CI: Globalización capitalista, imperialismos, caos geopolítico y sus implicaciones (Extractos)

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[...] II. Inestabilidad geopolítica crónica Segunda observación, la globalización capitalista no ha dado a luz al establecimiento de un "nuevo orden" internacional, sino todo lo contrario.

Existe un bloque imperialista dominante que se puede calificar de "bloque atlántico" -porque se estructura en torno al eje América del Norte/Unión Europea- si damos a este término un sentido geoestratégico y no geográfico. En efecto, este eje integra a Australia, Nueva Zelanda y Japón. Es un bloque jerarquizado bajo hegemonía estadounidense. La OTAN constituye su brazo armado privilegiado, permanente. Su despliegue en la frontera europea con la "zona" de control ruso muestra que cuando esta frontera se ha vuelto a convertir en una zona de conflictos, su función inicial no ha perdido actualidad.

Actualmente la OTAN se plantea intervenir más allá del teatro de operaciones transatlántico. Sin embargo, la crisis en Oriente Medio muestra que la Organización no es un marco operativo que puede imponer fácilmente su ley en no importa donde. La aportación militar de los miembros europeo continúa siendo marginal. Las tensiones con su pilar regional, Turquía, son fuertes. Se han establecido alianzas a geometría variable en función de cada teatro de operaciones con regímenes opuestos entre sí, como Araba Saudí e Irán.

• Asistimos a un recrudecimiento de la competencia interimperialista. Recién llegada a la arena geopolítica, China exige estar entre los grandes. Rusia interviene en su zona de influencia ampliada (Siria). El gobierno japonés está tratando de reducir su dependencia militar de los EE UU para liberarse de las cláusulas pacifistas de la Constitución japonesa. En el plano económico, la competencia se agudiza, la libertad de circulación otorgada a los capitales permite a los "sub-imperialismos" entrar en liza más allá de sus esfera regional. En el ámbito ideológico, las clases dominantes hacen frente a una crisis de legitimidad y, bastante a menudo, a importantes disfuncionamientos institucionales -pierden el control de los procesos electorales incluso en países clave como Estados Unidos (victoria de Trump en las primarias de los Republicadnos) o en el Reino Unido (victoria del Brexit). El estado de guerra es permanente. La crisis ecológica global ya deja sentir fuertemente sus efectos. En diversas partes del mundo, el tejido social se desgarra. Las catástrofes humanitarias y los desplazamientos forzados de las poblaciones alcanzan un nivel sin precedente desde la Segunda Guerra mundial. Los pueblos paga un un precio exorbitante por la imposición de este nuevo orden neoliberal. La actual crisis crónica tiene múltiples causas. Los Estados imperialistas siempre desempeñan el papel de asegurar las condiciones favorables para la acumulación del capital; pero el capital mundializado opera de cara a ellos de forma más independiente que en el pasado. Esta disociación ha contribuido a hacer porosas, a disolver, las antiguas "zonas guardadas", las zonas de influencia casi exclusivas de los imperialismos tradicionales en el mundo (¿también en gran medida en América Latina?). La enorme movilidad del capital tiene efectos devastadores sobre el equilibrio de las sociedades, lo que mina la acción de los Estados.

La globalización capitalista, la financiarización, la creciente internacionalización de las cadenas de producción, también reducen la capacidad de los Estados a la hora de desarrollar políticas económicas.

En estos últios años, el nivel de financiarización, sin precedentes, el desarrollo del llamado capital "ficticio" inherente al capitalismo moderno, ha adquirido proporciones considerables, Sin que se haya roto el vínculo, conduce a un grado superior de distanciamiento de los procesos productivos, mientras que el vínculo entre el prestamista y el prestatario inicial se relaja. La financiarización sido el soporte del crecimiento capitalista, pero su superdesarrollo acentúa sus contradicciones.

De cara al futuro, el sistema de la deuda actúa tanto en el Norte como en el Sur. Constituye un elemento clave de la dictadura ejercida por el capital sobre las sociedades y juega un papel directamente político, como lo ha confirmado el caso de Grecia, para imponer el mantenimiento del orden neoliberal. En concordancia con los tratado de librecambio, bloquea la puesta en pie de políticas alternativas para salir de la crisis por parte de los gobiernos.

Asistimos a una verdadera "guerra de monedas" (divisas). Este es un aspecto de los conflictos interimperialistas: el recurso a una moneda para definir zonas de control.

