Queer Nation, extractos

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UN EJÉRCITO DE AMANTES NO PUEDE PERDER Ser queer no tiene que ver con un derecho a la privacidad; se trata de la libertad de ser públicx, de simplemente ser quienes somos. Significa luchar contra la opresión todos los días; homofobia, racismo, misoginia, la intolerancia de lxs hipócritas religiosxs y nuestro odio hacia nosotrxs mismxs. (Se nos ha enseñado cuidadosamente a odiarnos). Y ahora, por supuesto, significa también pelear contra un virus, y contra aquellxs mataputos que están usando el sida para borrarnos de la faz de la tierra. Ser queer significa llevar un tipo de vida diferente. No se trata de lo mainstream, márgenes de ganancia, patriotismo, patriarcado, o ser asimiladxs. No se trata de directorxs ejecutivxs, privilegios y elitismo. Se trata de estar en los márgenes, definiéndonos; se trata de reventar el género y de secretos, qué hay abajo del cinturón y bien adentro del corazón; se trata de la noche. Ser queer es “desde abajo” porque sabemos que cada unx de nosotrxs, cada cuerpo, cada concha, cada corazón y culo y pija es un mundo de placer esperando ser explorado. Cada unx de nosotrxs es un mundo de posibilidad infinita. Somos un ejército porque tenemos que serlo. Somos un ejército porque somos tan poderosxs. (Tenemos tanto por lo que luchar; somos la más preciosa de las especies en extinción). Y somos un ejército de amantes porque somos nosotrxs quienes sabemos lo que es el amor. También el deseo y la lujuria. Nosotrxs los inventamos. Salimos del closet, enfrentamos el rechazo de la sociedad, nos enfrentamos a pelotones de fusilamiento, sólo para amarnos lxs unxs a lxs otrxs! Cada vez que cogemos, ganamos. Debemos pelear por nosotrxs mismxs (nadie más lo hará) y si en ese proceso logramos mayor libertad para el resto del mundo, entonces bien. (Le hemos dado tanto a ese mundo: la democracia, todas las artes, los conceptos de amor, filosofía, y el alma, para nombrar tan sólo algunos de los regalos de nuestras tortas y putos de Grecia antigua). Hagamos de todo espacio un espacio gay y lésbico. Cada calle una parte de nuestra geografía sexual. Una ciudad de anhelo y luego total satisfacción. Una ciudad y un país donde podamos estar segurxs, y libres, y más. Debemos mirar nuestras vidas y ver lo que es mejor en ellas, ver qué es queer y qué es hetero ¡y dejar que esa cascarilla hetero se caiga! Recuerden que hay muy, muy poco tiempo. Y yo quiero ser amante de todxs y cada unx de ustedes. El año que viene, marchamos desnudxs


SI SOS QUEER, Lxs queer están bajo ataque. Lxs queer están siendo atacadxs desde todos los frentes y me temo que eso no nos molesta. En 1990, hubo 50 ataques a queers tan sólo en el mes de mayo. Ataques violentos, 3.720 varones, mujeres y niñxs murieron de sida en el mismo mes, causado por un ataque más violento --- la inacción del gobierno, que tiene sus raíces en la homofobia creciente de la sociedad. Esta es violencia institucionalizada, quizás más peligrosa para la existencia de lxs queer porque quienes atacan no tienen rostro. Permitimos estos ataques, a través de nuestra continua falta de acción contra ellos. El sida ha afectado el mundo hetero y ahora estamos culpándonos por el sida y usándolo como una manera de justificar la violencia de ellxs contra nosotrxs. Ya no nos quieren. Nos van a pegar, violarnos y matarnos antes que seguir viviendo con nosotrxs. ¿Qué hace falta para que esto ya no esté bien? Sentí un poco de odio. Si el odio no te empodera, entonces probemos con el miedo. Si eso no funciona, probemos con el pánico. ¡GRITÁLO! Tené orgullo. Hacé lo que necesites hacer para arrancarte de tu estado habitual de aceptación. Sé libre. Grita. En 1969, lxs queers devolvieron la pelea. En 1990, lxs queer dicen ok. El año que viene, ¿vamos a estar acá?

