña tienen elementos en común. Sin embargo, estos últimos aparentan estar en contradicción con una de las características de las nuevas radicalizaciones: el rechazo de partidos políticos en general, más bien el resultado de la desilusión con los partidos establecidos, aunque en los casos de elementos más radicales, también debido al comportamiento elitista o sectario de grupos de la izquierda radical dentro de los movimientos sociales. No obstante, durante el último periodo, en EE.UU. y Europa, es posible notar que mientras sigue la desconfianza hacia los partidos, notamos un cambio hacia la arena político-electoral; el ejemplo de las revoluciones árabes, que fueron proyectadas hacia el derrumbe de gobiernos y regímenes, las dificultades en obtener victorias solamente a través de lucha; y debido a la profundización del desprestigio de la elite política en sí, que revela una imagen de debilidad. Trágicamente, el proceso revolucionario árabe no produjo fuerzas políticas organizadas capaces de dar liderazgo al movimiento de masas; la excepción sería el Frente Popular en Túnez. Nuestras experiencias en la construcción de partidos útiles para la lucha de clases han sido generalmente limitadas a la participación en partidos que lograron alguna influencia en sus países, aunque fueron partidos minoritarios (un porcentaje de votos habitualmente inferior al 10%, unos millares de miembros), en situaciones políticas en las cuales había cierta estabilidad relativa y en las que no fue posible anticipar el colapso de partidos tradicionales y donde la “cuestión de poder” no fue planteada, o sólo en términos de su relación con la socialdemocracia. Pero hay algunos casos en que hemos estado envueltos en otro tipo de situaciones que tienen otras posibilidades y que plantean otras cuestiones: situaciones de crisis política, donde se puede prever que partidos sin lazos con las clases dominantes se conviertan en una mayoría política, formen un gobierno, etc. El PT es uno, Podemos es otro, y en el caso de un grupo con el que tenemos relaciones fraternales, DEA en Syriza es otro; está Marea Socialista que estuvo en el PSUV durante varios años, aunque en este último caso fue a través de un largo proceso bajo un gobierno de izquierda en el poder.

Consumiría mucho tiempo hacer la lista de todas las experiencias de distintos países y cierto número de contribuciones sobre balances han sido publicados, particularmente en International Viewpoint (“Building new parties of the left”  (http://www.internationalviewpoint.org/spip.php?rubrique14)  En cualquier caso, para concluir, podemos afirmar que mientras ningún modelo ha conducido a avances importantes, la incapacidad de aprovechar las oportunidades que aparecen cuando pueden materializarse avances cuantitativos o cualitativos en el agrupamiento de fuerzas útiles para la lucha de clases tendrían un efecto negativo duradero. 

7. Lecciones de los balances Las lecciones extraídas colectivamente desde estas experiencias variadas han sido codificadas en las resoluciones de los Congresos Mundiales y en las contribuciones desde el Congreso Mundial de 2010 en una serie de discusiones llevadas a cabo en las reuniones del Comité Internacional. Han dado vueltas a la necesidad de lanzar batallas políticas en el seno de las fuerzas políticas sobre cuales estamos construyendo: • participación en los movimientos sociales y las luchas de los oprimidos y explotados, no como una elite política interviniendo desde afuera, sino como una parte orgánica de aquellos movimientos y luchas desarrollando análisis y reivindicaciones, continuando la lucha por esas demandas hasta el final. En este proceso también aprendemos de estos movimientos para profundizar y enriquecer nuestro propio programa -como lo hemos hecho con el feminismo, la ecología, y las cuestiones LGBTIQ;

• La construcción de sindicatos activos, radicales y de lucha de clases, ya sea a través de actividades en sindicatos existentes o cuando sea necesario y apropiado, la construcción de nuevos sindicatos de trabajadores; En los sindicatos, actuar de forma autónoma e independiente de los empleadores, los gobiernos y los partidos, y garantizar la democracia en las estructuras y en las prácticas. Objetar los límites de la máquina burocrática y la legislación que vincula a los sindicatos con el Estado. Participar y fortalecer a los sindicatos en la medida de lo posible, hacia la democracia y la unidad, pero luchar contra el burocratismo, que se acercó demasiado a los gobiernos y a la colaboración de clases. Entender que la lucha va más allá de los sindicatos y sus estructuras.

