Resolución sobre Acción Positiva 1991

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“ACCIÓN AFFIRMATIVA” Y CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO ENTRE LAS MUJERES

“¿Qué está en el fondo de la actitud incorrecta de nuestras secciones nacionales? En última instancia, la subestimación de las mujeres y de sus logros. ¡Eso exactamente! Desafortunadamente aún se puede decir de muchos de nuestros camaradas: “Ráspale a un comunista y aparece un filisteo. Para estar seguro, hay que rasparle en un lugar sensible, como su mentalidad con respecto a las mujeres.” (Lenin, citado por Clara Zetkin en Recuerdos de Lenin, l9l9)

Introducción

Existen tres posibles enfoques para considerar la importancia de una real integración de las mujeres y de la lucha contra la discriminación de género a las organizaciones políticas, y específicamente dentro de nuestra organización.

Primero, desde el punto de vista de la lucha de clases, la lucha política general. La integración de las mujeres es esencial si realmente deseamos lograr la unidad de los trabajadores, del proletariado. No podemos ignorar la situación de las mujeres. Pero para construir la real unidad de todos los oprimidos, debemos abordar las diversas contradicciones que aún persisten entre los oprimidos bajo el dominio capitalista patriarcal como resultado de la opresión y la subordinación de las mujeres. Hoy existe otro elemento: el incremento en el número de mujeres que integran la fuerza laboral organizada, que representa un cambio en la composición social del proletariado con una diferenciación más aguda de la explotación con base en las diferencias de sexo. Pero éste es un motivo adicional —no el fundamental— de la necesidad de implementar una política pro-activa decidida para integrar a las mujeres en las organizaciones revolucionarias.

En segundo lugar, desde el punto de vista de las mujeres, nuestra presencia y efectiva participación en las organizaciones política es un aspecto fundamental del desarrollo de nuestra identificación como revolucionarias. Si nuestro punto de partida es la necesidad de incorporar a miembros individuales, en la práctica y en el largo plazo, esta identidad es extremadamente débil si la organización no cuenta con una gran cantidad de mujeres, ya que bajo esas circunstancias, sólo podría ser creada acorde con un discurso masculino. Es éste el motivo por el cual no estamos hablando de crear apéndices al proyecto político revolucionario que le proporcionen a las mujeres un espacio, sino de una construcción que también involucre a las mujeres, en la cual la lucha en contra de la opresión de género es más que un discurso programático, sino la transformación de la práctica cotidiana en el campo del género con el desarrollo de los elementos políticos necesarios para la transformación de la sociedad.

Desde esta perspectiva, la presencia misma de las mujeres, contemplando tanto su fuerza numérica como su peso político real, es esencial, ya que, junto con el desarrollo del movimiento de mujeres, ésta es la única garantía de que sus demandas y necesidades estén presentes con la radicalidad necesaria para un proceso revolucionario. La experiencia de las revoluciones de varios países lo demuestra muy claramente. Sin importar cuán liberado del patriarcado los camaradas varones estén, cualquier organización política o proyecto de organización social en la cual las mujeres no estén representadas sobre una base igual reproduce las formas de dominación de las mujeres y su exclusión de la vida pública.

Finalmente, desde el punto de vista del proyecto socialista integral que nosotros queremos desarrollar, no podemos hablar del socialismo sólo en términos masculinos, en los cuales las mujeres se quedarán colocadas en el mismo tipo de división social y papeles en los que mantienen una doble personalidad y son potenciales víctimas cotidianas del poder y la violencia de los varones.

También debemos responder a la situación actual del movimiento de los trabajadores y de la sociedad. Existe una presión organizada, una presión de parte de las mujeres, no sólo a favor de la integración del feminismo y las demandas de las mujeres, sino también a favor de un incremento en el número de mujeres en las organizaciones políticas y sindicales. Esto surge de la presión por parte del movimiento organizado y de los cambios objetivos que han ocurrido durante las últimas décadas en la situación social de las mujeres: en la educación, la integración al mercado laboral, la diseminación de los anticonceptivos, y algunas modificaciones en la estructura familiar.

Recientemente, la burguesía y los sectores reformistas y burocráticos de los movimientos sociales han desarrollado políticas relativamente pro-activas con respecto a las mujeres. Esta ofensiva, a menudo utilizado para crear divisiones entre los trabajadores y los oprimidos, no ha sido respondida de manera concreta por parte de las fuerzas trabajadoras y revolucionarias.

En varias regiones —en América Latina, Europa, y probablemente en otras partes del mundo— la burguesía ha respondido más flexible y rápidamente ante las presiones creadas por esta nueva situación. Ha intentado ampliar la base de su dominación a través de la adopción de algunos aspectos del discurso y aún con la cesión de algunos espacios simbólicos a las mujeres. A pesar de los límites de tales políticas, han sido más exitosas por el contraste con la debilidad de nuestra respuesta. Este es especialmente el caso cuando, como en la mayoría de los casos, nos hemos limitado a la adopción de un discurso en defensa de los derechos de las mujeres sin cambiar nuestra práctica política o incrementar la presencia efectiva de las mujeres en las esferas de poder en nuestras propias organizaciones.

Los partidos socialdemócratas han progresado al establecer cuotas para mujeres en sus listas electorales o en las instancias de dirección partidarias. Mientras es verdad en general que estas medidas no han sido acompañadas por demandas radicales por las transformaciones necesarias para poner fin a la opresión de las mujeres, también es cierto que ellos han sido más atrevidos en sus propuestas para incrementar el número de mujeres que la mayoría de los partidos revolucionarios y que nuestras propias secciones.

Intentaremos explicar brevemente las dificultades que conlleva la participación política de las mujeres y los obstáculos que de ahí se derivan.

En las organizaciones políticas, existe una dinámica general de exclusión de las mujeres. La dinámica “natural” no es la presencia o la participación de las mujeres, sino la reproducción de la dinámica social de discriminación y exclusión de las mujeres de los espacios públicos.

En primer lugar, podemos decir que la división entre lo privado y lo público continúa dentro de nuestras organizaciones políticas y nuestra misma visión política. El papel social atribuido a las mujeres, fundamentalmente dentro de la familia y en la reproducción privada, es un obstáculo para que desarrollen una participación social y política sobre una base de igualdad. Ello es también un elemento central en la construcción de nuestras propias personalidades: la manera en que percibimos las posibilidades o ausencia de posibilidades de entrar a la vida pública. La participación de las mujeres en la vida política exige un rompimiento con su educación y socialización para posibilitar que entren a un espacio que normalmente no se les asigna. Esta división, vista a nivel de un partido, implica que los camaradas varones tienen enormes dificultades en relacionarse con las mujeres como seres políticas, y reproducen al interior del partido la manera en que ellos dividen entre lo público y lo privado en el resto de sus vidas. Por este motivo, aceptamos un comportamiento esquizofrénico en el cual no hay coherencia entre la vida pública y la privada. Esta es una fuente de tensiones permanentes entre hombres y mujeres en sus relaciones dentro de una organización política.

