Congreso Mundial de la IV Internacional, Las mujeres y la crisis de la civilizacion

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La convergencia de diferentes aspectos de la crisis global del capitalismo nos confirma la idea de que estamos ante crisis económicas, ecológicas y sociales sistémicas que al combinarse producen una crisis de civilización.

En este artículo queremos mostrar las formas como esta crisis afecta particularmente a las mujeres.

Antes del inicio de la crisis, las mujeres eran las menos favorecidas; por lo tanto no es sorprendente que resintamos más gravemente los efectos de estos desastres. A pesar de los avances logrados gracias a las luchas de las mujeres, su posición de subordinación en el mercado de trabajo sigue siendo el reflejo de la división sexual del trabajo y de su condición inferior de mujeres en el seno de la familia patriarcal capitalista. La familia, en combinación con el sistema educativo, sigue reproduciendo la idea de que las mujeres son fundamentalmente inferiores a los hombres –o que a lo sumo tienen otra vocación al ser las cuidadoras tanto de los niños como de los viejos—y en esta idea basa el estado su perspectiva en los servicios públicos. La familia se mantiene como el principal lugar en que se ejercen la violencia y la represión contra las mujeres. Y podemos estar seguros de que aquello que los capitalistas ensayan contra ellas para que no sean ellos los que paguen por la crisis, en el futuro será impuesto a toda la clase obrera, como lo hemos visto en muchos ejemplos, en particular con el trabajo a tiempo parcial.

En respuesta a esta situación, debemos tener en cuenta la opresión específica de las mujeres en nuestras reivindicaciones, como organización política, y en las movilizaciones. Esto quiere decir que priorizaremos en algunos casos con demandas específicas que les conciernan (por ejemplo, el aborto, derechos de pensión) y también que tomaremos en cuenta su punto de vista en lo que decimos.

Si, por ejemplo, la reivindicación de una reducción del tiempo de trabajo por día/semana es del interés de las y los asalariadas/os, es particularmente importante para las mujeres que tienen una doble jornada de trabajo. Otro ejemplo: a consecuencia de la crisis financiera, planteamos la nacionalización de los bancos, aunque sepamos que la crisis económica no es sólo una crisis bancaria; pero las mujeres son particularmente afectadas por el aumento de las tasas de interés y las limitaciones del acceso al crédito.

El contexto en que formulamos estas demandas es evidentemente diferente según los países y estas reivindicaciones deben responder a la realidad concreta en la que trabajamos. El programa desarrollado por los camaradas belgas en las elecciones europeas de 2009 “Una Europa ecosocialista será feminista o no será” es un buen ejemplo.

Las mujeres participan en la resistencia a los ataques y en la lucha por crear otro mundo ecosocialista y feminista que es cada día más necesario en nuestra cotidianeidad. Para lograrlo, su autoorganización será decisiva. Los logros que se han obtenido en Ecuador en la Asamblea Constituyente y la campaña contra la deuda pública no son favores concedidos por Correa, sino que son el resultado de la autoorganización de las mujeres que ha creado una correlación de fuerzas que permitió obtener estos triunfos.

Las mujeres y el cambio climático

La mayoría de las mujeres de los países del Sur viven en la pobreza y la desigualdad, y son ellas las primeras afectadas por la crisis climática provocada por las emisiones producidas principalmente por los países del Norte. Ochenta por ciento de los mil 300 millones de personas que viven en condiciones de pobreza en el mundo son mujeres.

En el Sur, las mujeres producen 80 % de los alimentos. La desertificación, la pérdida de recursos acuíferos, etc., tienen un enorme impacto en su vida cotidiana. Cuando las personas se ven obligadas a dejar los lugares donde viven porque ya no producen alimentos suficientes debido al cambio climático, la mayoría de los desplazados son las mujeres y los niños.

Un informe publicado por Oxfam en junio de 2009: “Los Vientos de Cambio: Cambio Climático, pobreza y el medio ambiente en Malawi” explica que las mujeres son las primeras víctimas del cambio climático debido a los múltiples roles que tienen en tanto campesinas, productoras de alimentos, de agua y de leña, y de las que atienden a los niños. El informe también explica que las mujeres de Malawi no tienen poder alguno en las decisiones y que el cambio climático acentúa las desigualdades. Explica además que la agravación de la pobreza aumentará las presiones sobre ellas para prostituirse para obtener alimento, lo que a su vez aumentará el riesgo de infectarse por el virus del SIDA. El aumento de las infecciones por este virus debilitará también su capacidad de resistir al caos climático.

En 2008 el número de personas desnutridas superó la cifra de 800,000, para alcanzar la cifra global de más de mil millones. Al mismo tiempo, se ven reaparecer enfermedades como el cólera, enfermedad completamente evitable, pero que resurge en esta crisis de civilización.

