'''PARA CONTINUAR EL DEBATE SOBRE LOS PARTIDOS AMPLIOS'''

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PARA CONTINUAR EL DEBATE SOBRE LOS PARTIDOS AMPLIOS

El objetivo de este texto es el de relanzar la discusión después de la jornada de debate en el ultimo CI, con los reportes brasileños, italiano y holandés.
El primer debate se desarrolla claramente con nuestros camaradas irlandeses y aquellos de SA que rechazan sistemáticamente toda orientación de construcción de partidos amplios, considerando que debemos quedarnos simplemente en la construcción de organizaciones bajo el programa de la IV Internacional.
El segundo debate, que se lleva a cabo desde los años 90 (congreso de 1995, 2003, y 2010) esta circunscrito entre los camaradas que participaron en los debates de orientación en la perspectiva de la construcción de partidos amplios.
La pregunta central es “¿Qué queremos construir?”. El debate concierne la definición y las delimitaciones a dar a “partidos amplios”. Este debate se prolongo en el último congreso de la IV al derredor de la resolución de rol y tareas:
Nuestra orientación es la de construir partidos amplios que agrupen todas las corriente que se sitúen a la izquierda de la socialdemocracia liberal, incluyendo a la vez a corrientes reformistas “antiliberales” salidos de los partidos socialdemócratas, o estalinianos, y de corrientes revolucionarias. Esta delimitación de partidos amplios a sido, en gran parte el de partidos o reagrupamientos como Die Linke, Synaspismos/Syriza, la ODP, Respect, Rifondazione y del PT (en los años siguientes a su creación).
La orientación votada en el ultimo congreso mundial (2010), es la de la construcción de partidos anticapitalistas amplios, es decir partidos que se sitúan en un principio en la perspectiva del derrocamiento del sistema capitalista, en una perspectiva revolucionaria, incluso si no desarrollan una estrategia revolucionaria acabada en si misma, pudiendo reagrupar corrientes políticas salidas de historias y tradiciones diferentes. Tales partidos pueden también reagrupar corrientes y militantes salidos de movimientos social-radicales.
Partidos como el PSOL, el NPA, le Bloc, la RGA danesa, se han situado desde su creación en tal perspectiva. Es también el proyecto puesto en práctica por Siniestra Critica e Izquierda Anticapitalista.
Todos comprendemos que no existe una frontera hermética entre los dos proyectos, y los congresos precedentes de la cuarta (1995, 2003) que englobaron las dos perspectivas. El punto de partida de estos proyectos de construcción está en todo caso en la Caída del Muro de Berlín y la adopción por los partidos SD de una política abiertamente liberal en los años 80 y 90. Este nuevo contexto destruyo la cohesión de los partidos estalinianos, favorizando dinámicas centrifugas (a la derecha como a la izquierda) de corrientes salidas de estos partidos, abriendo nuevos espacios a la izquierda de la socialdemocracia, y dejando atrás las fronteras anteriores entre corrientes revolucionarias, a menudo, determinadas por las relaciones ante la URRS. Los años 80 mostraron también los límites de construcción de organizaciones revolucionarias identitarias creadas y mantenidas, justamente en la mayoría de los casos, como oposición al estalinismo o a la socialdemocracia clásica.
Después de los últimos debates, los camaradas británicos han explicado su desacuerdo con la perspectiva de los “partidos anticapitalistas amplios” por la falta de pertinencia de tales proyectos en muchos países, comenzando por Inglaterra.
Los años 90 vieron aparecer en varios continentes nuevas experiencias para los revolucionarios:
-1 La construcción de partidos amplios como medio de reagrupamiento de corrientes a la izquierda de la socialdemocracia, incluyendo a militante reformistas y militantes anticapitalistas, con la sola base de delimitación al rechazo a la gestión socioliberal del capitalismo por parte de la socialdemocracia. Podemos pensar que Die Linke, durante los años 2000, represento este tipo de partido, con la cohabitación explicita de corrientes anticapitalistas, socialistas, arraigados en los movimientos sociales, sindicales y altermundialistas, y de las corrientes que se sitúan sobre las bases del “reformismo fuerte”, tratando de anudar con la socialdemocracia alianzas de gestión sobre bases no liberales.