El segundo aspecto está relacionado a la división sexual del trabajo. Es obvio que la parte más clara de esta división es la asignación permanente del trabajo doméstico, de la responsabilidad por la familiar y el hogar, a las mujeres. A pesar de que ha habido cierto progreso en algunos países, la mayoría del trabajo y responsabilidad domésticos recae sobre las mujeres. Para la mayoría de las y los activistas, esta ideología burguesa que forma las estructuras familiares se mantiene prácticamente intacta, esencialmente debido a los privilegios y ventajas que les ofrece a los hombres en sus relaciones políticas. Este aspecto de la división sexual del trabajo les priva a las mujeres no sólo del tiempo para la actividad política, sino que también absorbe la mayor parte de nuestra energía personal, política e intelectual.

Dentro de los partidos, este tipo de división es reproducida de muchas maneras. Las mujeres hacen el trabajo de poca importancia, y los hombres realizan el trabajo político. Dentro de las organizaciones políticas, reproducimos los mismos mecanismos de depreciación del trabajo de las mujeres que se encuentran en el mercado del trabajo. Es como la inversa del cuento del Rey Midas: lo que sea que toquemos las mujeres es devaluado. El mejor ejemplo podría ser el valor diferente asignado al trabajo organizativo cuando es realizado por varones o por mujeres.

El tercer punto se relaciona con la continuación del poder patriarcal establecido dentro de los partidos. Este poder patriarcal, el poder de los hombres sobre las mujeres, se manifiesta por la continuada existencia de un autoritarismo inmenso de parte de los hombres: el discurso de las mujeres es devaluado, y debe ser respaldado por un varón; en algunos campos de acción, los dirigentes utilizan su posición para obtener privilegios emocionales y sexuales de las mujeres.

Estos son algunos de los elementos que crean de manera interrelacionada esta dinámica de exclusión de las mujeres de las organizaciones políticas.

Por qué es necesario este debate en la Cuarta hoy

La mayoría de las camaradas mujeres están de acuerdo en que ellas ingresaron a los partidos revolucionarios para hacer una revolución que fuera tanto socialista como feminista. Es por ello que deseamos construir partidos que son tanto socialistas como feministas, y que hemos colocada en la orden del día esta discusión. Una combinación de factores —internos y externos, positivos y negativos— nos obligan a regresar a esta discusión:

• La Internacional no consolidó a nivel organizativo y político los logros del debate sobre la liberación de las mujeres del Congreso Mundial de l979. Ha disminuido el nivel político del debate y de la educación en las secciones, a la vez que ha habido un proceso de despolitización, sobre todo en lo referente a la liberación de las mujeres. El debate sobre medidas especiales quedó inconcluso y llegó a algunas conclusiones erróneas.

• Las secciones fueron incapaces de analizar con rapidez el carácter cambiante de la composición de la clase trabajadora y los efectos que esto tiene sobre la recomposición del movimiento obrero. Aunque fuimos capaces de declarar que durante la crisis económica actual las mujeres no serían echadas de la fuerza de trabajo, tendimos a subestimar el significado de la ofensiva ideológica de la clase dominante acerca de la familia, la reproducción, la sexualidad y el racismo. De esa manera, no estuvimos preparados para calcular su efecto sobre el movimiento obrero.

• En los Estados Unidos y en varios países de Europa Occidental, la actividad de masas del movimiento independiente de las mujeres ha decaído o ha tendido a virar hacia la derecha bajo el impacto de la crisis económica. Con mucha frecuencia, nuestras secciones han reaccionado ante estos hechos restando importancia al trabajo por la liberación de las mujeres. Además, uno de los aspectos del giro a la industria era priorizar sectores de la clase obrera cuya composición es mayoritariamente masculina. Así, disminuyó el reclutamiento de mujeres y la organización quitó importancia al trabajo de las camaradas activas en el movimiento por la liberación de las mujeres, llevando a que en muchas secciones se marginara al feminismo.

• En algunos países del Tercer Mundo ha habido un proceso de organización masivo de mujeres en relación a demandas de la lucha general. Donde empezaron a haber movilizaciones de sectores populares de mujeres, al mismo tiempo varias de nuestras secciones empezaron a hacer un trabajo más amplio, tanto sindical como de masas, en otros sectores que se estaban movilizando, entre ellos el de mujeres. Sin embargo, ello implicó una enorme presión sobre las compañeras que hacían trabajo en los grupos específicamente feministas para que lo dejaran de hacer, ya que “ahí no se movían masas”. Muchas camaradas, ante estas presiones, abandonaron el trabajo en estos sectores claramente feministas o abandonaron las secciones. De esta manera, perdimos cuadros feministas formadas; muchas veces terminamos sin una participación y sin legitimidad en los sectores con tradición feminista cuando el movimiento de mujeres empezó a acercarse a aquellos, y con un atraso fuerte en nuestro nivel de debate sobre el feminismo tanto afuera como adentro de nuestras organizaciones.

En los casos en los que, al orientarnos a los movimientos masivos de mujeres, el feminismo quedó en un segundo plano, las medidas de acción afirmativa se debilitaron, deteriorándose la situación de las militantes en el partido. Por otro lado, hay discontinuidad orgánica en nuestras organizaciones: algunas secciones han aparecido y otras desaparecido desde 1979.

• En general, las secciones no previeron estos problemas ni pensaron en cómo ayudar a las compañeras a enfrentarlos. No estábamos conscientes de qué tanto se desarrollaban las mujeres a partir de su experiencia como integrantes y dirigentes del movimiento de mujeres, de modo que tampoco tomamos medidas conscientes para enseñar dichas lecciones y habilidades a las nuevas compañeras, más aún que no tenían la posibilidad de vivir tal experiencia por sí mismas.

• Hemos visto, en Europa Occidental, el desarrollo de jóvenes mujeres como dirigentes revolucionarias en organizaciones juveniles. Esto muestra que la acción afirmativa puede ser eficaz y puede servir para cambiar al partido revolucionario mismo. Hay dos factores que explican la capacidad de las organizaciones revolucionarias juveniles para integrar mujeres en las instancias directivas. El más importante es que ese tipo de grupos están constantemente preocupados por la renovación de sus direcciones. Esto pone el acento sobre el desarrollo consciente de las direcciones y prepara el terreno para que las jóvenes consideren la posibilidad de ser dirigentes y reciban la formación necesaria.

En segundo lugar, la consciencia de la juventud ha sido influida por el feminismo; ya no requiere agarrarse tanto de las viejas costumbres. Las jóvenes insisten más en el cambio; los jóvenes están, aunque sea poco, más dispuestos a aceptarlo.

En los países del Tercer Mundo, la juventud conforma un porcentaje considerablemente mayor de la población que en los países industrializados. Mientras la gran mayoría de las jóvenes no ha sido influida directamente por el feminismo, sí ha crecido en una época de crisis económica y política que le ha presentado una situación en la que las mujeres están más presentes en la vida pública que en generaciones anteriores. Sin embargo, siguen manifestándose las más brutales formas de sujeción. Al mismo tiempo, el índice de maternidad entre niñas y adolescentes sigue siendo sumamente alto, ocasionando que su integración social y política sea más parecida a la de las adultas que a la de las jóvenes de países desarrollados. Este es uno de los motivos por los que no se han desarrollado ni un movimiento juvenil como tal ni organizaciones juveniles afines a la Cuarta Internacional. El desarrollo de las jóvenes como dirigentes revolucionarias se da generalmente en el marco de las organizaciones de adultos, lo cual implica contradicciones específicas en su participación y la necesidad de una atención particular a su desarrollo.

