Francia - NPA

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Francia - NPA Francia es un país que pierde influencias en el marco de la competencia mundial; va retrasada para con la ofensiva mundial en contra de los derechos de los trabajadores. La combatividad social sigue siendo elevada y sigue habiendo huelgas de masa, como la huelga sobre las pensiones del 2010. Este movimiento terminó con una derrota pero no acabó con la capacidad de lucha de la juventud y de los trabajadores. Desde entonces sigue habiendo luchas, a veces largas y duras. La reciente victoria del Partido Socialista en las elecciones expresa por una parte un cansancio respecto a la política de Sarkozy, pero también la ilusión de que el Partido Socialista podría aplicar una política menos “agresiva”. Las direcciones sindicales están paralizadas por aquella ilusión, y no anticipan para nada la lucha que queda por venir en contra de la austeridad. Resultado: el gobierno de Hollande, desde ahora, empieza a organizar la austeridad, integrando las direcciones sindicales al “dialogo social”.La situación es inestable y podría rápidamente volverse explosiva, como en otros países de Europa. Dos preguntas políticas están en el centro de la situación: la austeridad y los despidos. Desde este verano, los despidos se aceleran e imputan a industrias estratégicas. PSA, unos de los principales constructores de automóvil francés, anunció 10 000 despidos en Europa, y unos 8000 en Francia. Lo que va ocurrir en este sector es esencial: un empleo de cada cinco en Francia esta directamente o indirectamente vinculado a la industria automóvil. Las fabricas automóviles son históricamente centros de resistencia de la clase obrera. Frente a ello, desarrollamos la idea que dentro de la fábrica, en los servicios públicos o en la juventud, solo defenderemos nuestros empleos si los defendemos juntos, gracias a la convergencia de las luchas. También luchamos para garantizar un trabajo para todos, sueldos, y condiciones de vida decentes. Para satisfacer esta reivindicación la ruptura con el capitalismo es necesaria. Desde el inicio del año, llevamos una campaña central sobre la cuestión del trabajo, a favor de la interdicción de los despidos. La cuestión es de preparase para actuar un papel en la batalla que está empezando: necesitamos un partido que intente influenciar la situación política.

El NPA (Nuevo partido anticapitalista) tiene dos tipos de dificultades. Esta poco implantado en las empresas privadas que despiden, y donde pronto se van a dar las peleas decisivas, aunque tenemos algunos militantes bien implantados en el sector de la automóvil. El NPA conoce también una crisis de dirección y de orientación: varias centenas de militantes (Gauche Anticapitaliste) decidieron entrar en el Front de Gauche. El FDG es una coalición electoral entorno al Partido Comunista Frances, antiguos del Partido Socialista (como Melenchon, el candidato de la coalición en las elecciones presidenciales), del Parti de Gauche y de militantes reformistas e antiliberales. Hasta en junio del 2011, los camaradas de la Gauche Anticapitaliste eran mayoritarios en la dirección del NPA, y desarrollaban la idea de que la correlación de fuerzas actual es desfavorable a nuestro campo, y que teníamos que combinar movilizaciones, mayorías de ideas y posiciones electorales o institucionales.

En junio del 2011, una nueva mayoría decidió presentar un candidato del NPA en las elecciones presidenciales, Phillipe Poutou (obrero en el sector automóvil). Hicimos la campaña pero con una organización en crisis, e incluso con una parte de la dirección que termino por apoyar otro candidato (Melenchon) que el del NPA. A pesar de un resultado electoral de 1.5% de los votos, nuestra campaña nos permitió existir en el marco político, dirigirnos hacia el exterior, y hacer que una voz anticapitalista exista para defender a los trabajadores.

A pesar de las dificultades, el proyecto del NPA sigue de actualidad. Esta experiencia debe llevarnos a precisar el tipo de organización que necesitamos para responder a la situación actual. Las crisis del NPA nos permite reflexionar sobre de una nueva política de construcción: una organización de intervención, que intente construir día a día los enfrentamientos con la patronal, el gobierno, y la clase dirigente en la juventud y en las empresas, y que organice la intervención en estos sectores. También tenemos que llevar el debate sobre la estrategia, para empezar proponer respuestas al la crisis del sistema capitalista. Esto será uno de los retos más importantes del próximo congreso del NPA en febrero.