Peter Drucker, 'Las sexualidades árabes'

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¿La liberación en oriente y occidente?

El tema de las sexualidades expresadas entre personas del mismo sexo en el mundo árabe es un campo minado político. En un giro bizantino, derechistas que durante décadas rechazaban al movimiento lésbico/gay, ahora se presentan como los defensores de las mujeres y gays árabes. El uso por parte de la derecha de argumentos acerca de la libertad de las mujeres y de tipo sexual hace que sea cada vez más importante que la izquierda incorpore un análisis de género y sexual.

Peter Drucker

Sin embargo, se ha realizado muy poca investigación seria sobre las sexualidades en el mundo árabe. Hoy, Joseph Massad ha incursionado audazmente en este campo minado con su libro Deseando a los árabes (deseosos). El trabajo anterior de Massad sobre Palestina lo hizo el blanco de zionistas de derecha. Ahora con Deseando a los árabes (deseosos), se le ha acusado de afirmar que los gays árabes son “inventos de la imaginación del mundo occidental.”

Para nada es homófobo

De ninguna manera es Massad homófobo. Por lo contrario, Deseando a los árabes (deseosos) es una fuente importante para los estudiosos de las sexualidades en el mundo árabe. Confirma que el deseo y comportamiento sexuales entre personas del mismo sexo fueron ampliamente diseminados en la literatura árabe en el momento del apogeo de su civilización, y analiza las ideologías de una amplia gama de obras literarias de esta cultura de los siglos XIX y XX.

Pero el libro tiene fallas fundamentales. Descalifica los signos de la vida gay en el mundo árabe como imposiciones o imitaciones de los modelos europeos o estadounidenses. No logra confrontar la realidad de que el mundo árabe también es parte del orden capitalista global y que sus sexualidades probablemente serán híbridas y diversas.

Más allá de gay y buga

Sobre un tema central, Massad tiene la razon: que las sexualidades tradicionales árabes no fueron basadas sobre un “binario hetero-homo.” Lectores holandeses pueden encontrase en dificultades para entender que no todo el mundo divide a los seres humanos en dos grupos: el de las “personas gay” y el de las “personas buga.” Pero la lectura del Koran and la poesía árabe medieval que hace Massad confirma que los árabes, en los primeros siglos del Islam, no clasificaban a las personas de esta manera. Aún hoy, aún cuando existen lesbianas y hombres gay que se auto-nombran e identifican como tales en el mundo árabe, las identidades distintivas lésbico y gay parecen ser menos visibles ahí que en la mayoría de otras regiones. Muchos hombres árabes que tienen sexo con otros hombre no se identifican para nada como gay, transgénero o siquiera bi-sexual. Algunos de ellos cogen a trans u otros varones; algunos simplemente tienen sexo discreto entre sí.

Sin embargo, Massad casi no discute las relaciones sociales de la cultura sexual árabe. Por ejemplo, planta muy claramente que el amor por los niños varones (“boy love”) fue un tema importante para un poeta Abbasid prominente como Abu Nuwas. Pero ilumina muy poco la dinámica de “boy love” (el amor expresado con niños varones) en los tiempos clásicos u hoy. Tampoco presta casi ninguna atención a lo trans, a pesar de su importancia en países musulmanes como Pakistán e Indonesia y algunos países árabes, como, por ejemplo, entre los hassa de Marruecos y los khanith de Oman.

Aunque Massad menciona la popularidad de los shows travesti de cantantes en El Cairo en los años veinte y treinta del siglo pasado, y la presentación de una artista travesti en la televisión siria tan recientemente como en los años ochenta, no tiene claro qué tan significativo lo trans es en el mundo árabe hoy.

Imperio y cultura

¿Massad está abierto a la política sexual dentro de los países árabes, o sólo a una defensa de la cultura sexual árabe? Los movimientos políticos islámicos claramente prefieren defender la tradición, tal y como la definen selectivamente. Pero el anti-imperialismo no tiene que implicar el nativismo cultural. Por ejemplo, la resistencia de la Turquía musulmana a la colonización y la lucha de la Indonesia musulmana por la independencia involucraron una laicización de amplios alcances. No es por casualidad que Turquía e Indonesia tienen comunidades y movimientos LGBT más fuertes hoy que la mayoría de los países árabes.