Además, la mayoría de la juventud tiene menos responsabilidades de las que jamás vaya a tener a lo largo de su vida. Ésto es especialmente cierto para las mujeres. Las habilidades y actitudes que aprendan durante ese periodo de cambios rápidos serán muy importantes en los años por venir. El que las mujeres ganen confianza política como dirigentes en las organizaciones juveniles puede establecer un marco de referencia para el partido.

• Muchas secciones han decidido adoptar algún tipo de plan de acción afirmativa como resultado de los debates en las secciones sobre la falta de integración y/o pérdida de miembros mujeres. Estos planes varían de acuerdo con cada situación nacional; algunos ejemplos son la invitación de las comisiones de mujeres a las reuniones de CC; la formación de fracciones de mujeres a nivel nacional; la ejecución de escuelas especiales de formación sobre la opresión de la mujer; el establecimiento de metas tendientes a incrementar la participación de mujeres en las instancias de dirección, y la realización de reuniones especiales en las que las mujeres puedan discutir y monitorear la ejecución del plan de acción afirmativa.

Los esfuerzos que se han hecho en los últimos años, en algunas secciones, por cambiar esta situación, fijando metas o cuotas porcentuales de mujeres en las direcciones (particularmente en las nacionales) han mostrado que:

  • Es posible, en la mayoría de las secciones, elevar considerablemente el número de mujeres en las instancias de dirección: existen mujeres capaces de asumir estas tareas y si antes no se les asignaban era por los obstáculos que existían;
  • en las mismas instancias a las que se incorporan más mujeres que antes como resultado de este mecanismo, en la medida en que se acompaña de una discusión, entre ellas, de los problemas que enfrentan como militantes y se mantiene el trabajo de construcción del movimiento hacia afuera, puede haber un fortalecimiento de sus condiciones para militar. Se pueden tomar más en cuenta las necesidades de entrenamiento de las mujeres; las discusiones internas sobre violencia sexista adquieren otro tono y otra correlación de fuerzas; se legitiman sus necesidades como propias de la instancia de dirección (no personales) en relación a los horarios de reunión y formas de discusión; se puede discutir con mayor ahinco y precisión nuestra política hacia el exterior con respecto a las mujeres, etc. En resumen, se crean las condiciones para establecer una correlación de fuerzas diferente entre hombres y mujeres, que sienta las bases para cambiar la situación desfavorable para las mujeres y, por lo tanto, para facilitar el desarrollo de la organización en su conjunto.

Sin embargo, es claro que aun donde las mujeres son mayoría en los órganos de dirección, no tienen el mismo poder que los hombres. Carecen, por ejemplo, de las conexiones informales o de la autoridad política de la que gozan los hombres que tienen muchos años de participación en la organización. Los hombres determinan incluso el ritmo de las reuniones y definen la orden del día. Así, hasta cuando el número de mujeres en los órganos directivos es grande, éstas sufren con frecuencia cargas excesivas de trabajo y se sienten ineficaces. Observan, además, que disfrutan de menos apoyo en la organización que los compañeros. En consecuencia, la acción positiva no ha solucionado todos los problemas; de hecho muchas veces ha ayudado a identificar problemas nuevos.

• En la mayoría de los países del Tercer Mundo en los que tenemos secciones, las militantes enfrentan problemas adicionales en su trabajo político. Hay situaciones, por ejemplo, en que los partidos prefieren que sean hombres los que se encarguen de la relación con otros partidos a causa de las tradiciones misóginas. A veces se basan en esto para justificar la exclusión de mujeres de las instancias de dirección, así como en la falta de aceptación de la mujer en las esferas públicas, o las dificultades que encuentran las mujeres para cumplir tareas políticas porque en ocasiones es peligroso o ilegal que viajen o salgan durante la noche. Donde los grupos actúan en la clandestinidad, donde la cultura limita la vida de las mujeres de manera extraordinaria o el movimiento feminista es débil o inexistente, como en muchos países del tercer mundo, las dificultades para las militantes son mayores. Las dificultades para reclutar mujeres en esos países son, asimismo, mayores.

• Frecuentemente, los problemas generales del funcionamiento de la dirección partidaria se expresan de manera más aguda entre las capas oprimidas específicamente: las mujeres, los jóvenes, trabajadores inmigrantes, los miembros de naciones y razas oprimidas, etc. Esto muestra un proceso de selección de direcciones viciado, así como una deficiente búsqueda de formas para ayudar a quienes enfrentan obstáculos sociales específicos para su desarrollo político. La discusión informal y la colaboración entre camaradas para preparar las reuniones y las decisiones son aspectos importantes del trabajo colectivo, pero forman parte de un proceso del cual las mujeres usualmente son excluidas. Las discusiones informales con las camaradas mujeres usualmente tratan asuntos que no son las discusiones políticas y las decisiones a tomar. Aún cuando se van a presentar propuestas que involucran las responsabilidades o tareas políticas de una camarada mujer, no es un reflejo automático por parte de los camaradas varones consultarla al respecto.

• Dada la escasez de recursos y de tiempo, las secciones simplemente reproducen la división sexual del trabajo de la sociedad. Los criterios de selección de la dirección padecen frecuentemente de prejuicios contra la promoción de mujeres, ya que se componen de una serie de presuposiciones basadas en un modelo “masculino” que aún no ha sido analizado. Por ejemplo, al proponer a compañeras para realizar tareas, a veces entran en la discusión las limitantes que puedan tener por ser madres. En la misma discusión, al proponer a un hombre para esa tarea, no se toma en cuenta si tiene hijos o no y si esto podría limitar sus posibilidades de llevarla acabo. Subyace aquí la aceptación tácita de que recae sobre la camarada el cuidado de los hijos, mientras que sobre el camarada no. Además es común que se pongan criterios de evaluación más rígidos para las mujeres, no solamente en términos de sus capacidades políticas sino en algunos casos inclusive de su comportamiento personal.

Estos obstáculos significan que la selección de direcciones tiende a eliminar a las mujeres de estas responsabilidades de manera creciente conforme se hace más general la instancia de dirección: hay menos mujeres en las direcciones locales que en la base; menos en las direcciones regionales que en las locales; menos en las nacionales que en las regionales, y menos en las internacionales que en las nacionales. Dado el ambiente de competencia existente a nivel de los órganos de dirección y cierta falta de confianza de las mujeres en sí mismas, las camaradas que lograron mantenerse en esos órganos terminaron frecuentemente ocupadas en tareas “secundarias” y relegándose a buscar consejos de algún hombre con más conocimientos o experiencia, o refugiándose en los aspectos técnicos de su función.

• Debates políticos orientados al incremento de la consciencia sobre la cuestión de la mujer fueron a menudo utilizados con otros fines, de modo que las mujeres se vieron forzadas a discutir sus preocupaciones dentro del estrecho marco de fracciones por falta de poder o experiencia para cambiar el clima general de la organización.

Hemos perpetuado estilos de debate que no crean un foro donde realmente podamos discutir para encontrar una salida hacia adelante, sino que involucran formas de terrorismo psicológico con el objetivo de aplastar al contrincante. Las luchas fraccionales han tenido con frecuencia el efecto de desmoralizar a las mujeres orillándolas a salirse de las direcciones o de alentarlas a adoptar normas negativas de comportamiento para “probarse” iguales a los hombres.