El combate de las mujeres para tener acceso a una educación pública y a servicios de salud gratuitos, incluido el aborto, la anticoncepción y educación sexual, es un elemento esencial para luchar contra la crisis climática en el sur. A menudo están a la vanguardia de las campañas para defender y ampliar estos derechos esenciales.

La respuesta neomaltusiana a la crisis climática plantea que hay una sobrepoblación planetaria y busca limitar el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, lo cual es una respuesta racista, pues el crecimiento demográfico es mayor en los países del sur. Nosotros luchamos por la ampliación de los derechos de las mujeres en lo que respecta al control de su fecundidad y también por la erradicación de la pobreza, único medio para que la presión demográfica disminuya. También luchamos contra el consumismo capitalista, un consumo de productos sin valor de uso y nocivos para el ambiente.

El creciente impacto de los agribusiness, la producción de agrocarburantes y la venta de tierras a las multinacionales para que sigan extrayendo petróleo y otras riquezas, están en el origen de una pérdida de territorios y de autonomía de los pequeños productores, de los cuales una mayoría son mujeres, a menudo de comunidades indígenas. Los pesticidas destruyen la producción natural de los pequeños productores.

Las mujeres indígenas y las mujeres campesinas sin tierra juegan un papel central en la defensa de los ecosistemas forestales contra los gobiernos que quieren venderlas a los mejores ofertantes y a las multinacionales, buscando utilizarlas para producir agrocarburantes y para sacarles otras riquezas como el agua, las maderas tropicales (que crecen muy lentamente) y también petróleo y diversos minerales. Las acciones de las mujeres de Vía Campesina en Brasil, que destruyeron las plantaciones de eucaliptos de Aracruz Celulosa, son un ejemplo victorioso de su papel dirigente en la defensa de la biósfera. En el seno de muchas comunidades indígenas juegan un papel central en la defensa de las tierras ancestrales.

  • Disminución del consumo de energía mediante la detención de la producción de despilfarro, como la industria del armamento, la industria nuclear, la publicidad, la expansión del transporte aéreo.
  • Relocalización de la producción, incluyendo la agricultura
  • Suspensión de la utilización de recursos energéticos peligrosos y expansión de las energías renovables
  • Transporte público de buena calidad y gratuito

Las mujeres y la crisis económica

La mundialización neoliberal ha aumentado considerablemente el trabajo precario, con contratos a corto plazo y la extensión masiva del tiempo parcial. Al mismo tiempo la economía informal se ha extendido del sur hacia regiones del norte y hacia sectores que antes eran parte de la economía formal.

La mayoría de quienes trabajan en la economía informal son mujeres y niños. De uno a dos por ciento de las poblaciones urbanas tratan de sobrevivir expurgando la basura y desperdicios. En su mayoría son también mujeres y niños. La demanda industrial de papel reciclado, sobre todo en China, disminuye ya a causa de la recesión, lo cual significa que los precios de estos productos están fuertemente a la baja. Los sectores de la población que viven de la recolección y venta de papel usado están por lo tanto en una situación mucho más difícil para sobrevivir.

En una recesión, se observa una pérdida de trabajo en el sector informal y al mismo tiempo se presenta un desplazamiento de trabajos del sector formal hacia el informal. Las industrias exportadoras del sur, como el sector textil, que emplea muchas mujeres, han experimentado un crecimiento rápido: en los últimos siete años se crearon 100,000 nuevos empleos en África, por ejemplo. Pero con la crisis, la demanda cayó. En Filipinas se perdieron 42,000 empleos en un día en el sector textil, de semiconductores y de la industria electrónica, donde la mayoría de los asalariados eran mujeres (Informe Oxfam, Pagando el Precio por la Crisis Económica, marzo 2009). La industria manufacturera exportadora es un sector en que los trabajadores prácticamente no tienen derechos, lo cual hace que la mayoría de las mujeres que han perdido su empleo no hayan recibido primas de despido, ni seguro de desempleo pagado por la seguridad social. Incluso donde existen estos derechos legalmente, los patrones ignoran sus obligaciones porque no hay organizaciones de los asalariados para imponer el respeto a estos derechos.

La expansión del microcrédito ha sido importante para que un número creciente de mujeres del sur adquieran cierta independencia económica, pero con la recesión, el acceso al crédito se ha reducido drásticamente, lo cual ha tenido un impacto negativo para su independencia económica y por tanto social y política.