¿DÓNDE ESTÁN, HERMANAS? La invisibilidad es nuestra responsabilidad Uso mi triángulo rosa en todas partes. No bajo mi voz en público cuando hablo de amor o sexo lesbiano. Siempre le digo a la gente que soy lesbiana. No quiero que me pregunten sobre mi “novio”. No digo que “no es asunto tuyo”. No hago esto para las personas hetero. La mayoría ni siquiera sabe lo que significa el triángulo rosa. A la mayoría le importa un carajo que mi novia y yo estemos totalmente enamoradas o que nos estemos peleando en la calle. La mayoría ni nos nota, sin importar qué hagamos. Hago lo que hago para llegar a otras lesbianas. Hago lo que hago porque no quiero que las lesbianas den por sentado que soy una chica hetero. Estoy fuera del closet todo el tiempo, en todos lados, PORQUE QUIERO LLEGAR A VOS. Quizás me notes, quizás empecemos a hablar, quizás intercambiemos números de teléfono, quizás nos hagamos amigas. Quizás no nos digamos ni una palabra, pero nuestras miradas se encuentren y voy a imaginarte desnuda, transpirando, con la boca abierta, tu espalda arqueada mientras te cojo. Y vamos a estar contentas de saber que no somos las únicas en el mundo. Vamos a estar contentas porque nos encontramos, sin decir una palabra, quizás solamente por un momento. Pero no. No usás un triángulo rosa en esa solapa de lino. No me mirás a los ojos si coqueteo con vos por la calle. Me evitás en el trabajo porque estoy “demasiado” afuera del closet. Me castigás en los bares porque soy “demasiado política”. Me ignorás en público porque traigo “demasiada” atención a “mi” lesbianismo. Pero después querés que sea tu amante, querés que sea tu amiga, querés que te ame, que te apoye, que luche por “NUESTRO” derecho a existir.

¿DÓNDE ESTÁS?

Hablan, hablan hablan sobre invisibilidad y después se retiran a sus casas a acovacharse con sus amantes o se van de juerga a un bar con amigxs y a los tumbos vuelven a sus casas en taxi o se sientan silenciosa y educada-mente ahí mientras su familia, su jefe, sus vecinxs, sus empleados públicos nos distorsionan y nos desfiguran, se burlan de nosotrxs y nos castigan. Después de vuelta a casa y tienen ganas de gritar. Después acolchonan su bronca con una relación o una carrera o una fiesta con otras tortas como ustedes y siguen preguntándose por qué no podemos encon- trarnos, por qué se sienten solas, enojadas, alienadas.

¡¡LEVÁNTENSE, DESPIÉRTENSE HERMANAS!!

Tu vida está en tus manos. Cuando yo arriesgo todo para estar fuera del closet, lo arriesgo para vos y para mí. Cuando lo arriesgo todo, y funciona (cosa que sucede a menudo, si lo intentaras), me beneficio yo y vos también. Cuando no funciona, yo sufro y vos no. Pero nena, no podés esperar que otras tortas hagan el mundo más seguro para vos. ¡BASTA de esperar un futuro mejor, más lesbiano! La revolución podría estar acá si la empezáramos. ¿Dónde están, hermanas? Estoy intentando encontrarlas, estoy intentando encontrarlas. ¿Cómo puede ser que sólo las veo en el Día del Orgullo? Nosotras estamos AFUERA, ¿dónde carajo están USTEDES?

Ah, ¿realmente tenemos que usar esa palabra? Cada homosexual tiene su propio punto de vista al respecto. Para algunxs significa rarx y excéntrico y un poco misterioso. Eso está bien, a nosotrxs nos gusta. Pero a algunxs chicos y chicas gays no. Piensan que son más normales que rarxs. Y para otrxs, “queer” trae de nuevo aquellos horribles recuerdos de sufrimiento adolescente. Queer. En el mejor de los casos, es necesariamente agridulce y pintoresco – en el peor, es debilitante y doloroso. ¿No podríamos simplemente usar “gay”? Es una palabra mucho más luminosa, ¿y no era sinónimo de “feliz”? ¿Cuándo van a crecer, ustedes los militantes, y superar esa novedad de ser diferente?