Tal atmósfera de intimidación es también insoportable para muchos hombres; pero, a diferencia de la mayoría de las mujeres, tratan de evadir dichos problemas ajustándose a los mecanismos de competencia y acomodándose a los modelos masculinos de dirección.

De esta manera, queda claro que un problema central es la carencia de un funcionamiento colectivo, la cual refuerza la división sexual del trabajo y las divisiones entre jóvenes y adultos, obreros e intelectuales. No siempre es posible que las mujeres confronten directamente tales formas de funcionamiento, ya que se requiere de mucha experiencia de dirección para hacerlo con éxito. De esta manera, se vuelve vital que el conjunto de la organización desarrolle el compromiso de confrontar la división sexual del trabajo dentro del partido; mas este trabajo no se debe dejar únicamente a algunos individuos o a las mujeres. Éstas, sin embargo, constituirán¬¬¬ un factor importante en la obtención de nuestra meta. Debe ser la organización con todo su peso quien actúe contra la rutina y la inercia de la división sexual del trabajo.

• Las mujeres enfrentan problemas específicos a causa de sus responsabilidades cotidianas y el condicionamiento social al que están sometidas. Hay que recordar, sin embargo, que las mujeres entran al partido revolucionario proviniendo de diversos sectores sociales y con diversos niveles educativos, a edades distintas y en diferentes momentos de la lucha, lo cual hace que tengan niveles heterogéneos de experiencia, conocimientos y con-fianza. Las mujeres no siempre manifiestan la falta de con-fianza en sí mismas a través de la timidez; muchas veces puede ocurrir lo contrario, de manera que las mujeres que estén en puestos de responsabilidad, pueden volverse defensivamente agresivas.

Independientemente de cómo hayan actuado las mujeres con sus respectivas estructuras de dirección, las estructuras actuales ejercen indirectamente una discriminación contra ellas. Si no se adoptan planes de acción afirmativa con seguimiento, este proceso continuará.

• La consciencia desigual sobre la cuestión de la mujer siempre ha constituido un problema para el movimiento marxista y ha llevado a distintas sobre las cuestiones de la mujer y de la “moral proletaria”. Cuestiones como la violencia sexual no han sido suficientemente discutidas en nuestro movimiento; pero las experiencias positivas y negativas de diversas secciones sientan las bases para que saquemos algunas conclusiones acerca de patrones de comportamiento inaceptables hacia las compañeras y las mujeres en general

Mucho de lo que aquí se dice tiene implicaciones generales para la construcción de los partidos y no es una experiencia que se limita a las mujeres. Argumentaríamos que un plan de acción positiva representa un rompimiento con concepciones espontaneístas de la construcción del partido. No puede haber una política de feminización sin un proyecto detallado de la construcción de la organización revolucionaria en su conjunto. El debate en torno a la acción positiva puede ser utilizado para fortalecer al conjunto de la organización, su aparato, la educación y el funcionamiento colectivo.

Se pueden señalar algunas conclusiones sobre este debate:

a) Las secciones deben estar alertas en espera de nuevas formas de radicalización de las mujeres y de la evolución política de los debates en el movimiento de la mujer.

b) Es necesario que las secciones enfaticen sus metas feministas y socialistas más audazmente.

c) Las mujeres en las secciones deben llevar adelante una lucha colectiva, con el apoyo del conjunto de la organización, para transformar la forma en que la división sexual del trabajo se manifiesta al interior del partido.

d) Es indispensable comprender cómo se manifiesta la división social del trabajo para construir direcciones colectivas en los partidos revolucionarios.

La única manera de lograr esto es aplicando un programa de acción afirmativa que sea vigilado. El desarrollo de una dirección colectiva no se realizará espontáneamente, sino implementando una serie de propuestas bien pensadas.

Lecciones del pasado…las mujeres y el movimiento marxista revolucionario

En 1979, se debatieron asuntos relacionados con la teoría y práctica marxista sobre la opresión de la mujer; el debate sobre los orígenes y la naturaleza de dicha opresión continúa. La nueva militancia de las secciones no ha conocido estas polémicas de manera suficiente. Reuniones educativas y sesiones específicas de la escuela de la Internacional pueden ayudar a despertar más interés en estas cuestiones. A continuación se tratan ciertos aspectos de la participación de las mujeres en los partidos revolucionarios.

El auge de la lucha de clases bajo el capitalismo a provocado un aumento de la movilización de las mujeres y una mayor participación de éstas en movimientos radicales y socialistas. Los fundadores del marxismo contribuyeron con ciertas bases a un entendimiento materialista de la opresión de las mujeres. Sin embargo, los puntos de vista marxistas respecto de la auto-organización de las mujeres han evolucionado de acuerdo con el grado de presión ejercido por la masa de mujeres, tanto dentro del partido como en la sociedad en su conjunto.

A principios de siglo, los revolucionarios se oponían comúnmente a la organización autónoma de las mujeres, replicando que las mujeres necesitaban organizarse como comunistas. Pero, para evadir las leyes represivas de Bismark, las socialistas alemanas se organizaron por separado de los hombres, con lo que se desarrolló un movimiento político exitoso. Cuando dichas leyes cambiaron, se mantuvieron ciertas formas específicas de actividad (por ejemplo, la celebración del día internacional de la mujer trabajadora y la publicación de una revista de mujeres).

Durante los debates sobre el frente único y el trabajo en los países coloniales, Lenin y Zetkin, así como otras y otros dirigentes de la Tercera Internacional, discutieron de una manera bastante más amplia. En la actualidad estamos involucradas(os) en la organización de las mujeres en torno de sus propias necesidades (económicas, sociales e ideológicas), lo que implica construir un movimiento de mujeres con una perspectiva revolucionaria. Priorizamos campañas que involucren masas de mujeres en acción y que muestren la necesidad de constituir alianzas con otros movimientos sociales, sobre todo obreros, profundizando las relaciones entre los movimientos de mujeres y los sindicatos. En países donde la mayoría de las mujeres se manifiestan en primer lugar por sector social, como en el Tercer Mundo, enfatizamos la acción de masas y la necesidad de unir a las mujeres como tales en torno a sus demandas de género. Asimismo intentamos atraer mujeres al partido revolucionario. El apoyo de los organismos de la Segunda y Tercera Internacionales fue vital para combatir el atrazo en diferentes situaciones nacionales. Se tomaron medidas especiales para organizar el trabajo de la mujer en el mundo colonial (véanse las resoluciones del tercer congreso de la COMINTERN, 1921).

Hoy estamos comprometidos con la organización de las mujeres en torno a sus propias necesidades, sean económicas, sociales, o ideológicas. Esto significa la necesidad de construir un movimeitno autónomo de mujeres sobre una base revolucionaria. Nosotros enfatizamos las campañas que involucran a masas de mujeres en acciones y proyectan la necesidad de construir alianzas con otros movimientos sociales, trabajando con especial ahinco en la profundización de los lazos entre el movimiento de muejres y los sindicatos. En aquellos países en los que la mayoría de las mujeres emprenden sus primeras acciones en su sector social, como en el tercer mundo, enfatizamos las acciones masivas y la necesidad de unir a las mujeres como tales en torno a sus demandas de género. También buscamos atraer a las mujeres al partido revolucionario.