Las experiencias de Rifondazione y del PT brasileño se sitúan, grosso modo, en el mismo perímetro pero con dinámicas diferentes, nuestros camaradas italianos y brasileños teniendo la esperanza en los años 90 de que el proceso de construcción que estos partidos les dotaran de una estrategia socialista, revolucionaria de ruptura con el sistema capitalista. En los dos casos la cuestión de la relación con las instituciones y el Estado a llevado, ya bien a una crisis de estos partidos, o a su integración total en la gestión del sistema capitalista. Esto muestra claramente, que incluso sin estrategia revolucionaria acabada, la cuestión de la relación con el Estado, y la necesidad de inscribir su actividad política cotidiana en una perspectiva de derrocamiento, y no de gestión del sistema, es fundamental para estabilizar a los nuevos partidos.
Es debido a ello que la orientación desarrollada en nuestros últimos congresos mundiales, y precisado explícitamente en el ultimo congreso, al sacar el balance de las experiencias brasileña e italiana notablemente, no fue solamente la de la construcción de partidos amplios, sino de partidos anticapitalistas, buscando reagrupar todas las corrientes que rechazan la lógica política de gestión del sistema capitalista y procediendo explícitamente por una ruptura socialista, una ruptura revolucionaria apoyada en los movimientos sociales.
Tres cuestiones entremezcladas se plantean concerniendo a los partidos amplios:
A/ Como construir las herramientas políticas, un partido útil, en la época de la crisis del estalinismo y de la socialdemocracia, diferente de los pequeños partidos propagandistas, partidos capaces de organizar el combate de clase e integrar el cambio del periodo de los años 90: partidos actores y no corrientes críticas de la SD y el estalinismo, partidos útiles para los explotados. Partidos organizadores. Esto plantea por principio la cuestión del tipo de actividad, de organización, y de implantación de estos partidos, de su base social, no solamente la base electoral pero la cuestión de saber que capas sociales este partido es capas de organizar.
B/ La cuestión del programa de estos partidos: un programa anticapitalista apuntando a un cambio de sociedad, al derrocamiento del sistema. Pero la cuestión del programa esta directamente ligado a su realidad concreta, no solamente en un texto de referencia de congreso: que relación entre este programa y las consignas, las campañas de este partido, la política de formación de sus adherentes/militantes, la realidad de su orientación política, sobre todo cuando hablamos de partidos amplios, integrando nuevas generaciones militantes que vienen a la actividad política a partir de movilizaciones sociales sobre una cuestión dada. Los ejemplos escoceses e ingleses han mostrado también recientemente a que punto la débil integración en la realidad del feminismo puede tener consecuencias lamentables. Pero otras cuestiones pueden rápidamente tomar un carácter explosivo, como las del antimperialismo, de la islamofobia, del racismo, de la ecología, notablemente debido a que ellas son también portadoras de tensiones a manejar colectivamente en un debate democrático sobre las orientaciones de estos partidos.
C/ La cuestión de la relación frente a las instituciones.
Primero es claro que estos reagrupamientos se hacen en delimitación frente a la socialdemocracia, lo que implica ya una identidad distinta. Esta identidad distinta se traduce también por una independencia concreta, independencia y ausencia de colaboración con la socialdemocracia en la gestión de las instituciones políticas burguesas.
Esta cuestión esta evidentemente ligada al programa, mas concretamente en relación al Estado y la comprensión que tiene un partido de su papel en la sociedad y de como se traduce en acción política.