Crear espacios que tomen en cuenta la diversidad de la clase trabajadora, organizarse con movimientos sociales populares, informales, cooperativos, precarios, subcontratados, desempleados, sin hogar y artesanos, así como con los pueblos autóctonos y tradicionales y aquell@s que luchan contra el racismo, la LGTB fobia, el machismo y en defensa de la ecología.

• la actitud hacia el Estado y las instituciones; hacia las elecciones como punto de apoyo para las actividades del movimiento de masas, que debe seguir siendo el centro de gravedad de nuestra actividad; el papel y la relación con el partido de los representares institucionales; que son a menudo los representantes más visibles del partido, cuyas acciones (a través de votos) se pueden ver como las de mayor efecto y por lo común son las más presionadas para ser "útiles" en el corto plazo. Es responsabilidad del partido determinar el marco político de su acción;

• la importancia de una internacional y de la comprensión internacional de la situación política mundial que lleve a actividades en campañas internacionales y una solidaridad activa y práctica, así como participación en la CI (ver abajo); • la necesidad de un funcionamiento transparente y democrático dentro de la democracia amplia incluyendo el derecho a tendencia, contra el pensamiento verticalista, basado en la participación de los miembros de la base en la actividad y la toma de decisiones del partido, con las estructuras organizativas necesarias para asegurar esto; la comprensión de la opresión que sigue existiendo incluso en los partidos que se oponen a la opresión de la mujeres y a las opresiones específicas, y que desarrollan estructuras, procedimientos y funcionamiento adecuados;

• la importancia de afrontar las “nuevas” preguntas que aparecen en las luchas y revueltas de los oprimidos y explotados (en particular el feminismo, la ecología, LGBTQI, etc.);  • una lucha incesante contra todas las formas de racismo –incluyendo el que se da contra las poblaciones indígenas, el antisemitismo, la islamofobia- y a favor de la libertad de movimiento de los migrantes, sobre la base de la solidaridad y la unidad; 
• la importancia de la renovación de las organizaciones a través de una actitud dinámica y abierta hacia el reclutamiento de jóvenes en proceso de radicalización y de integrarlos dentro del partido.  A través de los sectores juveniles autónomos donde jóvenes activistas radicalizados pueden compartir sus propias experiencias, desarrollar su propio trabajo y agenda política, reunirse en torno a cuestiones relacionadas con los problemas de la juventud.
• la necesidad de programas de formación continua, incluyendo la cuestión estratégica como el Estado o el tema del poder, y las cuestiones internacionales.

8. La importancia de la Cuarta Internacional Un elemento esencial que se ha manifestado en el balance, empezando por la corriente DS en el PT, es la necesidad absoluta de mantener, tanto a nivel nacional como internacional, el marco de la Cuarta Internacional como un espacio para intercambiar, contrastar y debatir, no sólo nuestro comprensión de la situación política mundial, sino también de las experiencias de construcción de organizaciones políticas en la actualidad. Esto significa estar organizados como cuartistas, manteniendo la posibilidad de discusión entre camaradas que comparten este marco político -renovándolo sobre la base de las experiencias en curso- y la posibilidad de tomar decisiones políticas autónomas. En los próximos años, continuaremos discutiendo estas experiencias, sobre cómo mantener un colectivo programático y orgánico mientras trabajamos en organizaciones más amplias.