Las mujeres individuales fueron prominentes en varios partidos revolucionarios. Se trataba principalmente de intelectuales cuyas vidas eran muy poco convencionales; los ejemplos más conocidos son los de Alexandra Kolontai y Rosa Luxemburgo. Sus biografías muestran cómo las vidas de las mujeres revolucionarias se encontraban llenas de dilemas personales. Estaban más obligadas que los hombres revolucionarios de su época a romper con la moralidad establecida y los roles de la vida familiar. Queda muy claro que un elemento fundamental para su supervivencia como militantes políticas fue la red de apoyo y amistad femenina que crearon.

El feminismo moderno ha comenzado a desenterrar información acerca del papel de las mujeres obreras en los primeros movimientos socialistas y obreros (en el socialismo utópico, el movimiento sufragista y la Socialdemocracia alemana); pero su participación estaba mucho más limitada con relación a las posibilidades que ahora tiene la mujer.

El modelo de vida cambiante de las mujeres, su ingreso continuo a la fuerza de trabajo asalariada, la influencia del feminismo, su nivel cultural y político superior y su mayor acceso al control de la fertilidad hacen que en la actualidad sea mucho más fácil que antes ganar amplios sectores de mujeres a los partidos revolucionarios y verles desarrollarse como dirigentes. Sin embargo, las etapas de la vida de las mujeres y el hecho de que aún sean las principales responsables de los niños implican que se siga esperando que escojan entre ser madres o ser militantes revolucionarias, por no mencionar que cumplan papeles de dirección en la organi-zación. Debemos hacer lo posible por disminuir el efecto de los problemas específicos que enfrentan las mujeres y, a través de la práctica, convencer a la militancia del partido de que se está hablando en serio.

Las mujeres y la Cuarta Internacional

Nuestra información sobre la historia de los inicios de la Cuarta Internacional esta limitada pero tenemos como impressión que el reflujo de los años 1950 conllevó un declive de la conciencia feminista.

Sin embargo, la publicación de artículos de la Cuarta Internacional sobre la opresión de las mujeres indica la existencia de cierto nivel de comprensión acerca de la naturaleza de dicha opresión; pero se discutió poco. Tradicionalmente, las mujeres habían sido “ayudantes” que se ocupaban de las pequeñas tareas organizativas que mantenían en marcha a las secciones de la Internacional durante los periodos difíciles. Con frecuencia tomaban empleos de tiempo completo para asumir el papel de sostén económico y así permitirle a la organización que pagara los míseros sueldos de sus maridos.

El auge de la segunda ola del feminismo tuvo un gran efecto en la Internacional. Las camaradas canadienses y las del SWP de EU se orientaron hacia el movimiento de la mujer, en parte porque el movimiento feminista y la campaña por el derecho al aborto se desarrollaron en esos países antes que en la mayoría de los demás. Las secciones lograron una composición relativamente alta de mujeres en sus filas como resultado de la participación de las camaradas en algún movimiento feminista y del reclutamiento de integrantes del movimiento. Si los partidos revolucionarios anteriores a la primera guerra mundial nunca excedieron una membresía femenina del 10 por ciento, en los años 1970, algunas secciones lograron más del 40 por ciento. A mediados de los setenta, las secciones estaban inmersas en las campañas feministas. La prensa de la Internacional hacía eco de los debates estratégicos del movimiento e informaba sobre las nuevas investigaciones acerca de la historia de la mujer. La Cuarta Internacional probó su utilidad al promover una campaña internacional sobre el derecho al aborto. Las comisiones de la mujer de Europa, Estados Unidos y México contribuyeron al análisis político e ideológico que daría lugar al documento de la mujer de 1979. La discusión referente a la acción afirmativa se concentró en Europa, Canadá, Estados Unidos y Australia, debido a que ahí ya había consenso con respecto a muchos temas básicos acerca de la opresión de la mujer, lo cual se explica por la existencia de un movimiento feminista masivo en esos países. El texto fue en especial útil para explicar el auge del movimiento de mujeres, cómo debían intervenir las revolucionarias en él y la necesidad de construirlo en los países capitalistas desarrollados. A pesar de que en su análisis del movimiento contemporáneo refleje básicamente la experiencia de los países capitalistas avanzados, dicho texto fue fundamental para educar a toda la membresía de la Cuarta Internacional sobre los principios básicos del feminismo. Sin embargo, la asimilación de los principios ahí trazados fue parcial y desigual, además de que el debate quedó incompleto.

Hoy debemos revisar algunas de las conclusiones de esta discusión. Fue dominada por una visión inapropiada e idealista de la asimilación de nuestro programa. No fuimos capaces de consolidar en términos organizativos lo que entendíamos políticamente en los debates que se hicieron en la mayoría de las secciones ya que el documento adolecía de una concepción idealista de la manera en que las actitudes sexistas y heterosexistas podían ser cuestionados. Tampoco logramos analizar cómo son reproducidas en diferentes generaciones, incluso entre los revolucionarios. Esto se aplica en el caso de todo lo relacionado a la familia y la sexualidad —no sólo la posición de las mujeres, sino todo lo que se presenta como un reto al modelo heterosexual y a los prejuicios religiosos (no el derecho individual a la religión y la fe, sino las tradiciones conservadoras con relación a las mujeres).

La otra debilidad del documento fue plantear la meta de la plena igualdad política, social, y legal de las mujeres como si pudiera ser logrado por una extensión espontánea y gradual de los derechos de los hombres. Esta idea no tomó en cuenta la dinámica de la exclusión de las mujeres de los espacios públicos y de los privilegios de los hombres.

El grado de organización de las mujeres al interior de la Cuarta Internacional fue frenado por los efectos del giro, en aquellas secciones que lo hicieron, o por el planteamiento irreflexivo o esquemático de ser “un partido útil” con influencia de masas, en otras, aunque las mujeres hayan participado en ambos procesos. Combinado con la declinación del movimiento de mujeres, llevaron a una pérdida de cuadros mujeres, especialmente de aquellas reclutadas a principios de los años 70.

Las camaradas que hicieron el giro a industrias de composición predominantemente masculina enfrentaron con frecuencia problemas de hostigamiento sexual y aislamiento con respecto a otras trabajadoras. Se despreciaron las experiencias de las que se mantuvieron en sindicatos del sector público o con ocupaciones “femeninas”. También perdieron prestigio las camaradas que habían dirigido algún movimiento masivo de mujeres, pero que ya no tenían tanto respaldo para su participación. A menos de que aprendieran a funcionar en otro medio, se les vio como menos valiosas y se les marginó.

Un error crucial fue la disolución de la comisión internacional de la mujer, sobre todo dado el pequeño número de mujeres en la dirección internacional. Entre 1979 y 1985, al mismo tiempo que se integraban nuevas secciones a la Internacional, no hubo reflexión colectiva acerca de los problemas planteados por el movimiento de la mujer en Europa Occidental o del surgimiento de nuevas oportunidades en el mundo semi-colonial, dada la auto-organización creciente de las mujeres.

Cuando nuestras camaradas señalaban en varios países la discriminación sufrida por las mujeres en la vida social y política, se encontraron en una situación difícil, ya que encontraron la misma problemática al interior de su propio partido. Si hemos de construir partidos igualitarios y revolucionarios, debemos superar esta contradicción y lograr la participación completa de la mujer en nuestro funcionamiento interno y nuestras actividades públicas.