La pérdida de empleos en el sector formal causada por la crisis ha tenido consecuencias diferentes en la mayoría de los países. La industria automotriz –uno de los sectores más afectados—es mayoritariamente masculina. En algunos lugares, en general de los países industrializados del mundo capitalista en que la crisis ya ha golpeado duramente, ha habido importantes pérdidas de empleos en el sector de los servicios, que cuenta con mayoría de asalariados mujeres. En otros países, podemos esperar que sean afectados próximamente.

Aunque las cifras sobre la tasa de desempleo de hombres y mujeres sean difíciles de encontrar, parece que la diferencia entre ellas no ha aumentado. Pero éste será el caso en cuanto la crisis tenga sus mayores consecuencias en el sector de servicios. Según Oxfam, la mayoría de las pérdidas de empleos afectan a las mujeres en el sur, en tanto que en Estados Unidos su desempleo ha aumentado más rápido que el de los hombres en mayo de 2009 (5.6% para las mujeres y 4.1% para los hombres –Womenstake.org). Las mujeres trabajadoras siguen siendo víctimas de discriminación cuando están embarazadas, a pesar de la protección legal que existe en los países capitalistas avanzados. La posibilidad de un embarazo se encuentra tras las discriminaciones contra las mujeres en edad de procrear. En Gran Bretaña parece que esta situación se agravó con la recesión. He aquí lo que escribe la Alianza contra la Discriminación ante un Embarazo, una coalición de varios grupos que realizan una campaña sobre este problema:

“Hay un incremento alarmante de los despidos de mujeres embarazadas y de jóvenes madres. Algunos empleadores parecen utilizar la recesión para infligir la ley contra la discriminación. Con la desaceleración económica, nuestras organizaciones reciben un mayor número de telefonemas de mujeres embarazadas o madres jóvenes víctimas de discriminación. Tenemos casos concretos de mujeres despedidas porque estaban embarazadas o madres que regresaban de la licencia por maternidad y descubren que su empleo ha desaparecido.”

“Antes de la recesión, la Comisión de Igualdad de Oportunidades estimaba ya el número de despidos de mujeres embarazadas en 30,000 por año y esta cifra va a aumentar probablemente. Esta consecuencia impactante de la recesión no sólo es inmoral y ensombrece profundamente la igualdad de géneros en los lugares de trabajo, también es ilegal.” (http://www.fawcettsociety.org.uk/documents/AllianceAgainstPregnancyDiscrimination.pdf)

El primer signo visible de la crisis actual, la crisis de las subprimes en Estados Unidos, golpeó particularmente a las mujeres, sobre todo a las mujeres de color. Treinta y dos por ciento de las que tenían un crédito hipotecario tenían un crédito subprime contra 24% de los hombres; los propietarios afroamericanos o latinos de casas tienen un 30% más de de probabilidad de recibir un préstamo de alto riesgo (subprime) (Ms Foundation for Women).

La tasa de pobreza está aumentando durante la desaceleración económica; los precios de los artículos de primera necesidad, como el alimento, el transporte y la energía, suben, así como el número de familias pobres. Una vez que una familia cae en la pobreza, le es difícil salir. Se estima que 60% de las familias, cuyo ingreso se ubica entre el 20% más bajo, se mantienen en esta situación por diez años (Ms Foundation for Women).

Cuando las mujeres ya no tienen perspectiva de empleo ni hoy ni en el futuro, ni siquiera en el sector informal, cuyas filas crecen día a día, la historia nos enseña que vuelven al matrimonio y a la educación de los hijos como única alternativa aceptable; otras van a vender su cuerpo para mantener a sus familias.

  • Nacionalización de los bancos con control popular; ampliación de la provisión de microcréditos y aumento de las ayudas gubernamentales, particularmente para las mujeres
  • Disminución del tiempo de trabajo por día/semana sin disminución del salario
  • Abolición de los CDD, un empleo con CDI con todos los derechos para todas y todos las/los los asalariadas/os
  • Contra toda discriminación en los lugares de trabajo, incluyendo discriminaciones de género, de situación marital, edad u orientación sexual
  • Creación de nuevos empleos abiertos para hombres y mujeres
  • No a la discriminación que afecten las pensiones y las prestaciones sociales

Las mujeres y los servicios públicos

La defensa de los servicios básicos –en primer lugar el agua, pero también la electricidad, vivienda y transporte--, bajo control público y a precio accesible –de preferencia gratuitos—es esencial. Las mujeres a menudo han jugado un papel dirigente en las luchas por defender y ampliar estos servicios, de la lucha contra la privatización del agua en Cochabamba (Bolivia) en 2000, en las luchas contra la privatización de los ferrocarriles, la cultura del arroz y el algodón en Mali.