Muchos de los regímenes árabes que reprimen más severamente la sexualidad expresada entre personas del mismo sexo, como el Reino Saudita e Egipto, se cuentan entre los aliados más cercanos a los Estados Unidos en la región. Los partidos shiítas que dominan a Irak hoy también reprimen brutalmente las sexualidades expresadas entre personas del mismo sexo sin ninguna interferencia por parte de los ocupantes estadounidenses. En 2007, un activista LGBT escuchó voces estadounidenses en la habitación de al lado mientras los policías irakíes lo torturaban.

La escasez relativa de identidades lésbico/gays en los países árabes probablemente se debe menos a una resistencia ante la cultura europea que a factores sociales, como una baja tasa de empleo femenino pagado, y lo que Gilbert Achcar llama “la excepción despótica árabe”: el hecho de que los EEUU ha continuado con su apoyo a dictaduras en lugar de arriesgar transiciones a una democracia nominal, como ha ocurrido en muchas partes de América Latina, África y Asia.

La represión

Lo que ha generado la mayor parte de la controversia en torno al libro Deseando a los árabes (deseosos) ha sido el capítulo en el cual Massad culpa a los grupos lésbico/gay que él llama la “Internacional Gay” por la represión de la sexualidad expresada entre personas del mismo sexo. El escribe: “la agenda de los derechos sexuales…ha llevado a mucha represión y opresión en el mundo árabe contemporáneo.”

Y sin embargo, Massad mismo ofrece amplias pruebas que la hostilidad expresada ante las sexualidades entre personas del mismo sexo en el mundo árabe antecedieron por mucho el surgimiento de los movimientos LGBT. Apunta que la poesía que se centraba en los jóvenes o los hombres “desapareció por completo como género poético” aproximadamente a finales del siglo XIX. Y muestra cómo la literatura árabe que se ha producido desde la derrota de la guerra con Israel de 1967 ha sido permeada con imágenes de una penetración humillante, castradora de los hombres árabes. Sin duda, las protestas por parte de los grupos internacionales LGBT y de derechos humanos han constituido más una reacción que un factor que ha contribuido a la represión. Los gobiernos árabes pueden desdeñar a estas organizaciones en su propaganda, pero Massad presenta pocas pruebas de que tengan efecto significativo alguno —para bien o para mal—sobre la legislación o las políticas públicas.

La solidaridad

En cuando menos algunos países árabes, algunas personas que participan de una sexualidad expresada con personas del mismo sexo han empezado a asumir una identidad LGBT y aún organizar grupos LGBT. El grupo libanés Helem es un ejemplo. Entre los palestinos en Cisjordania e Israel pre-1967, el grupo LGBTQ Al Qaws ha trabajado desde 2001 para “proveer un espacio social para los palestinos LGBTQ.”

Nadie puede estar seguro cuándo o cómo se desarrollarán las comunidades y movimientos LGBT árabe, qué formas adoptarán o siquiera si surgirán. Pero esto no constituye un argumento en contra de solidarizarse con ellos. Tampoco constituye un argumento a favor de priorizar a los que tienen identidades LGBT, como los movimientos internacionales tienen a hacer, o a aquellos que no tengan estas identidades, como Massad lo hace. La sensibilidad cultural y el respeto por la autodeterminación son esenciales. Pero ninguno de los dos deben obstaculizar la solidaridad con los víctimas de la represión por parte de regímenes cuyo puritanismo sexual muchas va de la mano con una sujeción a una agenda imperial.

Joseph A. Massad, Desiring Arabs (Chicago: University of Chicago Press, 2007), 444 pp. Este artículo es una versión abreviada de un artículo publicado en inglés en la revista Against the Current, disponible en el sitio web http://www.solidarity-us.org/node/1962.