La exigencia de informes formales en las reuniones de comités (burós) políticos europeos y latinoamericanos se logró que se presentaran informes en el CEI de 1986 sobre la situación de la mujer en Europa y América Latina y una resolución autocrítica acerca del lugar de la mujer en la Cuarta Internacional. Se aprobó un documento sobre la mujer en el CEI de 1987, durante el cual se hizo además un informe sobre el feminismo latinoamericano. En la orden del día para el CEI de 1988, se incluyó un punto sobre la mujer en el tercer mundo.

En el debate de 1986 se reanimó el principio de la acción afirmativa. Se establecieron estructuras tanto internacionales como europeas para coordinar el trabajo de la mujer. También se acordaron mecanismos para promover el análisis político y la coordinación de las secciones latinoamericanas. Sin embargo no hay continuidad entre el trabajo y la elaboración teórica de la década pasada y lo que estamos tratando de emprender ahora. El movimiento de la mujer ha cambiado dramáticamente; en la actualidad está muy vivo en países donde no existía hace diez años y viceversa. Una pregunta que debemos plantearnos es qué tipo de acción afirmativa se adecúa a la situación actual.

¿A qué nos referimos con “acción afirmativa” para las mujeres?

El objetivo de un partido revolucionario es organizar al conjunto de la clase obrera en alianza con las masas oprimidas para la toma del poder estatal y la eliminación de todas las relaciones sociales de explotación y opresión. Esto constituye la meta estratégica que fundamenta la unidad de acción de los miembros de tales partidos. La condición necesaria para empezar a alcanzar estas metas es que la clase obrera se involucre activamente en las organizaciones revolucionarias, ya que constituye la fuerza decisiva para el cambio revolucionario. Así, se debe promover la hegemonía de la clase obrera en el partido.

La comprensión de esto debe acompañarse de una apreciación del carácter cambiante del proletariado moderno. Nuevas capas sociales están pasando a formar parte del proletariado tanto en el mundo semi-colonial como en Europa occidental. Por lo regular, se trata de grupos que sufren una opresión específica, incluyendo negros, mujeres, minorías nacionales oprimidas a quienes el movimiento laboral pasa por alto a menudo. Si los partidos revolucionarios no toman en cuenta las diferencias de color, sexo, nacionalidad, casta, posición social o clase, terminarán reforzando la desigualdad dentro de sus filas, lo cual equivaldría a tratar de luchar contra la desigualdad sin liberar la energía necesaria para realizar la tarea.

La acción afirmativa para las mujeres no se contrapone a tomar medidas especiales dirigidas a otras capas que sufren algún tipo específico de opresión. De hecho, a menudo las mujeres también pertenecen a otros grupos oprimidos. Por lo tanto, muchas de las reformas que ellas desean pueden permitir a otros sectores oprimidos cumplir un papel más importante dentro del partido.

La acción afirmativa significa dar pasos efectivos; quitar los obstáculos a la participación de la mujer en la vida política del partido; reconocer la discriminación enfrentada por la mujer en la sociedad actual; tomar en cuenta las diferencias sociales entre las mujeres y reconocer la opresión que sufren en tanto que sexo. La acción afirmativa es más eficaz si se sitúa dentro de un plan global que tome en cuenta las necesidades y posibilidades de la organización, así como sus proyectos a corto y mediano plazo; requiere de una visión consciente y autocrítica de la historia de las organizaciones revolucionarias, rechazando la concepción de que estos problemas puedan “ser resueltos de manera natural”.

¿Por qué es necesaria la acción afirmativa?

En nuestros partidos muchas veces las formas de funcionamiento y debate se derivan de la división sexual del trabajo. El modo de funcionamiento, la naturaleza de la dirección y el estilo de trabajo se dan esencialmente en el terreno de lo “masculino”. El privilegio del desarrollo individual se contrapone al trabajo colectivo. Lo que prevalece es una valoración marcadamente mayor colocada en el desarrollo personal, las iniciativas personales, y la competencia, en detrimento del trabajo colectivo.

Si queremos construir un equipo colectivo de dirección capaz de incorporar las habilidades, la perspicacia y las experiencias de las cuadros mujeres, debemos encontrar maneras de superar esta división nefasta. No sólo las aptitudes son fragmentadas con base en el género, sino que las personas que han sido segregadas en la esfera de las mujeres son invisibilizadas y desvaloradas, tanto en nuestras secciones como en el mercado del trabajo.

Para desarrollar los criterios de selección de la dirección, es esencial identificar la variedad de aptitudes directivas requeridas para el crecimiento de la organización, y no sólo las típicamente “masculinas”. La verdad es que el hincapié que se hace acerca de la iniciativa individual y la competencia ha generado, con demasiada frecuencia, un campo de batalla de fuerzas contrarias, en lugar de una organización coherente en la cual los debates y las diferencias sean resueltos en un ambiente de verdadero respeto. Tanto la capacidad para teorizar de manera abstracta, como la de trabajar en equipo deben incluirse en los criterios de dirección. Esto debe integrarse en el tejido político del partido revolucionario, ser aprendido por todos, y ser renovado junto con los órganos de dirección.

Otro problema adicional se presenta con los criterios distintos que se utilizan para hacer la evaluación no sólo de cómo distribuir las tareas, sino también para la evaluación de los individuos en sí. Esto es particularmente llamativo en el caso de posiciones consideradas importantes cuando la situación de las mujeres se toma en cuenta, incluyendo si tienen hijos o no, la forma en que viven su sexualidad, u otras consideraciones que adquieren un peso diferente cuando se trata de hombres o mujeres. Vale la pena mencionar aquí que estos prejuicios también existen cuando se trata de la homosexualidad, sea ésta en hombres o mujeres.

Además, los símbolos utilizados por las organizaciones son símbolos del poder masculino. No sólo en términos del lenguaje, sino de la agresividad y todo lo que se desarrolla para representar a la política. Es muy frecuente encontrar un ambiente intimidatorio en extremo durante los debates y discusiones, no sólo en cuanto a cómo se llevan acabo, sino también por el número abrumadoramente grande de hombres que participan, lo que siempre coloca a las mujeres en una correlación de fuerzas de debilidad. Ello es aún más cierto cuando no tenemos medio alguno para combatir los mecanismos sociales de discriminación en contra de las mujeres, sea en términos de guarderías, temas relacionados con la maternidad, los horarios de las reuniones, y todos los demás aspectos que dificultan la participación política de las mujeres de acuerdo con su situación social. Sabemos muy bien que existen límites: las organizaciones políticas no pueden eliminar las diferencias sociales existentes en la sociedad, y esto es aún más difícil cuánto más pequeña sea la organización. Pero esto no puede ser una excusa para no intentar buscar formas alternativas de facilitar la participación política de las mujeres.

Podemos decir que el medio político sigue siendo enturbiado por un ambiente, un comportamiento y formas de relación que ejercen violencia cotidiana contra las mujeres. Sea en el uso del lenguaje, en una actitud condescendiente ofensiva, en manipulaciones, o en violencia psicológica, el temor se impone a través de ciertas formas de funcionamiento o debate, incluyendo la violencia física y sexual que tampoco es ausente en las organizaciones revolucionarias. Y aquí, en general, encontramos el desarrollo de un tipo de solidaridad patriarcal y sexista entre los hombres que hace aún más difícil combatir la violencia.