Los partidos tradicionales del movimiento obrero (socialdemócratas o estalinianos) son esencialmente partidos reformistas, pero también son partidos parlamentarios, para quienes la función, la esencia misma de un partido político, es la presencia parlamentaria, la actividad institucional es el centro de gravedad del partido. Pero esta definición es justamente en nuestras sociedades actuales, la de un partido político, porque por naturaleza, el sistema parlamentario democrático considera que el rol de los partidos políticos es el de representar a los electores en las estructuras de gestión del sistema, ¡no la de organizar a los explotados y los oprimidos para derribarlos! Esta cuestión de la relación con las instituciones ha determinado numerosos debates en partidos como Rifondazione o el PT con, en un momento dado, un pasaje de Rubicon llevando explícitamente a la gestión institucional al mas alto nivel del Estado, o a un apoyo explicito a los gobiernos social-liberales.
Pero estos debates han estado presentes también estos últimos años en los partidos amplios que ocupan un lugar más importante en las instituciones, como en Portugal, en Dinamarca, o últimamente en Francia en el NPA.
D/ La relación en los movimientos sociales y las nuevas formas de radicalización:
Los últimos años de la crisis del capitalismo han puesto en cuestión la utilidad de los partidos políticos para los oprimidos. La gestión alternativa del sistema y los ataques a los trabajadores por los partidos conservadores y socialdemócratas, han acentuado considerablemente el descredito de las instituciones y del juego democrático burgueses, y provoca un profundo escepticismo hacia los proyectos emancipadores manejados por los partidos políticos. Este descredito salpica, evidentemente, también a los partidos de la izquierda radical.
Las experiencias de los Indignados estos últimos años en varios países, después de numerosos debates en los movimientos alter mundialistas, a puesto también en contradicción. Nuevas capas, nuevas generaciones se revelan contra el sistema, pero asimilan al sistema todas las formas partidarias, estas aparecen de hecho integradas al sistema que pretenden combatir. Al mismo tiempo, nuevos espacios políticos son fuentes de politización, ver de radicalización anticapitalista rápida.
Pero paralelamente, la crisis capitalista, sobre la base del rechazo y el asco engendrado por el sistema en el seno de la juventud y en la clase obrera, abre también lugar a corrientes ultrarreacionarias, fascistas.
Los partidos amplios están confrontados a este manojo de contradicciones:
-ser partidos en ruptura con los políticos socialdemócratas y el desarrollo de un programa anticapitalista;
-organizar las capas de trabajadoras y trabajadores, así como de jóvenes que se radicalizan frente a la crisis
-tener una actividad política útil a los oprimidos participando en la organización de los combates sociales rechazando toda colaboración institucional con los gestores social-liberales
-tener una vida política interna, democrática y formadora para construir verdaderos partidos, y no solamente frentes electorales, todo a la vez que se consolidan partidos frente a todas las presiones de “realismo y de política seria” que se desarrolla tanto mas en que los partidos y que toman un lugar importante en la vida política nacional.
Los debates han hecho salir muchas cosas:
Primero, claramente, ¿es creíble querer construir de manera estable tales partidos amplios?
La cuestión de la realidad de esta perspectiva y de sus formas dependen, evidentemente, de situaciones nacionales: situación de la izquierda radical y nuestra capacidad de tomar iniciativas. No solamente, no existe u modelo, pero incluso puede haber situaciones en las que durablemente la sola concretización es la de frentes de partidos políticos de organizaciones, o frentes electorales.
Este ha sido, el caso por ejemplo en Inglaterra con Respesct. Pero incluso aquí en un momento dado se planteo claramente la cuestión en Respect de rebasar el cuadro para ir a la formación de un nuevo partido, rebasando los componentes políticos de inicio. Esto no forzosamente se habría traducido en una evolución a posiciones revolucionarias, pero habría cambiado cualitativamente la situación. En la época el SWP rechazo explícitamente esta evolución y esto fue el primer paso de una crisis entre Respect y el SWP.