La crisis económica a la que estamos confrontados hoy en día no va implicar pausa alguna en las políticas neoliberales de privatización ataques contra los servicios públicos. La crisis afecta particularmente a las mujeres que constituyen la mayoría de los asalariados en los servicios públicos y son el grupo que más depende de estos servicios. Los ataques contra los sistemas de salud en Europa son un ejemplo permanente. En Francia se cierran escuelas maternales públicas y gratuitas para los niños a partir de los 2 años, en beneficio de los jardines de niños privados, lo cual trae consigo pérdida de empleos en el sector público y aumenta el precio a pagar por el cuidado de los niños. En México, la externalización (subrogación) por parte del estado de un número creciente de centros de atención a infantes (guarderías) en beneficio de administradores-propietarios privados ha llevado a un deterioro en la calidad del servicio; el resultado más cruel ha sido la muerte de 48 niños en junio de 2009 en un incendio de una guardería en Hermosillo, Sonora. El centro era propiedad de miembros de la familia de funcionarios de alto rango del gobierno, estaba situado en el mismo techo que un almacén de mercancías. Ante la corrupción y la impunidad de los responsables, el horror en la opinión pública creó un movimiento que hizo perder el puesto de gobernador al partido dominante, pero los culpables aún no han sido juzgados.

En los países en los que el aborto está legalizado (bajo ciertas condiciones), los recortes presupuestales en los servicios de salud han tenido ya consecuencias sobre el acceso de las mujeres al aborto y a los servicios de anticoncepción. Los centros de atención de crisis (violación, violencia) y otros servicios para las mujeres reciben menos recursos. Bajo el pretexto de la necesidad económica, algunos que consideran estos servicios opciones complementarias y otros que nunca los han aprobado, estarán felices de cortar recursos a estos proyectos.

Los servicios sociales a la persona se han ido privatizando cada día más en toda Europa; al menos es el caso en Francia, Suecia, Bélgica y Gran Bretaña. Se trata de trabajadoras que son empleadas para trabajo a domicilio (limpiar la casa, lavar la ropa, preparar la comida, cuidar a los niños, a personas enfermas o ancianos) en la casa de familias acomodadas (organizado por el Estado o por empresas privadas). Estas mujeres a veces trabajan en cinco lugares diferentes con un número de horas muy limitado en cada lugar y un tiempo de trayecto tan largo como el de trabajo. Estos empleos tienen un status muy bajo, tienen poca protección social y el desarrollo de estos servicios es utilizado como argumento para reducir los servicios públicos, en particular en el sector de los asilos de ancianos.

Los extremadamente bajos salarios en este sector se traducen en pobreza para las mujeres implicadas. Y a la vista de las “reformas” de los sistemas de seguridad social en muchos países, los desempleados tienen la obligación de aceptar cualquier oferta de empleo bajo pena de perder la remuneración del seguro. Así va siendo cada vez más difícil para los asalariados rechazar estos empleos en tanto que los patrones pueden disponer de una fuerza de trabajo más barata. Estas evoluciones tienen también como resultado que se acrecienten las diferencias entre las mujeres que tienen un poder económico y social mayor y que se convierten en empleadoras de aquéllas –a menudo negras o inmigrantes—que no lo tienen.

  • Por la defensa y expansión de los servicios públicos bajo control de los asalariados y los usuarios
  • Por la extensión de los servicios públicos de los niños de alta calidad

Las mujeres y la migración

El número total de migrantes internacionales se ha incrementado en más del doble en los últimos cuarenta años, en tanto que el porcentaje de la población mundial que es migrante se ha mantenido bastante estable. Actualmente hay 175 millones de migrantes internacionales; es decir, alrededor de 3.5% de la población mundial. Casi la mitad son mujeres, a pesar de la idea reconocida de que los migrantes son mayoritariamente hombres. Las migraciones ocurren en la mayoría de los casos hacia países limítrofes, hay migraciones el interior de algunos países y también hacia otros continentes.

El dinero que es enviado a sus hogares por los migrantes juega un papel crucial en la economía de algunos países del sur. En 2008 este dinero representaba, por ejemplo, para Filipinas, la suma de 16 mil cuatrocientos millones de dólares norteamericanos; en marzo de 2009, la suma enviada fue de mil 470 millones de dólares. Estas remesas representan para siete países de América Latina y el Caribe más del 10% del PIB y es más importante que el flujo de dólares de las exportaciones más importantes.

Con la profundización de la crisis, la migración de mujeres se incrementará, por varias razones: porque no encuentran trabajo en donde viven, o bien porque los empleos disponibles no les permiten mantener a sus familias. En Filipinas hay 4 millones 500 mil familias que no pueden procurarse un mínimo de alimentación.