Otro problema es la sub-valoración del trabajo feminista. La debilidad de nuestra intervención en el movimiento impone grandes limitaciones sobre la feminización de nuestras organizaciones. La presión del movimiento es fundamental para poder cambiar la correlación de fuerzas a favor de las mujeres. Pero las debilidades o retrocesos del movimiento no pueden ser una excusa que justifique que no participemos en él, y aún menos que justifique el que no implementemos políticas de lucha efectiva en contra de la discriminación dentro de las organizaciones políticas. Nuestras organizaciones no pueden ser tan vulnerables que cambien su actitud sobre el trabajo feminista de acuerdo a lo que ocurre en el movimiento. Este tipo de cambio, sin embargo, tiene un efecto negativo en la militancia de las mujeres y su decisión de realizar o no trabajo feminista, ya que esta área del trabajo político goza de poco prestigio. Es evidente que nuestras actividades militantes son valorados sobre la base de otros elementos y no por nuestro trabajo feminista.

Además, nuestros partidos dominados por los hombres producen análisis políticos que constantemente omiten un análisis de género. Podemos producir análisis como si las mujeres no existieran; discutimos los procesos revolucionarios sin tomar en cuenta a las mujeres, hacemos análisis generales de una sociedad dada como si las mujeres no existieran. Asimismo, se sigue considerando el trabajo sobre el tema mujeres como si correspondiera sólo a las mujeres y no del partido en su conjunto, incluyendo a sus instancias de dirección. De nuevo aquí podemos ver una dinámica muy negativa de neutralizar y dividir a las mujeres, la cual mina la construcción de nuestra fuerza como militantes.

La consecuencia de esta dinámica de exclusión significa que en general, las mujeres se quedan en los márgenes del proyecto político global. Y nos sentimos marginales ya que de hecho, lo somos. No debido a algún problema psicológico específico a las mujeres, sino fundamentalmente debido a que pagamos un precio personal muy alto para intentar reafirmar diariamente nuestra identidad política revolucionaria cuando ésta no existe al interior de nuestras organizaciones. Ello lleva a una gran pérdida de cuadros mujeres, que tardan mucho más a reemplazarse. Y debilita nuestra intervención.

El reclutamiento de mujeres al partido revolucionario

La discusión incluye la imagen externa de las secciones. Queremos asegurar que sean atractivas para las mujeres y proveen el ambiente necesario para su desarrollo y formación. Esto puede lograrse si tomamos en consideración nuestra imagen pública.

• Necesitamos mostrar con claridad nuestra voluntad de ganar mujeres a nuestro proyecto. Esto implica la utilización de símbolos y héroes que incorporen las experiencias revolucionarias de la mujer, así como el ocuparse de temas de interés para las mujeres, los cuales pueden tratar de los problemas de la vida cotidiana, política y orientación sexuales, la comunidad, los sindicatos o la problemática internacional. Esto permitiría el desarrollo de las compañeras como formadoras, propagandistas, escritoras, candidatas y portavoces de las secciones; también implicaría relacionarse con mujeres dirigentes de una variedad de movimientos sociales y publicar declaraciones y entrevistas de éstas en la prensa partidaria cuando sea pertinente. Así, la presencia de la mujer en el proceso revolucionario se ratifica en todos los sentidos.

• El partido debe experimentar estructuras que puedan ayudar a atraer más a las mujeres hacia la organización. En este sentido deben considerarse una variedad de métodos como el establecimiento de talleres de lectura de mujeres, círculos de estudio diseñados específicamente para ellas (los cuales podrán ser en ocasiones mixtos y en otras no) o círculos externos de mujeres como los implementados por la sección sueca. En los países semi-coloniales, ha sido de utilidad la realización de talleres sobre la relación entre la opresión de las mujeres y los problemas de la vida cotidiana..

• Las estructuras y métodos organizativos de funcionamiento del partido deben ser revisados con el objetivo de crear una atmósfera interna de apoyo y colaboración para las mujeres. Más que nada, significa crear un ambiente político en el que no se haga a los miembros sentirse imbéciles, ni intimidados, ya sea a causa de insinuaciones u hostigamientos sexuales o de actitudes elitistas. Es indispensable desarrollar estilos de discusión no fraccionales, y un ánimo camaraderil de trabajo en equipo. Un ambiente tal reforzaría la confianza de las mujeres y permitiría el crecimiento de la organización..

• Comprendemos también que el tamaño de la organización implica problemas de distinta naturaleza dependiendo de su desarrollo. Mientras más pequeñas sean las organizaciones, más difícil será identificar los problemas que enfrentan las mujeres como problemas objetivos de carácter social. El crecimiento del partido con un número más grande de mujeres implica la necesidad de prestar especial atención a las dificultades de las mujeres. Esto es, modificar nuestros métodos educativos, de funcionamiento y lenguaje y también discutir sobre la importancia de organizar guarderías para reuniones y eventos externos del partido.

Independientemente de cuáles soluciones colectivas parezcan apropiadas, es importante recordar que madres y padres necesitan estar seguros de que su prole está siendo bien cuidada. Se debe evitar hacer guarderías (al igual que reuniones) mal preparadas
¿Qué otro tipo de medidas debe incluir un proyecto de acción afirmativa?

La implementación de una política de acción positiva significa la necesidad de una política general, no sólo medidas aisladas. Una política general para combatir la dinámica “natural” de exclusión. En este sentido, obviamente es artificial ya que “lo natural” significa la exclusión de las mujeres. Podemos agregar aquí que la primera condición es el cambio de la correlación de fuerzas. Para este fin, necesitamos no sólo implementar una integración política y programática general, sino también una política consciente para cambiar nuestro funcionamiento, para asegurar una política fundamental de integración de las mujeres en la dirección y las tareas de dirección. Hace mucho tiempo que nosotros, las mujeres y los hombres en los partidos políticos, hemos tenido la conciencia de que los cambios reales no ocurren si no hay cambios en las direcciones.

Además, para el fortalecimiento de las mujeres es fundamental organizar internamente en todas las formas necesarias para lograrlo: en términos numéricos, in términos de las condiciones organizativas, de la expresión de la solidaridad entre las mujeres. La implementación de una sola de estas medidas, sea cual fuere, como solución al problema, tiene un efecto limitado.

Sin embargo, es importante dar aquí algunas ideas de posibles medidas que pueden integrar una política de este tipo:

La organización de nuestro trabajo feminista

i) Es necesario crear y/o fortalecer comisiones de mujeres en las secciones.

ii) Fortalecer los organismos existentes en la internacional y en las secciones que organizan el trabajo por la liberación de la mujer y promover la organización regional entre las mujeres de la Cuarta Internacional.

iii) Discutir con regularidad el trabajo de liberación de la mujer en los órganos de dirección, los que han de tomar en conjunto la responsabilidad de los problemas que surjan. El hecho de que lleguen a aparecer desacuerdos entre mujeres no debe ser tomado como algo negativo y ni ser ocultado del conjunto de la organización.

iv) Invitar a las integrantes de las comisiones de la mujer a las discusiones de los órganos de dirección en caso de que no pertenezcan ya a éstos.

