Transformaciones sociales, resistencias y alternativas (Extractos)

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1/ ¿Cual es la evolución de la situación de la clase obrera y de las explotadas y explotados a nivel mundial? Tenemos que tomar en cuenta varios elementos importantes. La globalización ha acelerado el crecimiento industrial y económico en toda una serie de países (BRICS, Turquía, México…); un fenómeno que, lógicamente, debería continuar y diversificarse. Esto entraña dos fenómenos importantes en los llamados países "emergentes": la concentración urbana, y el incremento de trabajadores y trabajadoras asalariadas superior al crecimiento de la población (75 % de progresión entre 1992 y 2012 por un incremento de la población del 30 %). Esto se debe, evidentemente, al desarrollo de nuevos centros de desarrollo económico. Otra característica importante ha sido el crecimiento relativo del sector servicios en comparación con el de la producción, así como la proletarización de numerosos empleos asalariados anteriormente considerados como cualificados, tales como la enseñanza o la salud con su correspondiente impacto, y una creciente propensión de esos sectores a participar en las movilizaciones sociales contra las cadencias del trabajo, la congelación salarial, las privatizaciones y otros ataques.

Ahora bien, en todos los casos hay que tomar en consideración que, tomadas globalmente y según los criterios de la OIT, la gran mayoría de la población activa en esos mismos países la constituyen trabajadores y trabajadoras con un empleo precario (trabajadores familiares no remunerados o autónomos) y esta proporción crece a partir de 2008, lo que constituye una contratendencia. Así mismo, desde 2008 la OIT registra y prevé un incremento regular del paro para los próximos 5 años en Asía, África y América Latina. La consecuencia es evidente: incremento importante de la urbanización, minorización de la población rural y, en paralelo, destrucción del tejido social, lo que conduce evidentemente a un deterioro de las condiciones de vida, incluso a pesar de que se mantengan redes de solidaridad campesina.

Asistimos pues a un incremento numérico de la clase obrera, pero con características globales diferentes en lo que concierne al desarrollo global de las sociedades en las que se ha producido este desarrollo. En los "viejos países industriales", el desarrollo del proletariado se dio, en general, en paralelo a las luchas sindicales y políticas contra la burguesía en el ámbito nacional y, fuera cual fuera la violencia de la luchas de clases del siglo XX, se obtuvieron derechos sociales en el marco de los Estados y se cristalizó una relación de fuerzas entre las clases. El reconocimiento de los derechos colectivos de la clase obrera no solo estuvo vinculado al contrato de trabajo en las empresas sino también a derechos sociales colectivos en el marco de la sociedad; las burguesía dedicó una parte de los beneficios capitalistas a la financiación de los sistemas contributivos y redistributivos fiscales sobre los que a finales del siglo XX se edificaron la mayoría de las sociedades industriales. El compromiso social y el desarrollo del "Estado social" estaban vinculados a sistemas ideológicos heredados del positivismo y del cristianismo social. Estas ideologías y sus compromisos fueron también el cortafuegos necesario frente al importante desarrollo de las corrientes marxistas y socialistas. Todo eso ya no existe, y el desarrollo industrial de los países emergentes no se realiza bajo los mismos parámetros. Por ejemplo, en lo que concierne a la industria automovilística "que se ha pasado al Este": aparte de México, Argentina y Brasil, las grandes zonas de desarrollo son Europa del Este, Turquía, Irán, Pakistán, India y China. En estos casos, las líneas de producción y la cualificación son las mismas que en los viejos países industriales, pero los derechos sociales y la legislación laboral no tienen nada que ver. Se podría trazar un cuadro similar en muchos otros sectores industriales. En estas nuevas zonas de desarrollo industrial, el compromiso social del último siglo han perdido vigencia. En los viejos países industriales, este compromiso social del siglo pasado está ampliamente puesto en cuestión por las políticas de austeridad laboral. Al lado de todo ello, asistimos a situaciones de semi-esclavismo, particularmente para los trabajadores y trabajadoras inmigrantes; las fábricas clandestinas escapan a toda legislación

2/ También evoluciona de la tasa de explotación a nivel mundial Las modificaciones económicas de estos últimos años también tienen otras consecuencias. No solo se han estancado los salarios en los viejos países industriales, sino que estos últimos años han visto como el incremento de la productividad se daba en detrimento de los salarios, acentuando la tendencia general que se viene arrastrando desde los años 80 de pérdida de la masa salarial en beneficio del capital. Del mismo modo, en los viejos países industriales los contratos precarios y los recortes en la legislación laboral han sido uno de los elementos claves para esos incrementos de productividad ("contrato cero horas" en Gran Bretaña, "Jobs Act" en Italia, "Minijobs" en Alemania…) A pesar del frenazo productivo de 2008, en la mayoría de las nuevas zonas de producción, los asalariados y asalariadas lograron incrementos salariales reales, sobre todo en China. Incluso si se trata de huelgas económicas desarrolladas empresa a empresa, lograron resultados concretos.

Así pues, los elementos de tensión social en torno al mercado laboral se mantienen tanto en los países "emergentes" como en las viejas economías, bien a través de la creciente presión del paro, bien a través del progresivo deterioro de las condiciones de de trabajo y de los sistemas de protección social. Casi la mitad de los trabajadores y trabajadoras en el mundo vive al margen del trabajo asalariado, en la ultra-precariedad. Y la tendencia es a la generalización de los contratos precarios y de las legislaciones que reducen al mínimo la protección legal frente a los despidos. Estas evoluciones acentúan la flexibilidad y la capacidad de los capitalistas para adaptar al máximo las horas de trabajo y el número de la población asalariada a sus necesidades cotidianas. Todo ello va de la mano con una organización logística de cadenas de producción y de distribución que permite disminuir al máximo los costos mediante el recurso a una miríada de subcontratas. Muchos de los nuevos tratados internacional (TTIP, TISA, …) permiten a las grandes empresas escapar a las legislaciones nacionales. En el seno de la Unión Europea, cada mes, nuevas leyes ponen fin a las viejas leyes nacionales. De hecho, de cara al futuro, a nivel internacional existen dos jerarquías de poder: la de los Estados y la de las empresas, y la segunda es cada vez más poderosa en lo que concierne a la organización del comercio y de los contratos de trabajo.