En algunos casos, en efecto, la mayoría de los migrantes son mujeres: este es el caso de los migrantes filipinos que en un 70% son mujeres, muy a menudo empleadas en el trabajo doméstico sin contrato ni prestaciones. El RMPP (sección filipina de la Cuarta Internacional) hace un trabajo en Europa para organizar a las migrantes filipinas y tratar de obtener derechos para estas trabajadoras.

Como muchas otras mujeres de Asia, África, América Latina y Europa del Este, las mujeres filipinas son trabajadoras domésticas y representan un eslabón del sistema de cuidados domésticos global. Las mujeres del primer mundo quieren liberarse del trabajo doméstico y hacer una carrera en la esfera pública, por lo que buscan a otra mujer que cubra las funciones domésticas. Por lo tanto, la migración de las trabajadoras domésticas está basada en una demanda que se origina en la segmentación del mercado de trabajo según el género, en los países que reciben migrantes. Las mujeres filipinas que responden a esta demanda tienen a su vez hijos en casa. En virtud de la división del trabajo en los hogares, no pueden exigir que sus esposos asuman las tareas domésticas. Además, a menudo sus esposos son también migrantes que laboran en el sector de la construcción.

La solución para las mujeres migrantes es emplear a su vez una mujer como doméstica en su casa. En las familias de los no migrantes, pero donde la madre se ausenta, hay también una demanda de atención para los hijos, pero dado que esta familia no puede pagar una trabajadora a domicilio, este trabajo es asumido por la hija mayor. Al final de esta cadena mundial, la hija mayor se encargará del cuidado de sus hermanos y hermanas y por tanto tendrá menos tiempo de jugar, estudiar y trabajar fuera de casa. A menudo es la abuela quien se ocupa de los hijos de la mujer migrante. Esto disminuye la presión sobre los hijos mayores, pero implica que las abuelas viven cuarenta o cincuenta años con la responsabilidad de cuidar y educar a los niños. Cada mujer, a lo largo de esta cadena, tiene la sensación de que cumple su deber, se transfieren los costos ocultos y al final se llega a la hija mayor en la familia que no migra. El trabajo de cuidado y de educación de los hijos disminuye en valor a lo largo de la cadena y al final es gratuito.

Las familias de los migrantes son privadas del afecto y de los cuidados personales de sus madres, pues éstas se ubican como mercancía en el mercado mundial. Esta “nueva mercancía” es promovida y apoyada por el Estado. Las dos mujeres presidentas de Filipinas (Aquino y Arroyo) han hecho de estas migrantes “heroínas” dado el sacrificio que realizan por sus familias y para que la nación progrese gracias al dinero que envían a su país. La presidenta Arroyo prometió a los países de Medio Oriente enviar trabajadoras a domicilio, eficaces y confiables. Si las presidentas hablan de estas migrantes como “nuevas heroínas” es para ocultar la angustia ante la separación y la explotación.

Las mujeres migrantes y sus familias son sacrificadas en el altar de la mundialización neoliberal. Las que trabajan en los hogares son víctimas directamente de la crisis financiera mundial, ni siquiera pueden reivindicar una prima de despido cuando pierden su trabajo, pues casi siempre trabajan sin contrato ni prestaciones.

Un gobierno como el de filipinas ignora sus propias obligaciones legales de protección de los migrantes de su país (Republic Act 8042 – Migran Workers and Overseas Filipino Act de 1995). Desde 2002, por ejemplo, seis trabajadores de Filipinas, entre las que se encontraba una mujer, fueron ejecutados en Arabia Saudita, otros han sido condenados a muerte por crímenes que no cometieron. La violencia en los países que las acogen (golpes, violaciones, detención forzada) hacia las mujeres migrantes que trabajan a domicilio, ya sea que provengan de Asia, África o América Latina, es bien conocida.

No todas las personas desplazadas se convierten en trabajadores migrantes. Hombres, mujeres y niños son desplazados en gran número por guerras –incluyendo guerras civiles—y por el cambio climático, en virtud de que sus lugares de vida se tornan inhabitables. La gente trata de escapar de las persecuciones políticas dejando sus países de origen. Hay mujeres que huyen de la violencia al interior de la familia o de matrimonios forzados. Muchos migrantes huyen como refugiados políticos, esperando obtener un lugar seguro donde vivir en el país hacia el que huyen. Desgraciadamente, la mayoría de ellos son tratados como parias o aprovechados.

El tráfico de mujeres también ha aumentado. La forma más conocida es el comercio para la explotación sexual, en particular de quienes provienen de Europa del Este, América Latina y Asia hacia Europa occidental. Se ha creado una amplia red de trabajadoras sexuales forzadas. Pero también se ha incrementado el número de mujeres que son vendidas como esclavas domésticas al interior de sus propios países. Una investigación de feministas peruanas demostró recientemente que el grupo más importante de mujeres en su país que eran víctimas de tráfico eran las mujeres indígenas secuestradas y enviadas como trabajadoras domésticas a las ciudades. Esto demuestra las crecientes desigualdades al interior del país.