Buscamos activamente construir organizaciones con fuerzas e individuos que no comparten la totalidad de nuestra historia, aunque sí desde la perspectiva de crear una fuerza política basada sobre sus elementos mas esenciales. Sin embargo, consideramos que nuestro marco compartido, conformado por todo el alcance de eventos históricos y políticos, en particular desde las primeras contribuciones del pensamiento y análisis marxista y hasta las experiencias y contribuciones de la actualidad, crea un espacio insustituible para la discusión fructífera, donde el peso de experiencias nacionales pueden ser contrapesadas por otras, donde el intercambio de experiencias y opiniones pueden ayudar a trazar perspectivas para nuestros camaradas en sus distintos contextos nacionales. Así, el encuentro anual de nuestros camaradas, cara-a-cara en las reuniones del Comité Internacional son indispensables.   A nivel nacional, las formas exactas de estas discusiones y las formas correspondientes de organización variarán, así como las formas de organización política amplia. Habrá tensiones entre, por un lado, la necesidad de ir más allá del marco de corrientes políticas que originalmente participaron en la construcción de nuevos partidos -implicando en sí la disolución de organizaciones existentes- y, por otro lado, nuestra convicción de que el mantenimiento del marco de la Cuarta Internacional es indispensable, debido a las razones arriba expresadas. Uno de los retos que enfrentamos es resolver esta tensión de manera apropiada en cada contexto específico.   A nivel internacional, nuestra prensa, impresa y en línea, también es un elemento en este intercambio. Esta presencia debe ser fortalecida en prioridad por el lanzamiento de un sitio internet multilingüe de la Cuarta Internacional que sea actualizada y que sirva como un archivo para nuestras resoluciones y otros textos importantes en, por lo menos, los tres idiomas funcionales de la Internacional, y en otros idiomas en que los textos estén disponibles. El sitio web en árabe Al Mounadil gestionado por los camaradas marroquíes es fundamental dado la importancia de los eventos en la región. También es absolutamente necesario que los materiales de formación del IIRE estén fácilmente accesibles para mantener nuestra historia común y nuestro contexto teórico.
Nuestras escuelas y seminarios representan oportunidades inestimables para forma a nuestros camaradas y también para invitar a compañeros de fuerzas políticas con quienes estamos desarrollando relaciones. La participación en las escuelas juega un papel crucial, por ejemplo, en el fortalecimiento de nuestras relaciones con camaradas de Filipinas antes de que éstos se unieron. El desarrollo del IIRE en las sesiones regulares de Manila y seminarios en Islamabad son aspectos importantes en el desarrollo de una presencia real como Internacional en esa región del mundo. Continuaremos desarrollando nuestras escuelas y seminarios, tanto sobre contenido político, como organizando más seminarios sobre diferentes temas y movimientos políticos. Así podremos profundizar el debate político y fortalecer nuestra base teórica. También desarrollaremos nuestro programa de publicaciones en colaboración con las editoriales de las diferentes secciones para dar mayor visibilidad al trabajo intelectual de nuestra corriente.

Realizamos, a pesar de nuestros modestos recursos, un trabajo de solidaridad concreta y un trabajo importante de coordinación, en gran parte por vía de nuestras escuelas (IIRE). En el periodo por venir hablaremos de las posibilidades de reactivar un trabajo de coordinación de sindicalistas de combate, por ejemplo en el sector del automóvil, de la salud, y de los grandes buques de transporte (contenedores).

El Campamento de Jóvenes es, esencialmente para las organizaciones europeas, una oportunidad para atraer a camaradas jóvenes, simpatizantes y organizaciones amigas a una iniciativa política en la que, en torno a los elementos fundamentales del programa de la Cuarta, es posible engranarlos en discusiones sobre las actividades en las cuales éstos participan como jóvenes. Esto es una parte importante en la formación de nuevos cuadros con una comprensión internacionalista, desde las complejidades de distintas experiencias. Mientras el Campamento tiene que mantenerse como una iniciativa europea por razones prácticas (los costos, autogestión, etc.) la participación de jóvenes de otros lares, sobre todo combinado con la asistencia a la Escuela de Jóvenes o a algún seminario, representa una inversión importante para nuestro futuro. Trataremos de colectivizar los resultados políticos de estos campamentos y de compartirlos fuera del campamento. Intentaremos organizar una conferencia juvenil además de un campamento para generar un nuevo análisis político sobre la situación de la juventud y su papel en la lucha de clases.

9. ¿Hacia una nueva Internacional? Las dificultades que se presentan en la construcción de nuevas organizaciones a nivel nacional son todavía mayores a nivel internacional. Sin embargo, el contacto internacional entre las organizaciones políticas de la izquierda radical es para nosotros una prioridad. Esto se puede realizar a través del desarrollo de nuestras relaciones bilaterales con otras organizaciones de la izquierda radical tradicional o de nuevas corrientes emergentes. A su vez participamos en foros organizados por otros, o tomamos la iniciativa de promover tales foros. Con el declive del movimiento del Foro Social, las posibilidades son menos frecuentes que durante la primera década de este siglo, pero deberíamos proponer activamente que los partidos en los cuales participamos busquen reunirse y colaborar con otras organizaciones a nivel internacional y tendríamos que tomar esa iniciativa.