La crisis de la deuda de esta última década, se ha desplazado del Sur a los países capitalistas desarrollados: crisis de la deuda en los hogares en numerosos países (USA, India….) y crisis de la deuda soberana en Europa. Estas crisis aceleran los ataques sociales, la precariedad y las situaciones de miseria social; también aceleran la exigencia de auditorías y del control social para poner freno a esas políticas. Todas estas modificaciones debilitan la capacidad de organización colectiva y la estructuración a largo plazo de colectivos de resistencia en el seno de las empresas, aunque estimulan las resistencias y las dinámicas de autoorganización. Lo que impone el desarrollo de organizaciones sociales territoriales orientadas a organizar, fuera de las empresas, a las trabajadoras y trabajadores aislados o itinerantes.

II/ Frentes de respuesta 1/ El desarrollo desigual del movimiento sindical Está claro que en los países inmersos en una industrialización asistimos a un desarrollo importante del sindicalismo entre los nuevos sectores asalariados y a un gran número de resistencias con huelgas frente a las exigencias patronales. Pero, en general, estas resistencias se dan en una situación en la que las conquistas sociales que logró la "vieja clase obrera" (fundamentalmente las pensiones y la seguridad social) lejos de extenderse a los países emergentes son, por el contrario, puestas a cuestión en Europa y en otros países industrializados en nombre de los planes de austeridad. Lo mismo ocurre en China, pais que en estos últimos años ha conocido un gran número de huelgas locales, sobre todo en relación a los salarios, aunque éstas no han desembocado en la creación de un sindicalismo independiente del aparato estatal. Cuantitativamente, la clase obrera está en progresión constante; es preciso señalar que los centros de esa progresión se han desplazado fuertemente hacia Asia y, en el futuro, lo harán hacia África. En estas regiones, nuevas fuerzas sindicales conocen una progresión numérica, la clase asalariada adquiere mayor peso, y se crean las bases de una conciencia de clase pero, en general, no disponen de la fuerte referencia política que estructuró políticamente al movimiento obrero europeo, aún cuando la contradicción de ese modelo fuese a menudo el delegar las cuestiones "políticas" a los partidos políticos. Se siguen dando grandes luchas obreras, no solo en los viejos países industrializados sino, también, en Sudáfrica y Africa sub-sahariana, Argentina, Pakistán, Turquía, India…

Ahora bien, en la era de la globalización, la necesidad de tomar en cuenta preocupaciones más amplias, como el racismo, del conjunto de las discriminaciones o la vivienda, por parte de los sindicatos es cada vez más grande y representa un elemento de radicalización. Incluso si se han dado algunos intentos de organización de los sectores más precarizados (como los de comida rápida en EE UU y, a menor escala, en Inglaterra), en general, en los viejos países industrializados, las trabajadoras y trabajadores más precarios (los sectores más jóvenes con una proporción mayor de inmigrantes y mujeres) son los menos organizados. La situación actual también plantea otras cuestiones estratégicas. En la era de la globalización, sindicatos de numerosos sectores plantean la cuestión de reemplazar la organización en sindicatos de industria por una organización en "cadenas de valor", es decir, una coordinación de todos los sectores necesarios par la realización de una misma producción. Esto es aún más importante en la medida que la búsqueda del máximo beneficio conduce a la dispersión del proceso de producción, con el recurso a la subcontratacion, ya sea en el mismo centro de producción, o, más frecuentemente, a nivel internacional. Más allá de ello, la cuestión de la democracia sindical es esencial para la construcción de organizaciones eficaces.

La creación de una central sindical única a nivel internacional, la Confederación Sindical Internacional (CSI), que coordina a la amplia mayoría de las fuerzas sindicales a nivel mundial no puede ocultar una gran disparidad; sobre todo en términos de capacidad para defender los intereses de los sectores asalariados y de oponerse a los planes capitalistas. La debilidad de los sindicatos y de las organizaciones políticas de matriz marxista y de lucha de clases que realicen un trabajo educativo en sus filas ha conducido al debilitamiento de la consciencia de clase.

El movimiento sindical se ve confrontado a diversos problemas cruciales: • A su capacidad para integrar las cuestiones societales que se plantean en la sociedad (racismo, homofobia, discriminación de las mujeres, vivienda, medio ambiente…).La necesidad de integrar las cuestiones ambientales es también un imperativo clave. Las tensiones creadas entre el mantenimiento de puestos de trabajo y la lucha contra las fábricas y la producción nociva imponen el establecimiento de un sistema de reivindicaciones que permitan superar estas contradicciones. • A integrar la situación del precariado en todas sus manifestaciones y, por tanto, crear e impulsar estructuras que permitan organizar a quienes lo integran, sobre todo mediante la creación de estructuras fuera de las empresas: en las zonas industriales y en los barrios y pueblos. • A la urgente necesidad de coordinarse a nivel internacional, adaptándose a la realidad de las cadenas de producción en las que se pone a competir entre sí a los trabajadores y trabajadoras. • A la capacidad para crear, a partir de la lucha en defensa de sus derechos, de una identidad de clase orientando las luchas de resistencia a partir de un programa que cuestione la estructura capitalista de la sociedad y esté orientado a revertir el sistema.