Las mujeres refugiadas o víctimas de tráfico tienen incluso menos derechos que las mujeres trabajadoras que son migrantes. La mayoría de las refugiadas se quedan en otros países del sur. Las condiciones de vida de las/os refugiadas/os en los países capitalistas avanzados se han deteriorado en los últimos años con la introducción de medidas represivas en América del Norte, Europa y Australia que intentan excluirlos al máximo. Esto ha tomado diferentes formas: tránsito de fronteras más difícil, gran número de detenciones –incluyendo a mujeres embarazadas y niños de todas las edades—en condiciones inhumanas y acceso cada vez más difícil a los derechos sociales en el país “huésped”.

Ya no sólo la extrema derecha hace de los refugiados los chivos expiatorios de la crisis, sino también los políticos de los partidos mayoritarios. En Italia, en febrero de 2009, Berlusconi intentó de manera cínica, mediante el voto de una ley de urgencia, acusar a los refugiados y en particular a los Roms, de violencia contra las mujeres, aumentando el poder del Estado.

  • Contra la economía informal
  • Por la regularización del estatuto de los migrantes

Ideología

La crisis de civilización es también el motor del crecimiento de ideas reaccionarias. La política de Berlusconi, que culpa a los inmigrantes de todas las consecuencias de la crisis y que utiliza a ésta como excusa para introducir leyes con fuertes medidas de seguridad –en consecuencia antiinmigrantes--, es un ejemplo extremo.

La religión tiene una influencia creciente en sectores cada vez más importantes de la población y el fundamentalismo de todas las grandes religiones constituye una amenaza. El cuerpo de las mujeres es un terreno de lucha para todos los fundamentalistas.

Un ejemplo impresionante es la forma como los elementos reaccionarios de la Iglesia Católica irlandesa utilizaron la amenaza de que el Tratado de Lisboa forzaría a Irlanda a legalizar el aborto para apoyar la oposición reaccionaria al Tratado, a pesar del hecho de que el proyecto del Tratado no hace mención alguna sobre el aborto. Esta campaña forzó a la Unión Europea a dar garantías formales de que la adopción del Tratado no mandataria a Irlanda a legalizar el aborto, así como la forzó a hacerlo en el asunto de la preservación de su neutralidad.

La colusión entre gobiernos de derecha y las jerarquías religiosas sigue dándose en Italia e Irán, a pesar de los recientes cambios en Estados Unidos. Una de las consecuencias de este cambio es la derrota de la política del gobierno Bush, que impedía a las mujeres financiar proyectos de formación sobre contracepción –e incluso servicios de aborto. Esto tendrá potencialmente un impacto positivo en los derechos de las mujeres, particularmente en África. Pero el asesinato del doctor Tiller, uno de los pocos médicos en Estados Unidos que practicaba abiertamente abortos tardíos, debe recordarnos que el fundamentalismo sigue aún muy vivo.

Además, la doctrina fundamentalista del régimen de Bush tuvo un impacto negativo profundo en la lucha contra el SIDA en África, destruyó las vidas de muchas mujeres. Sesenta y uno por ciento de los enfermos de SIDA en África subsahariana son mujeres. En algunos países la tasa de infección de las mujeres jóvenes supera ampliamente la de los hombres. Por ejemplo en Swazilandia hay cuatro veces más mujeres entre 15 y 24 años infectadas que hombres. La falta de información sobre la trasmisión de la enfermedad, la codicia de las compañías farmacéuticas que limitó seriamente la accesibilidad a los antirretrovirales en las comunidades que más lo necesitaban, son las causas principales de estos estragos.

En Nicaragua, en 2008, los sandinistas se retractaron de sus principios políticos sobre el tema del aborto con objeto de ganar las elecciones, a pesar del hecho de que nada indicaba que esto aumentaría su número de votantes. No sólo abandonaron su posición previa sino que también decidieron perseguir activamente al movimiento de las mujeres al llevar ante la justicia a nueve feministas reconocidas en el marco de un aborto terapéutico efectuado a una niña de nueve años, víctima de una violación. ¿Acaso es una casualidad que estas feministas hayan apoyado a la nuera del presidente Ortega en su acción contra él por abusos sexuales? La colusión entre el gobierno de derecha del PAN y el PRI, en México, permitió introducir una legalización sobre el “derecho a la vida” en 13 estados –haciendo así más difícil la extensión del derecho al aborto hasta las 12 semanas, introducido por el PRD en la Ciudad de México. Esto ha sido posible gracias al hecho de que este avance positivo se operó a nivel de superestructuras y no gracias a movilizaciones de masas que hubieran podido cambiar las conciencias a fondo.