Pero sobre todo la pregunta imperativa de estos últimos años es la de la utilidad de los partidos anticapitalistas, o de los partidos amplios frente a la crisis.
Ha habido en Europa, notablemente, una ola muy dinámica en los años 90 y 2000, llevado por el movimiento alter-mundialista, que beneficia a la izquierda radical.
La dureza de la crisis capitalista posterior a 2008 ha llevado con mayor intensidad la exigencia de respuestas anticapitalistas, pero no como un efecto de una mayor visibilidad y eficiencia de la izquierda anticapitalista europea, sino todo lo contrario. De un lado la crisis ilumina el engranaje del sistema capitalista salvaje, y del otro ella lleva una manera mas fuerte de exigencia de soluciones inmediatas a los daños sociales producto de las políticas liberales.
El lugar clave tomado por Syriza después de los últimos sobresaltase la crisis griega, y por el Frente de Izquierda en Francia este ultimo año se explica por esta situación.
En ausencia de movilizaciones sociales capaces de enfrentar de raíz los males capitalistas y de provocar un enfrentamiento social con el sistema, las victimas de la crisis buscan respuestas inmediatas al sufrimiento producido por la crisis y los planes de austeridad.
Debemos sacar las lecciones de este contexto y tener como preocupación prioritaria la construcción de herramientas políticas capaces para combatir y proponer respuestas concretas a los ataques sociales de los gobiernos y de los capitalistas, en cuadro de la crisis actual. La construcción de frentes en contra de la austeridad reagrupan las fuerzas políticas y sociales opuestas a estos planes, en el cuadro de una política de frente único debe ser nuestra preocupación esencial. Proponer a las fuerzas políticas que se sitúan en al campo de la acción común, debe ser nuestra palanca de acción. Esto nos impone, notablemente, la puesta de un plan de urgencia antiausteridad conteniendo las exigencias esenciales frente a la crisis y que sirva de base a tales frentes.
Paralelamente las exigencias de los últimos diez años necesita mantener la problemática del último congreso concerniente a la construcción de partidos anticapitalistas amplios. 1/ La perpetuación de la crisis económica, ecológica y capitalista, y su probable agravación en los años siguientes, hace cada vez mas indispensable la acción política determinada de los revolucionarios y de los anticapitalistas, para combatir frontal y globalmente este sistema, la explotación es el conjunto de las opresiones que genera y que mantiene.
2/ Nosotros mantendremos la perspectiva de construcción de partidos políticos mas allá del marco de nuestras secciones para organizar la lucha social de las y los explotados y de las y los oprimidos, buscando reagrupar las corrientes militantes ya bien se trate de social o políticamente bajo las bases del anticapitalismo, y buscando dar coherencia y eficacia a su acción.
3/ Las posibilidades, las delimitaciones políticas y las formas de tales partidos dependen en gran medida de las situaciones nacionales y de la realidad de nuestras secciones. En todo caso el perfil que debemos adoptar es el de la apertura frente a otras organizaciones anticapitalistas, pero también, y sobre todo, frente a las nuevas generaciones de militantes que aparecen a propósito de los movimientos sociales.
Las experiencias de estos últimos años refuerzan la necesidad de estabilizar tales partidos de amalgamarlos a las fuerzas de los movimientos sociales y no a las posiciones parlamentarias. Esto va a la par con la preocupación de compartir en el seno de los partidos nuestro análisis del Estado y sus instituciones burguesas.
4/ Debemos mantener como nuestra preocupación los lazos y las acciones internacionales de las organizaciones anticapitalistas. Si los últimos años han estado marcados por bloqueos y retrocesos en este domino, la preocupación debe ser que ante el mantenimiento de la crisis internacional, se hace cada vez más necesaria una acción coordinada. Si el último congreso mundial ha mostrado las capacidades de reagrupamiento de nuestra internacional, los esfuerzos regionales y las acciones comunes marcan netamente este paso.