Formación

i) En cuanto al reclutamiento, es fundamental darle prioridad a la formación, el debate y el análisis entre toda la militancia de los temas referentes a la liberación de la mujer, asegurando cierto grado de comprensión de la problemática.

ii) Organizar eventos de formación en los que las mujeres desempeñen un papel importante, con una participación equitativa o incluso mayoritaria. Esto debe hacerse asegurando que el estilo de exposición no sea tan tradicional que haga que las mujeres y los compañeros menos experimentados pierdan los ánimos de participar.

iii) La realización de la escuela europea de mujeres representó un éxito parcial, tomando en cuenta la pequeña cantidad de recursos dedicados a su organización y, también, porque reunió camaradas con una larga experiencia organizativa con compañeras que en la actualidad dirigen las organizaciones juveniles. El aspecto educativo de las reuniones de la fracción latinoamericano ha sido importante en el desarrollo de una comprensión común entre los camaradas de una cierta cantidad de temas teóricos y políticos. Este tipo de iniciativa debe continuar en estas dos regiones y extenderse a otras cuando sea posible.

iv) El primer seminario de mujeres de la IV fue un éxito. Debemos asegurar que el segundo también lo sea. Imagen y perfil del partido

i) Garantizar que la prensa contenga artículos escritos por mujeres y que traten sobre su problemática. Se requiere de folletos y otras publicaciones que contengan un carácter feminista.

ii) Asegurar que haya campañas de reclutamiento dirigidas a mujeres

Dirección

i) Garantizar que haya mujeres dirigentes públicas del partido.

ii) Promover el desarrollo de las jóvenes como dirigentes políticas en las organizaciones juveniles y en las secciones.

iii) Dedicar el tiempo necesario para adiestrar mujeres en responsabilidades a nivel tanto de los organismos de base como de dirección, de manera que se sientan competentes en la realización de sus tareas.

iv) No asignar una gran carga de trabajo a un número pequeño de mujeres, ya que de lo contrario sólo se conseguirá agotarlas, orillándolas a abandonar la militancia.

v.) Establecer como criterio de participación en la dirección el interés y el conocimiento del asunto de la liberación de la mujer.

Comportamiento y funcionamiento generales

i) Adoptar códigos de comportamiento que excluyan toda forma de intimidación y violencia sexual. (La sección de India ha incluido esto en sus estatutos.)

ii) Evitar el lenguaje y los chistes sexistas.

iii) Organizar reuniones que permitan un máximo de participación tras preparar adecuadamente la moderación del debate, asegurando igualdad de derechos para toda la gente participante.

iv) Tomar en cuenta los problemas de las y los progenitores cuando se programen eventos nacionales y locales.

v) Se debe dar más importancia al desarrollo de un ambiente cordial en nuestra actividad política, por ejemplo, al organizar actividades sociales en conjunción con la realización de eventos políticos.

Auto-organización y centralismo democrático

Recordemos, antes de reiniciar el debate sobre este punto, cuales son los parámetros de una organización democrática. Es imposible liberar a la mujer antes de abolir las relaciones de propiedad privada, ya que éstas reproducen su subordinación en la sociedad. La participación en una organización revolucionaria está determinada por la comprensión de esto. Así, ninguna fórmula organizativa por sí sola puede eliminar la opresión de las mujeres.

Muchos camaradas utilizan esta limitación objetiva para argumentar que ‘no se puede hacer gran cosa, ya que las mujeres no pueden ser liberadas sin cambiar las estructuras sociales y hacer la revolución’. Debemos rechazar tajantemente este tipo de razonamiento por lo conservador y discriminatorio que es. Las organizaciones marxistas revolucionarias, entendiendo las limitaciones materiales, tenemos que adoptar la actitud de crear todas las contra-tendencias posibles desde hoy a la opresión que existe. Lo hacemos con las limitaciones del movimiento obrero y con la opresión racial. También hay que hacerlo con la opresión de las mujeres. “Las organizaciones revolucionarias pueden dar pasos para dirigirse a las mujeres en su propio lenguaje, tomar en consideración sus experiencias políticas y ajustar su propio funcionamiento, haciéndolo tan agradable para las mujeres como sea posible. Comisiones, fracciones y organizadoras de mujeres pueden ayudar a hacer avanzar tal proceso.

En general, las experiencias y discusiones más positivas tienen lugar cuando las direcciones las han estructurado a través de la comisión de la mujer o del CC. Para promover la auto-organización de la mujer, puede ser muy útil realizar reuniones especiales de mujeres para discutir asuntos políticos de interés para ellas. A estas reuniones debe invitarse a todas las militantes de la organización.

Criterios para la selección de la dirección

El problema de la dirección es importante en la discusión de la acción afirmativa; si no se aborda bajo una perspectiva global, no atacará los problemas de la mujer en el conjunto de la organización. Necesitamos criterios objetivos de dirección que garanticen un cambio real en la conformación y el funcionamiento de las direcciones. Así como la continuidad política es uno de los factores que juegan en la selección de la dirección, también lo son el trabajar en equipo, tomar la iniciativa en el desarrollo de áreas de trabajo claves y haberse ganado la confianza política de la base. El que la composición de la dirección nunca refleje el número de mujeres en la organización, muestra la existencia de problemas de funcionamiento. Donde sea posible, debemos buscar la re-presentación equitativa; pero esto no debe constituir un esquema rígido e inflexible, ya que las mujeres no buscan invertir los papeles, sino transformar el funcionamiento del partido. Donde la equidad numérica no sea realizable, debemos fijarnos metas para aumentar la representación de las mujeres en los organismos más importantes de dirección.

Para integrar nuevas compañeras en los órganos de dirección, se les debe dar el tiempo adecuado para que aprendan sus nuevas tareas, así como la oportunidad de señalar los mecanismos que requieren ser cambiados. Esto se facilita a través de comisiones, fracciones o reuniones no mixtas de mujeres, las que pueden ayudar a identificar tales aspectos y preparar informes para las instancias de dirección correspondientes. Estas últimas deben mantener informada a toda la organización respecto de sus actividades.

Conclusión

En síntesis, el objetivo del presente documento es reiniciar el debate sobre la acción afirmativa. En cierto sentido, aparece con diez años de retrazo; pero, como lo mostró la escuela europea de mujeres, aún no es demasiado tarde para concretizar logros organizativos y políticos a partir de un importante periodo de radicalización de la mujer, apoyado sobre la auto-organización de las mujeres y promovido por la dirección. El movimiento de la mujer no posee la expresión institucional característica de los sindicatos. Hemos tratado de crear estructuras y una comprensión al interior de nuestras secciones y en la Internacional de manera que la continuidad revolucionaria en torno a la problemática de la mujer no sea olvidada o abandonada. En algunos países, el movimiento de la mujer ha sufrido un reflujo; pero, si los logros del feminismo moderno se mantienen en nuestro programa a la vez que en nuestra práctica, no se habrán perdido sus lecciones, ni en cada uno de esos países ni a nivel internacional. Solamente trabajando a través de las propuestas de todas las secciones, seremos capaces de extraer un balance positivo de este asunto.

Vale la pena volver a plantear el carácter positivo de la política que la IV ha implementado en años recientes. Se han instrumentado una serie de medidas importantes que, sin embargo, no son suficientes. El reto central que queda es lograr que se implemente este tipo de políticas de manera más integral dentro de las secciones. Al tomar las medidas especiales que se han mencionado, con la idea de unificar al partido como un todo, no sólo se logrará combatir el filisteísmo entre los comunistas, sino también reclutaremos y mantendremos a más mujeres en nuestras filas.