El gobierno de Lula en Brasil continuó con la elaboración de un compromiso con el Vaticano hasta el punto de considerar la posibilidad de introducir la educación religiosa en los programas escolares. A finales de 2008, el presidente del Congreso, Arlindo Chinaglia, creó una comisión parlamentaria de investigación sobre el aborto. Tenía como mandato estudiar la institucionalización de la criminalización de las mujeres que defendían una ley a favor del aborto y de aquellas que están obligadas a recurrir a él. Además, la justicia del Estado de Mato Grosso do Sul, en la ciudad de Campo Grande, acaba de citar ante juzgados , por haber practicado abortos, a más de 10,000 mujeres utilizando los registros médicos de una clínica clandestina. Alrededor de 1,200 mujeres corren el riesgo de ser sometidas a un proceso legal.

En Afganistán, uno de los tres países en el mundo en que las mujeres mueren antes que los hombres, presenciamos el espectáculo grotesco del voto de una ley que legaliza la violación en el marco del matrimonio y el debate sobre una cláusula que permitiría a los hombres dejar de dar de comer legalmente a su mujer si se niega a tener relaciones sexuales con él. Este es el país en el cual los que comenzaron la guerra el 11 de septiembre de 2001 declaraban de manera cínica que lo hacían en nombre de la defensa de los derechos de las mujeres. Pero el gobierno que instalaron es también reaccionario y dependiente de fundamentalistas islámicos como sus predecesores (que también eran una creación del imperialismo norteamericano).

La nueva constitución afgana acepta un “código de la familia” distinto para las poblaciones chiítas y es en este marco que se desarrolla el debate actual –en el contexto de la preparación de las elecciones. Como en muchos casos, la vida y el cuerpo de las mujeres son instrumentalizados. Las mujeres afganas se han organizado contra este estado de facto –con el apoyo moral de feministas de otros países—pero sus protestas han sido fuertemente atacadas por los fundamentalistas. Como feministas estamos también confrontadas a un ataque de otro origen: las ideas post-feministas y masculinistas. Partiendo del punto de vista de que el feminismo fue “demasiado lejos”, estas corrientes utilizan las teorías diferencialistas para atacar los derechos de las mujeres al aborto, al divorcio y a la protección contra la violencia.

  • Separación completa de las religiones y del Estado, contra la influencia religiosa en la elaboración de las leyes y en la operación de servicios jurídicos, de salud y educación
  • Por el derecho al aborto, la anticoncepción y la educación sexual

La violencia

La crisis de civilización se acompaña de una enajenación incluso más profunda y en consecuencia de un aumento de la violencia a todos los niveles de la sociedad.

En la esfera privada como en la esfera pública las mujeres son las víctimas de esta violencia: cada tres días en Francia muere una mujer por violencia conyugal. La dominación masculina en el trabajo conduce a una violencia física/psicológica/sexual ampliamente extendida y este fenómeno se agrava con la profundización de la crisis.

La guerra es el ejemplo más claro y más brutal (y brutalizante) de esta violencia. Desde finales del siglo XX y principios del XXI se ha convertido en un fenómeno en el que es normal que las poblaciones civiles sean fuertemente alcanzadas y en consecuencia que mujeres y niños se vean afectados en gran número.

Desde la guerra en los Balcanes y después durante las guerras en la región de los Grandes Lagos en África, constatamos la utilización cada vez más frecuente de la violación como arma de guerra.

Las pruebas de la extensión de las violaciones en Bosnia entre 1992 y 1995 por parte de las fuerzas serbias obligaron al Tribunal Penal Internacional por la antigua Yugoslavia (TPIY) a tratar abiertamente los casos de estos abusos y en 1996, y por primera vez, la violación fue reconocida como crimen de guerra. Según el grupo de mujeres de Tresjevka, más de 35,000 mujeres y niños fueron detenidos en estos “campos de violación” por los serbios. Las mujeres musulmanas y croatas prisioneras fueron violadas en esos lugares conscientemente y resultaron embarazadas. En el marco de una sociedad patriarcal, en la cual los hijos heredan el origen étnico del padre, con los “campos de violación” se buscaba por tanto hacer nacer una nueva generación de niños serbios –se trataba verdaderamente de una limpieza étnica por otros medios.

Los mismos horrores fueron sufridos por las mujeres en la región de los Grandes Lagos en África. Sus cuerpos se habían convertido en un objeto de las luchas puesto que en ellos se producen las nuevas generaciones y en una guerra étnica, el objetivo último es impedir al enemigo que se reproduzca. La violencia sexual se convirtió en este contexto en una estrategia deliberada y eficaz de la guerra en esta región.