Las alianzas geopolíticas que en el pasado se "fijaban" en función del conflicto Este-Oeste, por una parte, y del conflicto chino-soviético, por otra (lo que en el sur de Asia explica, por ejemplo, el eje de la India con Rusia frente a los EE UU, Pakistán y China en el otro); que ha vuelto a ser más fluido e incierto. Regímenes latinoamericanos han intentado durante un tiempo aflojar las riendas impuestas por Washington.

Las rivalidades interimperialistas alimentan una nueva espiral en la carrera de armamentos, incluso del armamento nuclear, que países como Estados Unidos o Francia intentan "modernizar"; es decir, hacerla operativa y políticamente aceptable en conflictos localizados.

La erupción de las revoluciones árabes y, después, la brutalidad de la contrarrevolución en varios países de esta región, han contribuido a la creación de una situación sin control en una amplia zona que se extiende desde el Oriente Medio hasta el Sahel (y más allá) .

Después de la implosión de la URSS, en un primer momento, la burguesía y los estados imperialistas (tradicionales) tuvieron una actitud muy conquistadora: penetración en los mercados orientales, intervenciones en Afganistán (2001) e Irak (2003) ... Luego se estancaron militarmente y llegó la crisis financiera. La emergencia de nuevas potencias, las revoluciones árabes..., todo lleva a una pérdida de la iniciativa y el control geopolítico: hoy en día Washington actúa más por reacción a las emergencias que por la intención de imponer su orden.

En ese contexto, el papel de los sub-imperialismos y de las potencias regionales se hace importante: Turquía, Irán, Arabia Saudí, Israel, Egipto, Argelia… África del sur, Brasil, India, Corea del Sur… Si bien en una posición subordinada en el sistema de dominación mundial bajo hegemonía estadounidense, juegan también su propio juego, además de ser gendarmes regionales (como Brasil en Haiti).

Debido a la evolución de la situación internacional, una de las preguntas que se nos plantean es qué relación existe entre el punto de inflexión después de 1989 (del imperialismo conquistador) y el que se concretó a mediados de la década de 2000 (de la inestabilidad geopolítica).

Desde este punto de vista, la crisis financiera de 2007-2008 constituye un punto de inflexión real. Poniendo al día las contradicciones inherentes a la globalización capitalista, tuvo consecuencias importantes tanto en el terreno político (deslegitimación del sistema de dominación), como social (muy brutales en los países directamente afectados) y estructurales (sobre todo, con la explosión de las deudas). Y constituye el telón de fondo de los grandes movimientos democráticos que emergieron algunos años más tarde (la ocupación de las plazas), pero también de desarrollos reaccionarios abiertamente antidemocráticos como en Tailandia: los camisas blancas, alimentados por el gran miedo de las clases medias.

Combinado con la crisis ecológica y los desplazamientos masivos de poblaciones, la inestabilidad estructural del orden mundializado crea nuevas formas de pobreza (ver sobre todo Filipinas) que obligan a las organizaciones progresistas a poner en pie políticas adaptadas.

III. Globalización y crisis de gobernabilidad Las burguesías imperialistas quisieron tomar ventaja del colapso del bloque soviético y de la apertura de China al capitalismo para crear mercados globales con reglas uniformes que les permitieran desplegar su capital sin ninguna traba. Las consecuencias de la globalización capitalista no podían ser sino muy profundas; incrementadas además, por una evolución que, en su euforia, estas burguesías imperialistas no habían querido prever.

Este proyecto consistió en:

• Privar a las instituciones elegidas (parlamentos, gobiernos ...) del poder para tomar decisiones estratégicas y que incorporaran en su legislación medidas que se decidieran en otra parte: en la OMC, en los tratados internacionales de libre comercio, etc. Por tanto, fue un golpe a la democracia burguesa clásica, que en el plano ideológico se transcribe por la referencia a la "gobernabilidad" en lugar de la democracia.