Por Qué Queer Bueno, sí, “gay” está muy bien. Tiene su lugar. Pero muchas lesbianas y hombres gays, cuando nos despertamos a la mañana nos sentimos enojadxs y asqueadxs, no “gay” [alegres]. Así que elegimos llamarnos queer. Usar “queer” es una manera de recordarnos cómo nos percibe el resto del mundo. Es una manera de decirnos a nosotrxs mismxs que no tenemos que ser personas sagaces y encantadoras que llevan su vida con discreción y marginada del mundo hetero. Usamos queer como hombres gays que aman lesbianas y lesbianas que aman ser queer. Queer, a diferencia de GAY, no significa ser VARÓN. Y cuando se dice ante otrxs gays y lesbianas, es una manera de sugerir que cerramos filas, y nos olvidamos (temporalmente) de nuestras diferencias individuales porque estamos ante un enemigo común más insidioso. Sí, QUEER puede ser una palabra dura, pero también es un arma astuta e irónica que podemos robar de las manos del homofóbico y usar contra él.

Tengo amigxs. Algunxs de ellxs son hetero. Año tras año, veo a mis amigxs hetero. Quiero verles, ver cómo les está yendo, agregar novedad a nuestras historias largas y complicadas, experimentar un poco de continuidad. Año tras año me doy cuenta de que los eventos de mi vida son irrelevantes para ellxs, y de que me escuchan sólo a medias, que soy un apéndice de los eventos de un mundo más grande, un mundo de poder y privilegio, de las leyes de instalación, un mundo de exclusión. “Eso no es cierto”, dicen mis amigxs hetero. Está esa única certeza en las políticas del poder: quienes quedaron afuera ruegan ser incluidxs, mientras quienes están adentro afirman que ya lo están. Los varones se lo hacen a las mujeres, lxs blancxs a lxs negrxs, y todo el mundo a lxs queer. La principal línea divisoria, tanto consciente como inconsciente, es la procreación... y esa palabra mágica – Familia. Con frecuencia, aquellxs entre lxs que nacemos nos rechazan cuando se enteran de quiénes somos realmente, y para empeorar las cosas, no podemos tener nuestra propia familia. Se nos castiga, insulta, rechaza, y trata como sediciosxs en términos de crianza de niñxs, condenadxs si intentamos y condenadxs si nos abstenemos. Es como si la propagación de la especie fuera una directiva tan frágil, que si no se la hiciera cumplir como agenda, la humanidad se derretiría de nuevo hacia aquella amalgama primigenia.

Odio tener que convencer a las personas hetero de que gays y lesbianas viven en una zona de guerra, que estamos rodeadxs de estallidos de bombas que aparentemente sólo nosotrxs oimos, que nuestrs cuerpos y almas yacen en altas pilas, muertxs por el miedo, o por palizas, o violaciones, muriendo de tristeza o enfermedad, desnudadxs de nuestra persona. Odio a las personas heterosexuales que no pueden escuchar la bronca queer sin decir “ey, no todas las personas hetero son así. Yo también soy hetero, sabés”, como si sus egos no recibieran suficientes caricias o protección en este mundo arrogante y heterosexista. ¡¿Por qué nosotrxs tenemos que cuidarlxs, en medio de nuestra bronca justa nacida de su sociedad arruinada?! Por qué agregar el consuelo de “Claro, no me refiero a vos. Vos no actuás así”. Dejemos que ellxs mismxs piensen si merecen ser incluidxs en nuestro enojo. Pero claro, eso significaría escuchar nuestro enojo, cosa que casi nunca hacen. Lo evitan, diciendo “Yo no soy así” o “Ah mirá quién está generalizando ahora” o “Se cazan más moscas con miel...” o “Si te enfocás en lo negativo no hacés más que ceder más poder” o “no sos la única persona en el mundo que está sufriendo”. Dicen “No me grites a mí, yo estoy de tu lado” o “Creo que estás exagerando” o “¡QUÉ AMARGO SOS!”.