Los actos sexuales violentos intentan brutalizar e instalar el terror entre las víctimas y en la población en general, pues no hay discriminación según la edad, las niñas de unos cuantos meses y las mujeres de 84 años fueron igualmente violentadas. Las agencias de la ONU que trabajan en el Este de la República Democrática del Congo estiman que aproximadamente 50,000 mujeres fueron violadas entre 1996 y 2002 y que cerca de 55% de las mujeres experimentaron violencia sexual en el conflicto al sur de Kivu. Se estima que 250,000 mujeres fueron violadas durante el genocidio en Ruanda.

Un informe de Amnistía Internacional sobre Haití (noviembre de 2008) precisa que se constata ahí la emergencia de una tendencia, entre los grupos de hombres armados, a atacar a las adolescentes y niñas, esta tradición de violación apareció como un arma política durante la rebelión que derrocó a Aristide en 2004. Los rebeldes armados comenzaron a utilizarla para provocar terror y para castigar a las mujeres que habían apoyado al gobierno democrático. “Entre las bandas de criminales, la violación se convirtió en una práctica común”, nos dice el informe. De los 105 casos reportados en noviembre de 2008, 55% correspondían a adolescentes y niñas menores de 18 años. En 2007, se mencionaron 238 violaciones, de las cuales 140 se cometieron en niñas que tenían edades de 19 meses a 18 años. Y todo esto acontece a pesar de la presencia de tropas de la ONU desde 2004.

Las mujeres en Palestina, y más específicamente en Gaza, siguen sufriendo a causa de la ocupación israelí. Mujeres embarazadas, que están a punto de parir o que requieren atención médica en fases terminales de su embarazo, a menudo se encuentran con la negativa de tránsito en los puestos de verificación (retenes) hacia Israel, y los hospitales de Gaza no reciben los suministros médicos necesarios, aun cuando éstos últimos sean aportados por convoyes humanitarios. Muchas mujeres han tenido abortos o mueren en esta barbarie. Durante los bombardeos sobre Gaza a principios del año 2009, murieron así 192 mujeres, y el estado de sitio sigue teniendo consecuencias muy negativas en toda la sociedad, incluyendo la salud física y mental de las mujeres y los niños.

En otros lugares vemos las consecuencias de la militarización rampante de las sociedades, lo cual conduce a una criminalización cada vez mayor de la sociedad civil y a una represión violenta por parte del aparato de estado. La violencia sexual, incluyendo la violación, es utilizado cada vez más como instrumento de represión. En 2006, la policía lanzó en Atenco (México) un ataque violento contra los movimientos sociales, causando dos muertos, y ataques sexuales contra 26 mujeres. La guerra contra la droga, sobre todo en América Latina, y la guerra contra el terrorismo son aquí dos caras de la misma moneda.

También hemos visto terribles torturas sexuales practicadas por las tropas norteamericanas –incluyendo agresoras mujeres—en Abu Graïb y Guantánamo. Estos abusos contra los detenidos varones, que se supone que son creyentes, tienen la clara intención de humillar a las víctimas y atacarlas físicamente.

Estamos también observando que los prejuicios –el racismo, el antisemitismo, la homofobia y el sexismo que habían retrocedido gracias a las conquistas de los movimientos—aumentan nuevamente con el ascenso, además, de la islamofobia. Estos prejuicios se expresan de manera más violenta, como se puede constatar, en el creciente número de asesinatos por estos motivos.

En el caso de las mujeres, está el fenómeno del feminicidio, que apareció por primera vez en Ciudad Juárez (una ciudad fronteriza del estado de Chihuahua en México) a principios de los años 1990 y que persiste hasta nuestros días. Se ha hecho claro cuando las mujeres se organizaron y reaccionaron contra este problema, que centenares de mujeres son asesinadas simplemente porque son mujeres, y esto no solo se limita a esta ciudad mexicana. El fenómeno está presente en todo el territorio nacional así como en otros países de América Latina, como Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Chile, Argentina y también el estado Español. Hay que comprender al feminicidio como la extensión (i)lógica y la normalización de otras formas de violencia contra las mujeres. Como otros crímenes parecidos, son perpetrados por hombres que tienen relaciones diversas con las víctimas.

  • Por sistemas de apoyo y ayuda a las mujeres víctimas o víctimas potenciales de violencia, centros de mujeres, el derecho a una vivienda independiente y prestaciones sociales, una formación apropiada para las trabajadoras sociales, la policía y la justicia

Esta contribución, surgida del seminario de mujeres tenido en el IIRE en julio de 2009, esta sometido a la discusión del Congreso Mundial por Hall (Comisión de Recursos, Gran Bretaña) y Philomena (CI, Francia).