Convertir en ilegal, en nombre del derecho preeminente de la "competencia", los "métodos adecuados" de la dominación burguesa, que fluye de la historia específica de los países y regiones (compromiso histórico del tipo europeo, el populismo latinoamericano, el dirigismo estatal de tipo asiático, y muchos tipos de clientelismo redistributivo ...). En efecto, todos erigen relaciones moduladas con el mercado mundial, por consiguiente de obstáculos al desplazamiento libre del capital imperialista. Subordinar el derecho común al derecho de las empresas a las que los Estado tiene que garantizar los beneficios previstos en sus inversiones, en contra del derecho de la población a la salud, al medio ambiente sano y a una vida no precaria. Este constituye uno de los mayores retos de la nueva generación del tratado de librecambio que completan el dispositivo constituido por las grandes instituciones internacionales como la OMC, el FMI y la Banca Mundial. Una espiral sin fin de destrucción de los derechos sociales. En efecto, las burguesías imperialistas tradicionales son conscientes de la debilidad y la crisis del movimiento obrero en el llamado "centro". En nombre de la "competitividad" en el mercado mundial, están aprovechando la oportunidad para llevar a cabo una ofensiva sistemática orientada a destruir los derechos colectivos que fueron conquistados particularmente durante el período que siguió a la Segunda Guerra Mundial. No pretenden imponer un nuevo "contrato social" que les sea más favorable, sino que quieren acabar con este tipo de acuerdos para tener en sus manos todos los sectores potencialmente rentables que se les habían escapado, como son los que pertenecen a los servicios públicos: la salud, la educación, los sistemas de pensiones, el transporte, etc.

Modificar el rol asignado a los Estados y la relación entre el capital imperialista y el territorio. Con algunas pocas excepciones, los gobiernos ya no son más los copilotos de proyectos industriales a gran escala o del desarrollo de la infraestructura social (educación, salud). A pesar de que siguen apoyando en todo el mundo a "sus" empresas transnacionales, al final (dado su poder e internacionalización) no se sienten dependientes de su país de origen como lo hicieron en el pasado: la relación es más "asimétrica" que nunca; el papel, siempre esencial, del Estado se está contrayendo: debe contribuir al establecimiento de las normas que permitan universalizar la movilidad del capital y la apertura de todo el sector público a los apetitos del capital, lo que contribuye a la destrucción de los derechos sociales y a mantener a la población a raya. Así pues, estamos tratando con dos sistemas jerárquicos que están estructurando las relaciones de dominación del mundo: la jerarquía de los Estados imperialistas, ya compleja de por sí, como lo hemos visto (punto 1); y las jerarquías de los grandes flujos de capital que abarcan el planeta en forma de redes. Estos dos sistemas ya no se superponen, a pesar de que los Estados están al servicio de los segundos.

La globalización capitalista representa una nueva forma de dominación de clase mundial, inacabada y estructuralmente inestable. Esto conduce en realidad a abrir las crisis de legitimidad y de ingobernabilidad en muchos países y regiones enteras; a llevarlos a un estado de crisis permanente. Los supuestos centros de regulación a escala mundial (la OMC, el Consejo de Seguridad de la ONU ...) no son capaces de cumplir su función con eficacia.

Una clase no gobierna de forma permanente a través de una sociedad sin mediaciones y compromisos sociales; sin fuentes de legitimidad, ya sea la de su origen muy antiguo, democrático, social, revolucionario... Las burguesías imperialistas están liquidando siglos de "know-how" en este campo, en nombre de la libertad de circulación de capitales, mientras que la agresividad de las políticas neoliberales está destruyendo el tejido social en un número creciente de países. El hecho de que en un país occidental como Grecia, gran parte de la población se encuentre privada de acceso a la atención sanitaria y a los servicios de salud, dice mucho acerca de la línea intransigente de la burguesía europea.

En el tiempo de los imperios, era necesario asegurar la estabilidad de las posesiones coloniales, de la misma forma que (aunque en menor medida) las zonas de influencia durante la Guerra Fría. Digamos que hoy en día, dada la movilidad y la financiarización, eso depende de la hora y el lugar... De ese modo, bajo los golpes de la globalización, regiones enteras pueden entrar en crisis crónica. La aplicación de los dictados neoliberales por parte de regímenes dictatoriales gastados provocó levantamientos populares en el mundo árabe y grandes movilizaciones en África; crisis de régimen abiertas y réplicas contrarrevolucionarias violentas, lo que conduce a una aguda inestabilidad.

La particularidad del capitalismo globalizado es que parece acomodarse a las crisis como si se tratara de una situación permanente: la crisis se convierte consustancial con el normal funcionamiento del nuevo sistema global de dominación. Si tal fuera el caso, debemos cambiar radicalmente nuestra visión de las "crisis" como un momento especial entre largos períodos de "normalidad", al que que no hemos terminado de tomar la medida y tampoco de sufrir sus consecuencias. [...]